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Las crisis financieras podrían parecer una parte del ciclo económico con que estamos familiarizados, pero rara vez se repiten con exactitud. En los años 80, se desencadenó en Latinoamérica, a fines de los 90 en Rusia y el sudeste asiático, en 2007-2008 en la vivienda y los bancos estadounidenses.

Ahora, a algunos les preocupa que la próxima crisis pudiera ocurrir en la industria de la administración de activos.

La industria administra 87 billones de dólares, lo que representa tres cuartas partes del tamaño del sector bancario. La administradora de fondos más grande, Blackrock, opera 4.4 billones de dólares de activos, más de lo que cualquier banco tiene en su hoja de balance.

Después de la crisis, los reguladores hicieron más estrictas las reglas sobre los bancos, insistiendo en que retengan más capital y tengan liquidez suficiente para hacer frente a las presiones a corto plazo, pero ese podría ser un caso de generales que libran la última batalla.

Problemas

A falta de préstamos de los bancos, muchas compañías han recurrido a los bonos, en posesión principalmente por las administradoras de fondos, en busca de crédito.

Las administradoras de fondos han causado problemas en el pasado. El colapso de 1998 de Long-Term Capital Management, un fondo compensatorio operado por algunas de las mentes más brillantes en Wall Street y en el ámbito académico, condujo a un rescate instigado por la Reserva Federal.

El rescate que hizo Bear Stearns de dos fondos compensatorios que había estado operando contribuyó a su colapso en 2008. En el mismo año, un fondo de mercado de dinero operado por el grupo Reserve se vio obligado a lo que se llama "break the buck" (es decir, cuando el valor neto de los activos de un fondo de mercado de dinero cae por debajo de un dólar), imponiendo pérdidas a los inversionistas, desencadenando una estampida que provocó que la Fed ofreciera un respaldo de nuevo.

Todo esto ha puesto nerviosos a los reguladores. En enero, el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por su sigla en inglés), un organismo internacional que trata de proteger contra las crisis financieras, publicó un informe de consulta que preguntaba si las administradoras de fondos podrían necesitar ser designadas "instituciones financieras sistémicamente importante" (o SIFIs, por su sigla en inglés), un paso que involucraría una regulación más firme.

Un nuevo informe del Banco de Inglaterra expresa preocupación de que los fondos de pensiones y las compañías aseguradoras ya no estén desempeñando el papel estabilizador en los mercados que desempeñaban antes, aprovechando las caídas del mercado a corto plazo comprando activos que parecían baratos.

En vez de ello, quizá estén ampliando el ciclo debido a su necesidad de satisfacer requisitos de contabilidad y regulatorios más conservadores. La industria de la administración de activos ha presentado algunos contraargumentos poderosos.

Primero, las administradoras actúan como gestores del capital de otras personas, el cual se mantiene en cuentas separadas, con terceras partes que actúan como custodios. Bancos como Lehman Brothers, en comparación, estaban especulando por su propia cuenta.

Si una administradora de fondos fuera a la quiebra, los activos simplemente serían transferidos a un competidor, sin pérdida para los inversionistas involucrados. Cientos de fondos mutuales cierran cada año, con mínimo impacto en el mercado y sin necesidad de un rescate gubernamental.

Menos vulnerables

Segundo, los paralelos con los bancos son imprecisos. Con excepción de los fondos compensatorios, las administradoras de activos tienen a no operar con dinero prestado, o apalancado. El tamaño de la hoja de balance de Blackrock es de solo 8,700 millones de dólares, mientras que la de HSBC es de casi 2.7 billones de dólares, o más de 300 veces más grande.

Las administradoras de fondos, por tanto, son menos vulnerables a las caídas repentinas en los precios de los activos de lo que los bancos resultaron ser en 2008. Tercero, hay poca evidencia de que las administradoras de activos dominantes contribuyan a los episodios de pánico de los mercados.

Los inversionistas minoristas son menos veleidosos que las instituciones. Muchos invierten a través de planes 401(k) de contribución definida, a través de los cuales ponen un poco de dinero en el mercado cada mes. Esto les hace indiferentes a las fluctuaciones a corto plazo.

El Instituto de Compañías de Inversión, un organismo comercial, dice que en el otoño de 2008, un punto bajo para los mercados accionarios, las ventas de activos por parte de los fondos mutuales comprendió solo 6 por ciento del volumen negociado total en Nueva York.

Finalmente, designar a las administradoras de fondos como SIFI tendría consecuencias perversas. El informe del FSB señaló que el tamaño era el criterio clave, sugiriendo un umbral de 100,000 millones de dólares, lo cual puede comprender a 14 fondos mutuales estadounidenses.

Esto podría pasar por alto lo importante: Reserve se clasificaba apenas en el sitio 81 entre las administradoras de activos estadounidenses y en el 14 entre las que operaban fondos de mercado de dinero.

En cualquier caso, muchos grandes fondos son solo rastreadores como el fondo 500 índice de Vanguard, que permite a inversionistas minoristas tener una exposición amplia en el mercado accionario por comisiones de solo 0.17 por ciento al año.

Enorme industria

Como una de las consecuencias de ser una SIFI, se podría requerir al fondo que apartara una reserva de capital, cuyo costo sería transferido a los inversionistas minoritarios. Además, se pudiera requerir a las SIFI que apoyaran al fondo de liquidación ordenada, un vehículo de rescate para otras SIFI.

En otras palabras, cuando el próximo Lehman fuera a la quiebra, los pequeños inversionistas de Vanguard serían involucrados. Hasta ahora, ninguna administradora de fondos ha sido designada SIFI. Sin embargo, Andy Haldane del Banco de Inglaterra, advierte que quizá sea prudente hacerlo.

"Como cualquiera administradora de activos que se respete, el desempeño anterior no es una guía para el futuro", dice Haldane. "Esto es especialmente cierto en una industria tan grande y tan rápidamente cambiante como la administración de activos, con carteras de activos que se vuelven menos líquidas y más correlacionadas y un comportamiento del inversionista que se vuelve más veleidoso y propenso a las retiradas tumultuosas".

Un artículo reciente de la Universidad de Chicago concluye: "La falta de apalancamiento quizá no sea suficiente para garantizar que la política monetaria pueda ignorar las preocupaciones por la estabilidad financiera".

Fondos cambiarios

La preocupación es que un comportamiento gregario entre las administradoras de fondos pudiera llevar a una venta general, como sucedió con los valores hipotecarios en 2008. La industria de la administración de fondos está volviéndose más concentrada, gracias al ascenso de los fondos pasivos que dan seguimiento a un índice.

Una categoría conocida como fondos cambiarios (ETF, por sus siglas en inglés) ha crecido espectacularmente, con 2.45 billones de dólares en activos, respecto de 425,000 millones de dólares en 2005. Estos fondos permiten a los inversionistas hacer operaciones durante todo el día, comprendiendo una cuarta parte de toda la actividad del mercado accionario de Estados Unidos.

Algunos ETF, particularmente aquellos que invierten en mercados de bonos, quizá sean más líquidos que los activos que poseen. Desde 2007, el mercado de bonos corporativos ha crecido sustancialmente, pero los bancos han recortado sus actividades de creación de mercados, en parte para conservar su capital. Como resultado, según un estudio del Royal Bank of Scotland, la liquidez del mercado estadounidense de bonos corporativos ha caído en 70 por ciento desde la crisis.

 

87 Billones de dólares mueven la industria de administración de activos.

 

4.4 billones de dólares tiene en su cuenta Blckrock, la administradora de fondos más grandes.

 

Un mercado inquieto

Rendimiento• El mercado de bonos es inherentemente menos líquido que las acciones, porque es muy diverso. General Electric tiene solo cinco clases de acciones, pero ha emitido 1,014 tipos diferentes de bonos.

Según RBS, solo tres de los 50 bonos más ampliamente poseídos tienen un valor de mercado de más de 1,000 millones de dólares, un nivel muy por debajo del mínimo necesario para que una acción califique para el S&P 500. Alrededor de una quinta parte de todos los bonos corporativos nunca se llegan a comerciar.

Los fondos de bonos corporativos son populares actualmente, gracias al rendimiento extra que ofrecen en un mundo en el cual el efectivo paga casi nada. Es fácil, sin embargo, imaginar un escenario en el cual los precios comiencen a caer, provocando amortizaciones por parte de los clientes, dejando a las administradoras de activos vendiendo en un mercado poco líquido.

A las administradoras de activos no les gusta tener un desempeño menor al de sus similares, así que pelearán por ser las primeras en vender. Los precios pudieran desplomarse, forzando al cierre del mercado de bonos corporativos, como sucedió con los emisores de mercados emergentes en el verano de 2013 cuando "la rabieta" por la potencial retirada del estímulo monetario estadounidense estaba en su apogeo. La economía sufriría como resultado.

Control

Una posibilidad sería permitir que los fondos de bonos suspendan los retiros en épocas de crisis, instalando "puertas", o imponiendo multas por amortización. Un regulador estadounidense recientemente dio esos poderes a los fondos de mercado de dinero.

Los fondos de mercado de dinero pueden estar sujetos a retiros tumultuarios, si los inversionistas temen que su valor neto de los activos caerá por debajo de un dólar, así que tienen todos los incentivos para abandonar el fondo antes de que se impongan pérdidas.

Sin embargo, el riesgo de permitir puertas o multas por amortización es que provoquen el éxodo en lugar de que lo eviten, conforme los inversionistas traten de escapar antes de que se impongan. Los reguladores están atrapados entre la espada y la pared. Es su labor anticipar futuras crisis, las cuales quizá no se parezcan a las del pasado, pero esa lógica requiere que regulen partes de la industria que, en el pasado, no han sido la fuente de los problemas.