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A mediados de los años 90, las perspectivas económicas de Estados Unidos repentinamente brillaron. La productividad aumentó. Los inmigrantes y el capital privado fluían en grandes cantidades para aprovechar lo que rápidamente se dio en llamar la "Nueva Economía".

La tasa de desempleo cayó a 4 por ciento, y la inflación permanecía baja.

Todo esto llevó a los economistas a concluir que la tasa de crecimiento potencial de Estados Unidos, la velocidad a la cual la economía puede expandirse mientras mantiene el desempleo constante y la inflación estable, había aumentado significativamente respecto a su promedio de décadas de 3 por ciento, a 3.5 por ciento o incluso más.

Lamentablemente, la ‘Nueva Economía’ ya no existe. La recuperación de la recesión de 2008-2009 ha sido la más débil de la era de posguerra, y está aumentando la evidencia de que la tasa de crecimiento potencial de Estados Unidos se ha desplomado.

Sus dos grandes determinantes, la oferta de trabajadores y el aumento en su productividad, son decepcionantes. El desempeño en el último año ha sido particularmente débil: la fuerza laboral de Estados Unidos no ha crecido para nada y la producción por hora trabajada ha caído. El Fondo Monetario Internacional redujo recientemente su estimación para la tasa de crecimiento potencial del país a 2 por ciento. Otros economistas la sitúan en 1.75 por ciento.

Crisis profunda

Hasta ahora, el deslizamiento en el potencial ha tenido poco impacto práctico. Porque la recesión fue demasiado profunda y la recuperación demasiado débil, la economía sigue operando por debajo de su capacidad. A largo plazo, sin embargo, una reducción a la mitad del límite de velocidad económica tendría consecuencias nefastas.

Los niveles de vida se elevarían más lentamente, los ingresos fiscales serían menores y la carga de pagar las deudas de hoy sería más pesada.

Solucionar el problema a corto plazo significa impulsar la demanda, de manera que la Reserva Federal debería mantener baja las tasas de interés.

Para avivar el crecimiento a largo plazo, sin embargo, Estados Unidos también necesita abordar el lado de la oferta. En particular, necesita más trabajadores y aumentos más rápidos en la productividad. El número de estadounidenses en edad laboral aumentó en un promedio de 1.2 por ciento al año en los 90, y apenas 0.4 por ciento en 2013.

La proporción de ellos realmente en la fuerza laboral, ha caído de más de 67 por ciento a menos de 63 por ciento. Se culpa en parte a la recesión porque, después de años de desempleo, algunas personas han renunciado a buscar trabajo.

Envejecimiento

Esa es una razón por la cual impulsar la recuperación es importante. El envejecimiento de los integrantes de la generación de los "baby boomers" es otra. El número de personas que se acerca a los 60 años, cuando la participación en la fuerza laboral comienza a descender, o mayores está aumentando rápidamente.

Ambas vulnerabilidades son agravadas por un problema autoinfligido: las políticas que deprimen la oferta de trabajadores. La más perjudicial es el estropeado sistema de inmigración de Estados Unidos. Entrar al país se ha vuelto mucho más difícil.

El número de visas para personas altamente calificadas emitidas hoy es una fracción de lo que era en los 90, aun cuando el número de vacantes no cubiertas para trabajadores calificados aumenta. Las deportaciones se han elevado y la frontera sur se ha vuelto mucho más difícil de cruzar.

Agujeros

El Obamacare, aunque bueno en otros aspectos, tiende a contraer la fuerza laboral porque ayuda a las personas a recibir atención médica sin trabajar.

Hay menos que decir de la obsoleta red de seguridad social, que se las ingenia para ser mezquina y desalentar el trabajo al mismo tiempo. Estados Unidos gasta una proporción más pequeña de su PIB que otros países ricos en capacitar de nuevo a los desempleados y ayudarles a encontrar trabajo.

No ha elevado la edad de retiro y ha permitido que su sistema de seguros de incapacidad se vuelva una especie de plan de beneficencia. El número de trabajadores incapacitados, de los cuales difícilmente alguno trabajará de nuevo, se ha duplicado desde 1997 a nueve millones.

Más productivos

Por una vez, Europa pudiera enseñar a Estados Unidos algunas lecciones del mercado laboral: Gracias a las reformas de los sistemas de beneficencia, la proporción de los europeos en la fuerza laboral está aumentando ahora.

A largo plazo, la forma más poderosa de impulsar el crecimiento es que los trabajadores se vuelvan más productivos, como lo hicieron en los 90. Elevar la productividad es difícil y el reciente desplome es desconcertante.

La innovación impulsa el crecimiento de la productividad, y una vertiginosa serie de nuevos desarrollos, desde los "big data" hasta el "internet de las cosas", sugieren que la innovación se está acelerando. Sin embargo, el crecimiento en la producción del trabajador promedio por hora se estaba desacelerando antes de la crisis de 2007 y ha caído aún más desde entonces.

Hay mucho que el Gobierno de Estados Unidos pudiera hacer para impulsar la inversión. Por ejemplo, podría incrementar el gasto público en infraestruc-tura y reducir la estratosférica tasa de impuestos corporativos.

2 Por ciento redujo el FMI la estimación de la tasa de crecimiento potencial de Estados Unidos.

9 millones de trabajadores incapacitados tiene Estados Unidos desde 1997.

Cambios son necesarios

Futuro• Eso podría cambiar, porque se requiere un tiempo para que las empresas reaccionen ante las tecnologías disruptivas. Las computadoras empezaron a difundirse en los 80, pero su impacto no se manifestó en los datos durante más de una década.

El aumento más reciente en la innovación también tomará algunos años en traducirse en una producción más alta por hora. La lenta recuperación de la recesión quizá haya alargado este retraso disuadiendo a muchas empresas de invertir en tecnología de la información. Aquí, también, los políticos han empeorado las cosas.

Hay mucho que el Gobierno de Estados Unidos pudiera hacer para impulsar la inversión. Por ejemplo, podría incrementar el gasto público en infraestructura. Pudiera reducir la estratosférica tasa de impuestos corporativos que alienta a las empresas "como Abbvie, que está proponiendo cambiar su sede a Gran Bretaña comprando Shire" a mudarse al extranjero en vez de invertir en casa.

Pudiera empezar a reducir la maraña de regulaciones destructoras del empleo que, dicen las empresas, es un problema incluso peor que los impuestos. No está haciendo ninguna de estas cosas.

Giro

El impacto de la revolución ofertista, con la reforma de la inmigración, una revisión de los programas de incapacidad y capacitación, la inversión en infraestructura, la desregulación y la reforma del impuesto corporativo en la cima de la agenda, sería gradual.

Sin embargo, incluso la perspectiva fortalecería la recuperación, al alentar la inversión y disuadir a la FED (Reserva Federal) de elevar las tasas de interés demasiado pronto. Políticos reflexivos han propuesto planes para un cambio radical en casi todas estas áreas, pero sus planes, como tantas otras cosas, han caído víctima de la política polarizada de Estados Unidos.

Los republicanos entorpecen la relajación de las reglas de inmigración, mientras que los demócratas temen que las reformas ofertistas sean una conspiración para perjudicar al ciudadanos promedio. Ambos bandos reciben efectivo de intereses especiales, inclinados a mantener en vigor las regulaciones anticompetitivas.

El presidente Barack Obama, el presidente menos amistoso con las empresas en décadas, ha dedicado muy poca atención al problema. Por ello, aumentan las probabilidades de que la economía de Estados Unidos continúe moviéndose pesadamente a un ritmo poco satisfactorio, y que los estadounidenses no tengan a nadie más que culpar salvo a sus líderes.