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No bien acababa de terminar la Copa Mundial de Fútbol, cuando inició la diplomacia.

Tras reclamar rápidamente el mérito por la realización generalmente sin contratiempos de la Copa del Mundo de Brasil, la presidenta Dilma Rousseff fue anfitriona del presidente Vladimir Putin, de Rusia, una cumbre del grupo BRICS de países emergentes "Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica" y luego una visita de Estado del presidente Xi Jinping de China.

Para los presidentes chino y ruso, la cumbre resultó una excusa para una gira más amplia por Latinoamérica. Ya pasaron los días en que la región miraba solo hacia Estados Unidos y Europa. Hoy, disfruta de lazos amplios con el mundo exterior; pero ¿esas visitas representan un lento cambio en las lealtades?

Para Putin, el viaje fue una incursión bienvenida en países cuyos gobiernos no se molestan por la conducta de Rusia en Ucrania. En Cuba y Nicaragua, revivió amistades de la era soviética. Un periódico ruso reportó planes de reabrir una base de espionaje en Cuba.

Putin restó importancia a esa idea, pero Rusia canceló 90 por ciento de la deuda soviética de 35,000 millones de dólares de Cuba este mes.

En otras partes, buscó oportunidades para exportar la tecnología y las armas nucleares rusas, la primera a Argentina y las segundas a Brasil, que está interesado en un sistema de misiles antiaéreos de mil millones de dólares.

Mirando a China

Los nexos de Latinoamérica con China son mucho más recientes que aquellos con Rusia. También son mucho más importantes. El comercio chino con la región ha crecido en más de 20 veces en este siglo, y China se está convirtiendo en un gran inversionista y prestamista en la economía regional.

Hay algunas tensiones. A Brasil le preocupa que China importe solo materias primas mientras socava a sus fabricantes a menudo poco competitivos en terceros mercados. Las empresas mineras y petroleras chinas están adaptándose lentamente a las inquietudes sociales y ambientales.

El viaje de Xi a Latinoamérica, su segundo como líder máximo de China, incluyó una reunión en Brasilia con los líderes de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), un club de los 33 países de Latinoamérica y el Caribe. Eso refleja la preferencia de China por tratar con las regiones en desarrollo como bloque, un enfoque que en la práctica es frustrado por la diversidad y divisiones de Latinoamérica.

Algunos países deben recibir trato especial. En Venezuela, Xi interpretará el papel de un gerente bancario amigable que se reúne con un cliente irregular: China ha dado a Venezuela alrededor de 50,000 millones de dólares en préstamos principalmente respaldados por petróleo, pero los funcionarios chinos "son muy críticos de la contabilidad venezolana", dice Margaret Myers en el Diálogo Interamericano, un grupo de análisis basado en Washington.

BRICS a prueba

Para Brasil, la cumbre impulsó su búsqueda de una política exterior independiente. Las relaciones de Brasil con Estados Unidos siguen estando en su punto más bajo, tras revelaciones de que la Agencia de Seguridad Nacional había intervenido el teléfono de Rousseff.

El establecimiento de un banco de los BRICS añadió algo de consistencia a una alianza aún complicada, marcada por un interés común en reformar el modo de gobernar el mundo y por una veintena de diferencias. Rousseff insistió en que el "activismo" de los BRICS no debería ser visto como un "deseo de dominio" o "una alternativa estratégica contraria a los intereses de otros países".

Sin embargo, el interrogante que enfrenta Brasil, y Latinoamérica, es si una amplia variedad de amistades superficiales, en vez de asociaciones más selectivas y profundas, ayudará o entorpecerá su ascenso.

35 millones de dólares condonó Rusia a Cuba en este mes.

33 Países latinos forman parte del bloque de la Celac.

La gran pregunta sería: ¿esta amplia variedad de amistades ayudará o entorpecerá el ascenso de los países con economías emergentes?