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“No hay jamaquino lento”, escribió una vez, quien ha sido el escritor deportivo que más he admirado, y de quien he tratado de aprender, el estadounidense Jim Murray, refiriéndose a aquel brillante ganador de los 200 metros en los Olímpicos de Montreal en 1976, Donald Quarrie, con un tiempo de 20.22 segundos, y explicaba que en Jamaica, se nace corriendo, se crece en la cuadra del barrio corriendo, y se continúa corriendo el resto de la vida.

“Quarrie corría los 100 metros en 10.1 segundos, antes de su primera afeitada –decía Murray-, y por eso fue becado por la Universidad de Nebraska y peleado por la Universidad de California, al ser diagnosticado como el nuevo Lennox Miller”, otro jamaiquino volador, ganador de medalla plateada olímpica en México 68, detrás de Jim Hines, y célebre en su país.

“El impacto que provocó Quarrie en Jamaica fue tal –explica Murray en una columna en 1977-, que le pusieron su nombre a una Escuela de segunda enseñanza, y le hicieron una estatua”. Un sprinter de su talla, se lo merecía, se dijo en aquella ocasión.

Murray no vio correr a este asombroso Usain Bolt, privilegio del que hemos disfrutado ustedes y yo; en Jamaica tampoco se habían emocionado tanto con un atleta, como está ocurriendo con Bolt desde hace largo rato; agreguemos que ningún velocista en la historia había derribado tan constantemente los muros de la incredulidad, como Usain Bolt. Así que, ¿por qué no hacerle una estatua como la de Quarrie, si su grandiosidad es superior y quizás irrepetible?

Bolt, tan sencillo como cada una de sus zancadas, se encuentra muy molesto con Carl Lewis, porque lo ha calificado como sospechoso de doparse para alcanzar esas marcas, fuera del alcance de cualquier mortal que no sea familiar directo del guepardo, ese felino relampagueante. “Él no ha hecho nada por el atletismo, solo por él mismo. Además, ya nadie habla de él”, dijo Bolt, quien se ha esforzado en ser guía de las nuevas generaciones de sprinters en su país.

Se supone, que las estatuas son para los próceres, pero a falta de ellos en estos tiempos tan aciagos, con la descomposición social carcomiéndonos y las ideologías desvaneciéndose, atletas como Bolt, tienen más significado y merecen una como la

de Quarrie.

dplay@ibw.com.ni