• Estados Unidos |
  • |
  • |
  • The Economist

Dos palabras han dado el salto desde el mundo de la tecnología para volverse parte del léxico cultural común en 2014: ‘kickstarter’ y ‘bitcoin’.

Kickstarter, la plataforma de financiamiento colectivo que permite a los individuos respaldar proyectos a cambio de recompensas, ha dado cabida a 150,000 propuestas de producto; 43 por ciento de los cuales han sido financiados. E incluso el abuelo más tecnofóbico sabe ahora del bitcoin, una cripto-moneda, aun cuando no pueda explicar cómo funciona.

Así que simplemente es apropiado que alguien intentara combinar los dos conceptos. Este es el objetivo de Swarm, una nueva plataforma de financiamiento colectivo que también usa la tecnología que sustenta al bitcoin. Con sede en Berlín, la empresa incipiente fue fundada por Joel Dietz, un desarrollador de software y emprendedor. Quiere ser una mejor manera de apoyar a los proyectos de tecnología.

Con la ayuda de Swarm, las compañías incipientes y proyectos que buscan financiamiento pueden acuñar y distribuir su propia moneda digital. Los simpatizantes financian estos proyectos cambiando dinero real (o bitcoins) por monedas de marcas.

El pionero del enfoque fue otra empresa incipiente, Mastercoin, un esfuerzo para permitir todo tipo de servicios financieros usando la tecnología de bitcoin. Dietz, autodeclarado aficionado a la economía, dice que Swarm va más lejos porque construye no solo un sistema a través del cual puede ocurrir el financiamiento colectivo, sino un mercado para empresas incipientes.

Financiamiento colectivo

Para probar que el concepto funciona, y evitar la complicación de tener que explicar cómo opera Swarm, Dietz está usando su propia plataforma para asegurar el financiamiento. Más de 500 suscriptores iniciales, que en general poseen una comprensión de las campañas de financiamiento colectivo y una cartera con bitcoins, se han convencido de la idea hasta la fecha, aportando un promedio de 1,000 dólares, o alrededor de dos bitcoins, en apoyo del proyecto.

Swarm está a casi un tercio del camino en la recaudación de su meta de 4,500 bitcoins (2.6 millones de dólares) para el 20 de julio. Por su inversión, los usuarios recibirán una cantidad equivalente de swarmcoins, la moneda propia de la plataforma, a una tasa de alrededor de 5,000 swarmcoins por un bitcoin. Esos swarmcoins son luego usados para respaldar proyectos de manera muy similar a como los dólares y las libras esterlinas respaldan proyectos en Kickstarter.

Los swarmcoins, como los bitcoins, son negociables, y pueden volverse más valiosos. Si un proyecto es particularmente popular, los primeros patrocinadores pueden vender su participación a un tercer participante que esté dispuesto a comprar a una valuación más alta. Esto aborda una crítica clave contra Kickstarter: los proyectos que llegan a volverse enormes éxitos a menudo reditúan poco a sus primeros patrocinadores.

Cuando Oculus VR, los fabricantes de Oculus Rift, un visor de realidad virtual, fue vendido a Facebook por 2,000 millones de dólares en marzo de 2014, algunos de los 9,500 patrocinadores se quejaron de que no recibieron ninguna parte del efectivo por la compra de Oculus. Swarm dará a sus usuarios una participación en los proyectos y por tanto permite que los rendimientos se distribuyan entre el colectivo.

Diversos proyectos

Los usuarios de Swarm también pueden recibir activos tangibles: uno de los primeros proyectos será un fabricante de nanosatélites, que planea recompensar a los patrocinadores con su propia pieza de material espacial orbitando la Tierra.

Una docena de proyectos está actualmente bajo evaluación por parte de Swarm, incluidos varios que permiten a las cripto-monedas activar ciertas funciones de software a las que no pudieran tener acceso los usuarios que no paguen, de manera similar a algún software shareware popular a fines de los años 90.

Dietz tiene grandes planes para Swarm: no contento con el apoyo financiero, espera establecer incubadoras de tecnología para proyectos seleccionados en ciudades de toda Europa. Londres y Berlín son discutidas como posibles ubicaciones.

En suma, Swarm pretende ser, para usar una tercera palabra muy de moda, "disruptivo". De hecho, tan disruptivo es el concepto que el mismo Dietz admite abiertamente que el proyecto causa nerviosismo entre sus abogados: la legislación actual no estaba diseñada para manejar conceptos novedosos como Swarm.

Ciertamente, todo esto vale la pena el intento. Si Swarm alcanza su meta de financiamiento para fines de julio, si se las ingenia para atraer a los menos tecnológicamente educados que Dietz espera encontrar, si sus incubadoras en discusión se vuelven una realidad, y si la compañía se las arregla para mantener contentos a sus asesores legales, pudiera convertirse en otro término tecnológico notable que utilizar en la conversación diaria. La preocupación es que hay muchos "si" que superar.

El abuelo más tecnofóbico sabe ahora del bitcoin, una cripto-moneda, aun cuando no pueda explicar cómo funciona.