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Hace unos años, cuando Brasil obtuvo su quinta Copa del Mundo, un periódico de Río tituló: “En fútbol, Dios es brasileño”. Utilizando ese criterio, romántico y apasionado, cobijado con un frenesí delirante, inyectado por un fanatismo sin control, podrían agregar un reclamo: “¿Señor, por qué nos abandonas cada cuatro años, cuando se realizan los Juegos Olímpicos?

Brasil nunca ha ganado la medalla de oro en fútbol en estos Juegos, y la última espina clavada, fue el 3-0 en semifinales frente a esa Argentina jefeada por Messi en Beijing, que contó con la presencia oportuna y decisiva de Agüero, y la serenidad de Riquelme.

Una vez más, fue cero en samba para Brasil. Su fútbol de ritmo, cadencia, destreza y confianza, desapareció del escenario. ¿Quién se robó los tambores? ¿Dónde se escondieron los bailarines? ¿Cómo cortaron los cuellos de las crecidas esperanzas?

Como en Atlanta 1996, cuando pese a contar con Ronaldo, Rivaldo, Bebeto, Roberto Carlos, Amaral y Juninho, Nigeria logró borrar una desventaja de 3-1, provocando una frustración brasileña del tamaño de una montaña; o en Sidney 2000, con Camerún resistiendo el gol del empate logrado por Ronaldinho a última hora para imponerse en tiempo extra, el “cadáver” de Brasil ha sido expuesto constantemente en el territorio del fútbol olímpico.

Brasil presentará un gran equipo en Londres. Ahí estará Neymar, el chavalo de llamativa brillantez que ha obligado a atrevidas comparaciones; los defensas Marcelo del Real Madrid, Thiago Silva recién salido del Milán rumbo a Francia, Juan del Inter y Danilo del Porto; Sandro del Tottenham, funcionará en el medio campo con Lucas, Oscar y Ganso; en tanto adelante, agregándose a Neymar, veremos a Pato del Milán y Hulk del Porto, con Rafael en la puerta.

En un grupo completado por Egipto, Bielorrusia y Nueva Zelanda, el favoritismo de Brasil, que ha conseguido dos medallas de plata y dos de bronce, es obvio, y de acuerdo a los cálculos cuadro rayado en mano, solo podrá encontrarse con España en la final por el oro.

Hasta hoy, nunca se ha bailado samba en el fútbol olímpico. ¿Será capaz la tropa de Mano Menezes, de quebrar el maleficio acorralando fantasmas y matando el pasado? Esa es la gran intriga.

 

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