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El enfoque en Usain Bolt tiene que ser completo, cubriendo todas las imágenes, atento a sus mínimos movimientos. Un parpadeo, te expone al peligro de perderlo de vista, de no saber ¿qué pasó?, o ¿cómo lo hizo? Está la velocidad de la luz, la velocidad del sonido, y la velocidad de Bolt, con medalla de bronce en esa comparación, pero con el oro olímpico en forma incomparable, tanto en 100 metros como ayer en 200, con esa marca de 19.32 segundos.

Recuerdo cuando Michael Johnson consiguió ese tiempo en Atlanta 96. El mundo estupefacto, no podía creerlo, Pero Bolt, otra vez relampagueante, capaz de paralizarnos en Beijing con sus 19.30 segundos, y cegarnos en Berlín con 19.19, sigue haciendo estragos.

Todo fue hermoso y vibrante. Primero, esa tensión que puede cortarse con un cuchillo mientras los músculos se crispan al afianzarse las piernas en los blocks de salida; luego la concentración en espera del disparo, con todas las maquinarias a punto, rugiendo internamente como carros de Fórmula Uno; y finalmente, el despegue, la proyección, y los ocho carriles humeantes con Yohan Blake, el feroz rival por el centro, y Bolt en el 7, erguido como la Torre Eiffel en París y desplazándose como el “Concorde”, abriendo el mar de la incredulidad.

Blake presionó hasta cierto punto, pero con unos 15 metros pendientes, su intención saltó hecha añicos al romperse su resistencia, y todo fue de Bolt, con tiempo para el dedo sobre sus labios pidiéndole calma al asombro, y los ojos bien abiertos, como si él mismo no quisiera perder de vista un detalle de la proeza.

La carrera estaba asegurada, no un nuevo récord. Pero ¿qué importaba eso frente a la impresión de su grandiosidad? El 19.44 de Blake, distante de su 19.26, la segunda marca de todos los tiempos, y el 19.84 de Warren Weir, selló el triplete de Jamaica, una seria advertencia sobre lo que podemos presenciar en el relevo 4 por 100.

Frente al hecho hasta hoy único, repetir en dos Olímpicos consecutivos triunfos rotundos y deslumbrantes en 100 y 200 metros, Rubén diría que un trueno formidable se ha escuchado, la tierra tiembla, la pista se ilumina, y una tempestad avanza. Es Usain Bolt lanzado en busca del oro, de la gloria, de la inmensidad.

dplay@ibw.com.ni

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