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Daniel Ortega se desmarcó tan rápidamente como puede hacerlo Cristiano Ronaldo: "Fue algo lamentable. No me di cuenta de eso en aquel momento –lo cual es cierto--, y es obvio que se cometió un error, pero todo eso quedó atrás", dijo en referencia al hecho de no abrirle espacio a Michelle Richardson en 1984, para que compitiera por Nicaragua en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles.

Y cuando en reconocimiento a su dimensión como atleta, significado de la proeza y ejemplo como persona le entregó la bandera de Nicaragua, que la medallista de Plata en los 800 metros libres en aquel evento, portara en Londres zambullida en la pileta de la satisfacción, apuntó: "Ella será el factor inspiración en los Olímpicos. Ahí estará nuestra pequeña delegación de seis atletas, mostrando el orgullo de ser nicaragüenses, realizando su máximo esfuerzo".

Michelle estaba tratando de atravesar el oleaje de emociones que la sacudía, con brazadas parecidas a las que utilizó para perseguir desplazándose en el carril 4, a la brillante ganadora Tiffany Cohen, quien estableció una marca mundial. La plateada Michelle, estaba enrojecida y fue cubierta con una prolongada ovación, un certificado de cariño y agradecimiento de todos los que asistimos al acto en el Auditorio de Conaderfi en el Instituto de Deportes.

Dos nadadores, un púgil, dos atletas de pista y campo y una levantadora de peso, serán los nicas en Londres. Hace 34 años, cuando debutamos en los Juegos Olímpicos realizados en México por una ocurrencia del húngaro Itsvan Hidvegi, estuvieron 13 atletas. Esta será nuestra decimaprimera participación. Desde 1968 solo fallamos en los Olímpicos de Seúl 1988, por asunto político, como lo fue el error cometido con Michelle en 1984.

Un acto sencillo y rápido. Raramente, Daniel no llegó tan tarde.

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