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  • The Economist

Para una empresa que anunció una nueva era en las vacaciones, las raíces del Club Mediterraneé son humildes. En 1950, Gerard Blitz, un campeón de waterpolo belga, montó 200 tiendas en una playa de Mallorca. Su sueño era ofrecer a los bronceados europeos la oportunidad de comer y beber, comulgar con la naturaleza y disfrutar de vigorosas actividades al aire libre.

Con eso nació el “todo incluido”, que combina alojamiento, alimentos y bebidas. Con el tiempo, el Club Mediterraneé mejoró sus estructuras, de tiendas a chozas de playa y luego hoteles. También se extendió a lugares exóticos como Tahití y el golfo de Guinea.

Sin embargo, durante los años 90 cayó en tiempos difíciles. Pese a los avances de la empresa hacia lo exclusivo, las vacaciones de todo incluido se habían vuelto un concepto desgastado, asociado en la mente de los vacacionistas con bufetes tibios, bebidas baratas y habitaciones austeras.

Tras el renacimiento

Recientemente ha habido una pelea por el control de la compañía. El año pasado, Fosun, un conglomerado chino, y Ardian, una empresa de capital privado francés, lanzaron una oferta conjunta para privatizar al Club Med. Algunos accionistas objetaron y acudieron al tribunal, infructuosamente, para frenar el acuerdo.

Ahora un potencial licitador rival ha surgido en la familia Bonomi, una dinastía italiana. Los Bonomi han estado comprando acciones y hace dos semanas el regulador bursátil de Francia, la AMF, les dijo que deben decidir para finales de junio si harán una oferta.

La batalla apunta al renacimiento de las vacaciones de “todo incluido”. Aun cuando los sitios web y las aplicaciones de viajes han hecho cada vez más fácil reservar los componentes de un viaje por separado, algunos vacacionistas conscientes de los costos han adoptado de nuevo la sencillez que ofrecen empresas como el Club Med.

En 2013, 12 por ciento de los vacacionistas en todo el mundo reservaron paquetes de todo incluido, respecto de 8 por ciento en 2010, estima Phocuswright, una firma de investigación de mercados. En 2011, TUI, una agencia de viajes alemana, respondió convirtiendo su marca First Choice en Gran Bretaña, en exclusivamente todo incluido, por así decirlo.

Este año, lanzó Suneo Club, una marca mundial de todo incluido.

Los gustos de los consumidores parecen ser divergentes. Por un lado, hay una “creciente preferencia por la autenticidad, la singularidad, el enriquecimiento personal, el contexto cultural profundo y una sensación de responsabilidad ambiental y social en las experiencias de descanso”, escribe Héctor Medina de Álvarez & Marsal, una firma de servicios profesionales, en un informe reciente.

“Estas preferencias contrastan significativamente con la experiencia de ‘enclave en serie extranjero’, típico de los hoteles (todo incluido”, agrega.

Oferta renovada

Sin embargo, Medina añade en su nota que, con el regreso al mercado de los turistas sensibles a los precios, las vacaciones en las cuales todo se paga por adelantado se han vuelto la característica que define a muchos centros turísticos como Cancún, en México, y Jamaica.

Otra razón para su creciente popularidad es que los hoteles de “todo incluido” están elevando su apuesta. Ahora ofrecen más que meramente la cama, el bar, el bufet y la discoteca del pasado.

Más bien como las aerolíneas de bajo costo que venden boletos baratos pero cobran extra por mejores asientos y maletas adicionales, están vendiendo más beneficios por encima del precio básico, como licores selectos y excursiones extravagantes.

 

8 por ciento de reservas en todo el mundo, en 2010, fue en paquetes pre-pago.

 

12 por ciento de los vacacionistas en 2013 reservaron “todo incluido”.

 

Una empresa china piensa que los asiáticos pronto serán los clientes más importantes de las vacaciones “todo incluido”, después de los franceses. El pronóstico vuelve atractivo el negocio.