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  • The Economist

Fue el final sorprendente de dos meses de ofertas, contraofertas y posturas políticas. Al anunciar el apoyo al convenio revisado de General Electric, GE, con Alstom, el ministro de Economía de Francia, Arnaud Montebourg, dijo que el Estado asumiría una participación accionaria del 20 por ciento en el grupo de energía y transporte francés.

No se sabe lo que GE piensa de su asertivo nuevo socio. Quizá lo mejor que puede decirse de la decisión es que el Gobierno francés, decidido a intervenir para revitalizar la economía del país, está respaldando sus declaraciones con dinero.

En gran parte del mundo rico, el estado de ánimo de nuevo se está volviendo contra el capitalismo de Estado. Algunos Gobiernos quieren vender los bancos y otras empresas que se apresuraron a rescatar cuando golpeó la crisis. Otros están deshaciéndose de inversiones mantenidas por más tiempo, que ya no pueden permitirse soportar. Francia, sin embargo, simplemente está reestructurando sus activos.

Empleos

Alstom es el segundo gigante industrial en apuros en el que el Gobierno ha invertido dinero este año. En mayo reciente, asumió una participación accionaria del 14.1 por ciento en Peugeot-Citroen junto con Dongfeng, un fabricante de autos chino.

En ambos casos, ha intervenido esencialmente para conservar los empleos franceses, por ahora al menos. Una estrategia más amplia para la cartera accionaria del Estado también está en marcha. Un ejemplo es la creación de BPI France, una agencia para financiar principalmente a pequeñas y medianas empresas, por ejemplo comprando acciones.

El Gobierno está prometiendo una política de inversión más dinámica, reduciendo las participaciones en compañías establecidas así como en firmas financieras en el futuro. Esta semana vendió una parte de GDF Suez, una empresa de servicios públicos, aunque podría destinar lo obtenido a la compra de las acciones de Alstom.

El Gobierno tiene una parte de muchas empresas. Entre los países mayormente ricos en la OCDE, Francia tiene la cartera de acciones en empresas enlistadas más valiosa.

Crecimiento

La Agencia para las Participaciones Estatales, que supervisa la mayoría de las grandes inversiones del sector público, tiene participaciones accionarias en compañías cotizadas públicamente con valor de alrededor de 110,000 millones de dólares, un aumento del 33 por ciento en los últimos 12 meses, gracias en parte a un animado mercado bursátil.

La intervención estatal tiende a tener mala reputación. Como los Gobiernos regularmente buscan metas sociales así como económicas, otros accionistas podrían terminar defraudados.

Ya que a los Estados a menudo les falta efectivo, podrían empujar a las empresas a pedir prestado en vez de sufrir la dilución de su participación accionaria. Aunque existen los fracasos de mercado —y pueden parecer justificar el apoyo para las empresas más pequeñas, digamos, o las nuevas tecnologías—, la interferencia del Estado a menudo representa una mala inversión para los contribuyentes.

Peligro

Cuando el Estado parece haber creado valor con sus participaciones accionarias, podría ser el resultado de un subsidio oculto, como los reguladores energéticos que permiten a las empresas de suministro cobrar precios altos.

“El Gobierno es un mal seleccionador de acciones”, dice Theo Vermaelen, de la escuela de negocios internacionales Insead, “o un mal administrador que no puede obtener rendimientos competitivos sobre el capital, especialmente en un mundo de competencia global”.

Su preferencia sería vender las participaciones accionarias y reducir los altos impuestos de Francia.

 

33 Por ciento ha crecido la participación accionaria del Estado francés en empresas privadas el último año.