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  • The Economist

Los acantilados en Kimmeridge, en la costa sur de Inglaterra, en ocasiones han sido conocidos por arder o incluso estallar en llamas en el clima cálido. Eso es porque, a diferencia de los famosos acantilados de caliza blanca de Dover, están hechos de esquisto bituminoso, una piedra suave que tiene hidrocarburos atrapados en sus poros.

Los lechos de esquisto bituminoso del mundo podrían contener el equivalente a nueve veces más petróleo que todos sus pozos convencionales. De manera confusa, el esquisto bituminoso no tiene nada que ver con la fracturación, o ‘fracking’, una técnica para extraer petróleo y gas de un tipo diferente de esquisto a través de la perforación horizontal y la fracturación hidráulica.

Estados Unidos ha sido bendecido con cantidades prodigiosas de ambos tipos de esquisto, y sus pioneros del ‘fracking’ han explotado exitosamente un tipo, transformando la oferta energética del país.

Sin embargo, hasta ahora extraer la energía del esquisto bituminoso generalmente ha resultado ser poco económico e incluso más ambientalmente poco sólido que otras formas de extracción de combustibles fósiles.

Buen futuro

No obstante, una segunda revolución del esquisto está en proceso, una en la cual se están encontrando formas más limpias y eficientes de extraer el petróleo y el gas de la piedra.

El 12 de junio, el Gobierno jordano anunció que había alcanzado un acuerdo con Enefit, una compañía estonia, y sus socios sobre un contrato de 2,100 millones de dólares para construir una estación de energía alimentada por esquisto de 540 megavatios.

De manera frustrante para Jordania, mientras ve a sus vecinos del Golfo Pérsico ricos e inundados de petróleo, el país se asienta sobre las quintas reservas de esquisto bituminoso más grandes del mundo, pero tiene que importar 97 por ciento de sus necesidades energéticas.

En Australia, Queensland Energy Resources, otra compañía de esquisto bituminoso, ha solicitado permiso para mejorar su planta de demostración a una escala comercial. Se espera que la producción comience en 2018.

Questerre Energy, una compañía canadiense, anunció recientemente que empezaría a trabajar en un proyecto de demostración comercial en Utah.

En todos estos proyectos el esquisto es “cocinado” de manera barata, limpia y productiva en retortas libres de oxígeno para separar mucho del petróleo y el gas.

Valioso, pero…

En el proceso de Enefit, el sólido restante luego es quemado para producir vapor, el cual impulsa a un generador. El proceso produce electricidad, gas natural —una gran ventaja en Estonia, un país de otro modo dependiente de los suministros rusos— y petróleo crudo sintético, que puede usarse para hacer diesel o combustible de aviación. Las cenizas restantes pueden ser usadas para producir cemento.

El director ejecutivo de Enefit, Sandor Liive, dice que sus plantas, la primera de las cuales inició producción en diciembre de 2012, deberían ser rentables en tanto los precios del petróleo permanezcan por encima de los 75 dólares por barril. El petróleo Brent del Mar del Norte estuvo en alrededor de 113 dólares esta semana.

Aunque los nuevos métodos de explotar la piedra son más limpios que los antiguos, los ambientalistas aún tienen mucho de qué preocuparse. El esquisto bituminoso varía enormemente en calidad. El de Estonia es limpio. El de Jordania tiene un alto contenido de azufre y el de Utah está cargado de arsénico.

Como la extracción de carbón a cielo abierto, la extracción de esquisto bituminoso deja cicatrices en el paisaje. Enefit ha solucionado eso en la Estonia de mentalidad ecológica realizando labores de paisajismo y reemplazando la capa superior del suelo, pero otros países quizá sean menos quisquillosos.

Los riesgos

Algunas de las empresas energéticas más grandes del mundo también han experimentado con la extracción y procesamiento de esquisto bituminoso, solo para renunciar, después de descubrir que requería tanta energía que no se justificaba.

Sin embargo, Shell dice que está haciendo avances con un nuevo método que está probando, también en Jordania, en el cual el esquisto es calentado bajo tierra con una corriente eléctrica para extraer el petróleo.

Estas tecnologías rivales aún tienen que probar su fiabilidad a gran escala, y están lejos de ser baratas. Liive estima que costará 100 millones de dólares poner en marcha un proyecto piloto en Utah, donde su empresa ha comprado una mina de esquisto bituminoso en desuso, y otros 300 millones de dólares para llegar a una escala comercial.

Una caída en los precios del petróleo condenaría a la industria, como sucedió en los años ochenta cuando muchas minas de esquisto quedaron fuera de operación. Hasta ahora, sin embargo, el ‘fracking’ ha resultado más económico y menos perjudicial ambientalmente de lo que esperaban los escépticos, y las nuevas técnicas para extraer los hidrocarburos del esquisto tienen el potencial de sacudir a la industria petrolera una vez más.

 

540 megavatios produciría una estación de energía alimentada por esquisto.

 

4 años tardará en comenzar a funcionar en Australia otra planta de esquisto.