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Cuando los trabajadores se retiran, necesitan saber que sus pensiones no solo durarán por el resto de sus vidas, sino también que serán lo bastante fuertes para hacer frente a los estragos de la inflación.

Las pensiones con base en el salario final se estilaban que antes funcionaban para aquellos trabajadores lo bastante afortunados para tenerlas, pero el ascenso de las pensiones de contribución definida significa que los trabajadores están por su cuenta.

Los patrones transfieren dinero al plan, pero los pagos dependen de los rendimientos de la inversión de los planes. Esto puede ser una lotería, como lo demuestran las recientes estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Porcentajes

Sugieren que el ingreso de retiro, como proporción del salario final, y que los trabajadores podrían haber esperado, les habría hecho apartar 5 por ciento de su salario por 40 años en un fondo dividido de entre 60 por ciento en acciones y 40 por ciento en bonos gubernamentales.

El cálculo probablemente exagera la porción del salario final, porque no permite cargos o el efecto de la inflación post-retiro, pero lo que importa aquí es la variación.

Comparen la fortunas de los retirados japoneses a fines de los 80 con los que dejan sus empleos actualmente, o el contraste similar entre los estadounidenses que se retiraron en el clímax del auge de las dot-com y quienes abandonaron la fuerza laboral en 2012.

Esta variabilidad de resultados ayuda a explicar por qué tantos patrones han estado dispuestos a descontinuar los planes de beneficios definidos. Según esos planes, se les requería que compensaran cualquier déficit.

Otra forma de ilustrar el problema aparece en un artículo de GMO, una compañía de administración de fondos. Supongamos que un trabajador invirtiera un dólar en un activo con un rendimiento promedio de 5 por ciento anual, sujeto a una variación anual promedio de 14 por ciento.

El miserable fondo de pensión después de 40 años sería de 11 dólares. Esa cifra está sesgada, sin embargo, por unos cuantos resultados en los cuales los rendimientos son excepcionalmente altos. El fondo promedio sería de 7 por ciento y el resultado más probable, la moda, de solo 3.40 dólares.

Lo más importante para el trabajador típico es evitar el peor resultado, no apuntar al mejor. Sin embargo, comprensiblemente, pocos sienten que tengan la experiencia para asignar sus inversiones consecuentemente.

 

El reto del hábil manejo de fondos

PLAZOS. El truco, por supuesto, será identificar los momentos en que las acciones son baratas o caras. GMO favorece la proporción precio-ingresos ajustada cíclicamente, que promedia las utilidades a lo largo de 10 años y fue popularizada por Robert Shiller de la Universidad de Yale en New Haven, Connecticut.

Durante los últimos 130 años, esta proporción ha oscilado entre 7 y 44, con un promedio de 16. La proporción precio/ingresos de Shiller no es una guía de valuación a corto plazo particularmente buena, pero funciona mucho mejor a largo plazo: hay una correlación de 60 por ciento entre la proporción inicial y el subsecuente rendimiento a 10 años de las acciones; entre más alta la proporción inicial precio-ingresos, menor el rendimiento.

Eso le hace potencialmente útil para el proceso a largo plazo de formar un fondo de pensión. Según las suposiciones de GMO, si las valuaciones accionarias son normales, una persona de 25 años de edad tendría un peso de 90 por ciento en acciones y una de 65 años de edad un 40 por ciento.

Cuando las acciones parecen caras, sin embargo, el peso caería. En una proporción de precio/ingresos de Shiller de 19, la persona de 25 años tendría una ponderación de 45 por ciento y la de 65 solo 25 por ciento.

Seguir este enfoque habría reducido la posibilidad de que el retirado se quedara sin dinero para los 95 años de edad, de alrededor de 50 a 13 por ciento.

Naturalmente, es necesario hacer advertencias. Analice suficientes teorías y llegará a un buen resultado. Conocemos las valuaciones históricas de las acciones en retrospectiva, pero los inversionistas no sabían en su momento cuál sería el rango.

Sin embargo, GMO tiene razón. Ahora que los trabajadores tienen la responsabilidad de sus propias pensiones, necesitan pensar más en dónde poner su dinero y cuándo trasladarlo a otra parte.