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Vuelvan a cerrar ventanas. El ciclón sigue rugiendo. Ayer, Yohan Blake adelantó a Jamaica como tercer hombre en la posta 4x100, y Usain Bolt realizó un remate espectacular, para dejar atrás a la cuarteta estadounidense y tumbar la marca mundial de esa electrizante prueba, con un tiempo de 36.84 segundos, derribando los 37.04 establecidos el año pasado por el mismo grupo en el Mundial de Daegu.

Precisamente con 37.04 segundos, Estados Unidos obtuvo la plata, fijando un nuevo récord nacional, y Canadá llegó tercero con 38.07, bronceándose. Una gran carrera, pese a que el despegue de Bolt recibiendo de Blake, no fue tan explosivo, pero como siempre, su proyección impactante. Así que como en Beijing, Bolt consigue sus tres oros en 100, 200 y 4x100. Siguiendo las huellas de Owens y Lewis, hubiera podido extender su dominio al salto largo, pero nunca se inclinó por esa especialidad.

En la jornada anterior, el relevo femenino de Estados Unidos 4x100, registrando 40.82 segundos con Tianna Madison, Allyson Félix, Bianca Knight y Carmelita Jeter, derribó una marca mundial que había resistido todas las embestidas, la de 41.37 segundos, en poder de aquella RDA encabezada por Marlies Gohr, desde 1985 en Camberra, Australia. Desde entonces, habíamos visto pasar frente a nuestras ventanas seis Juegos Olímpicos, sin la menor perturbación.

Como siempre, los eventos de pista fueron lo más excitante de los Juegos, pese al oleaje de espectacularidad provocado por la natación con tantos duelos, y queda para el recuerdo el impresionante impulso del keniano David Rudisha, quebrando la marca del planeta en los 800 metros, deteniendo los cronómetros en 1 minuto 40.91 segundos.

En campo, tanto en saltos como en lanzamientos, las limitaciones fueron fuertes. Marcas mundiales sagradas como los 8.95 metros de Powell en salto largo, como los 2.45 metros de Javier Sotomayor en altura, los 18.29 metros del británico Jonathan Edwards en triple, y los 6.14 del Sergei Bubka en garrocha, permanecieron intactos.