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Y ahora, a soñar. Gracias Osmar Bravo por hacer arder una llama que, acostumbrados a tantas derrotas en Juegos Olímpicos, parecía haberse extinguido. Ayer, impulsándose hacia esa resonante victoria sobre Bosko Draskovic de Montenegro por 5 puntos (16-11), obligando a un conteo de protección en el tercero, último y decisivo asalto, el futuro del púgil pinolero de los 81 kilos, solo tiene un objetivo en Londres: la oportunidad de acercarse a una medalla olímpica, algo que teníamos sepultado en el cementerio de lo improbable.

¡Cómo supo resolver el pleito Bravo! Colocó en los momentos cruciales de ese tercer round, toda la presión posible sobre Draskovic, sin intentar desbordarse, mostrando serenidad, seguridad en su golpeo y confianza para el atrevimiento, apoyándose en una excelente condición física, algo que no tuvo su rival.

Consciente del equilibrio establecido en los dos primeros asaltos, perdiendo el primero y ganando el segundo, Bravo necesitaba cerrar fuerte, con la adrenalina fluyendo por sus venas con la fuerza de un propulsor, y sin un gesto fiero ni un par de puños aniquilantes, fue a fondo con aplomo, buscando cómo anticipar y contragolpear, haciendo valer su ventaja en la corta distancia, quitándole a Draskovic la utilidad de esa derecha, larga como remo, dañina en su aterrizaje. Y lo logró.

Superó al montenegrino en dominio, fuerza, precisión, tenacidad y golpeo. Cuando el árbitro detiene la pelea con 56 segundos pendientes para un conteo protector, Draskovic necesitaba una recarga de energías que nunca llegó. Pese a lo atractivo de la situación para volcarse sobre el adversario, Bravo fue al frente con firmeza pero con calma, estirando su derecha, ensayando una combinación abajo, y estableciéndose en el centro del ring, tratando de cerrarle todos los espacios al factor sorpresa.

Seguro que el peso de los huesos de Draskovic, exhibiendo su cansancio, impedían que su corazón se agitara y su alma apareciera en escena, aceptó un último cambio de golpes, cuando ya todo estaba escrito.

Es apenas la segunda victoria pinolera en un torneo de boxeo de Juegos Olímpicos. En Barcelona 1992, Marcos Romero derrotó en peso mediano a Shah Khybar de Pakistán. Previamente, en Moscú 1980, Onofre Ramírez perdió en mosca con el ganador del oro Peter Lesov, de Bulgaria, y Ernesto Alguera, en pelea humeante, fue vencido por Bernardo Piñango, de Venezuela; y en Los Ángeles 1984, el gallo Gustavo Herrera y el ligero Adolfo Méndez, fallaron ante Zulu Star, de Zambia, y Pernell Whitaker, de Estados Unidos. Hay más, pero esto es lo que vale la pena recordar. La próxima pelea de Osmar será con el ukraniano Oleksandr Gvozdyk, de 25 años, en octavos de final, la ronda de 16 sobrevivientes.

Así que ahí tenemos a Bravo, entre el sueño de acercarse a las medallas y lo real del momento; entre la posibilidad de hacer historia y la certeza de ir a fondo con una voluntad que quizás, podría mover montañas.

dplay@ibw.com.ni