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De la noche a la mañana, Orlando Vásquez, el mejor atleta amateur de Nicaragua en los últimos 30 años y gloria del levantamiento de pesas, pasó de ser una figura admirada que se hospedaba en los mejores hoteles, a ser el triste personaje que dormía en los parques, frecuentaba expendios de drogas y era sacado de los supermercados.

El niño del barrio “José Isaías Gómez”, que a los 12 años llegaba en patineta al Polideportivo España a jugar chibola y béisbol, ahora tiene 43 años, y los últimos cinco meses los ha pasado en el Centro de Rehabilitación Integral “Campamento de Dios”, Mahanaim, ubicado en el kilómetro 170 entre Matagalpa y La Dalia.

Al saber que está una periodista esperándolo, el excampeón se acerca con sigilo, como apenado. Viste jeans azul, camiseta gris, chaqueta de mezclilla y unas botas de hule que le llegan hasta las rodillas. Saluda. Hay algo raro en su tono de voz y ritmo al hablar.

“Antes no hubiera andado esta chaqueta y este pantalón, porque ya los hubiera vendido (para comprar droga)”, comenta.

En los últimos 10 años, Vásquez perdió todo lo que había logrado: familia, casa, carro, trabajo, amigos y hasta la vergüenza. “Yo saludaba a alguien y cinco minutos después lo estaba “pichando” (pidiéndole)”.

Este hombre llegó a pasar hasta cuatro horas en la entrada de un supermercado esperando a un conocido para “picharlo”, y en una ocasión pasó tres días detenido en la Subestación III de la Policía Nacional de Managua, tras ser encontrado infraganti en un expendio de droga.

“¡Qué horrible es que te traten como chancho amarrado!”, dice riendo, pero luego cambia el semblante, baja la cabeza y comenta: “Yo traicioné al país, deportivamente lo traicioné, pero todavía tengo qué dar, quiero ser alguien de valor nuevamente”.

Una gloria

Su vida de glorias inició en 1982, cuando el profesor Rodolfo Mendoza (q.e.p.d.) le vio “madera” para ser pesista, y, tras competir y derrotar a entonces miembros de la selección nacional y obtener el primer lugar en el Torneo Internacional “Camilo Ortega”, se ganó el derecho de viajar a La Habana, Cuba, para participar en el Torneo Internacional de levantamiento de pesas “Manuel Suárez in Memoriam”, en 1984.

“Yo andaba alegre porque era mi primer viaje, sinceramente no dormí en toda la noche, hasta lloré cuando entré al avión, pensaba que era imposible lo que estaba viviendo”, recuerda hoy sentado en una silla de plástico, en un rancho de bambú donde funciona la dirección del Centro.

Luego pronuncia las palabras que para él fueron un aliciente, pues apenas tenía 13 años. “El campeón panamericano y campeón mundial juvenil, el cubano Carlos Fuentes, me abrazó, y me dijo que yo tenía la proyección para ser un buen levantador, que podía sustituirlo a él”.

Vásquez se encontró con Fuentes tres años después en los Juegos Panamericanos celebrados en Indianápolis, Estados Unidos, donde ganó medalla de plata y bronce, quedando “de tú a tú” con el cubano y un venezolano, que en ese entonces eran lo mejorcito en la disciplina.

“Después de eso yo ya no pensaba en Panamericanos, sino que dije que algún día iba a ir a unas olimpíadas. Las próximas olimpíadas eran en el 92”.

Y así fue, logró participar en la categoría de 56 kilogramos en los Juegos Olímpicos de 1992 celebrados en Barcelona, España. Más tarde participó en los Atlanta, Estados Unidos; y también en los de 2000, en Sidney, Australia.

Sin embargo, su marca en la segunda de esas competencias no fue tomada en cuenta, porque en los exámenes de dopaje le detectaron una sustancia llamada “Furosemida”, que es un diurético para bajar de peso.

Por sus participaciones en juegos centroamericanos y panamericanos hasta 2000, Vásquez se hizo de nueve medallas, convirtiéndose así en el mejor atleta amateur de Nicaragua, y en el mejor pesista hasta el momento.

“Es bastante difícil tratar de reconocer el error (adicción) que él tuvo… creo que va a ser difícil encontrar otro Orlando Vásquez, ¡quién sabe hasta cuándo va a ser posible eso!”, comenta Miguel Niño, expesista y presidente de la Federación Nicaragüense de Levantamiento de Pesas.

Compitiendo contra la adicción

El sitio que hoy es su casa es bastante modesto. Lo más nuevo y sofisticado es una amplia bodega hecha con láminas de zinc, una cancha de baloncesto, un área embaldosada y techada, y una cocina con las mismas características, pero con divisiones de concreto. El resto son covachas de plástico negro sostenidas con palos de madera, ranchos hechos de bambú y letrinas rústicas. Todo ello en medio de plantas ornamentales y árboles de cítricos.

Dice que llegó allí por voluntad propia. Y aunque entró sin esperanzas, rápidamente encontró una motivación en la disciplina que lo llevó a tres juegos olímpicos y lo catapultó como el mejor pesista y atleta del país en las últimas tres décadas.

Vásquez está entrenando con la ilusión de participar en los Juegos Centroamericanos que se celebrarán en Costa Rica en marzo de 2013. Antes, debe competir y clasificar en un campeonato nacional que se celebrará en noviembre próximo. Ejercita dos horas a mediodía y dos horas en la noche, pero debe bajar seis kilos para participar en la categoría de 56 kilogramos, pues actualmente está pesando 135 libras.

También entrena a un grupo de niños y adolescentes que están en rehabilitación, lo cual ya dio sus primeros frutos: Francisco Castro, de 13 años, ganó medalla dorada en la competencia escolar nacional realizada en Granada recientemente.

Por un nuevo camino

El director del centro de rehabilitación, Juan Soza, cuenta que Vásquez llegó “bastante deteriorado”, pero que se integró “con un alto espíritu de superación”.

El grupo de 10 niños y adolescentes está compuesto por Marcos Gutiérrez, Francisco Castro y Juan José Méndez, de 13 años; Joaquín Rodríguez, de 14; Alex Hernández, de 15; Sergio Guevara, de 16, y Jefri Obando, Luis Urbina, Carlos Alfonso López y Yáder Blandón, de 17 años. Ellos son parte de su aprendizaje diario y su nueva inspiración.

“Me ha enseñado a tener paciencia. Yo los regaño, pero pienso que ellos están en la lucha igual que yo. Ellos me ayudan a no pensar en irme, a no pensar en negativo, porque me pregunto: “¿Dónde los dejaría?”. Si yo comencé este proyecto, lo tengo que terminar, no los puedo dejar a medio palo”, expresa Vásquez.

Luego de ese desafío, Vásquez quiere quedarse como entrenador y monitor del levantamiento de pesas, pero no en Managua, sino en otros departamentos, comenzando por Matagalpa.

 

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