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  • The Economist

Casi toda su carrera en el Ejército ha estado dedicada a dar caza a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), culminando en operaciones en que murieron tres de los máximos comandantes de los guerrilleros en 2008-2011.

Sin embargo, el 22 de agosto pasado, el general Javier Flores, el segundo al mando en las fuerzas armadas de Colombia, se sentó con negociadores de las FARC en La Habana. Fue uno de los momentos más dramáticos en casi dos años de negociaciones de paz entre el Gobierno y las FARC. Asimismo, indicó que el diálogo destinado a poner fin a medio siglo de conflicto armado en Colombia, está avanzando hacia lo que funcionarios esperan sea su fase final.

Hasta ahora, los dos bandos han llegado a acuerdos en borrador sobre tres de los cinco puntos de su agenda: sobre desarrollo rural, la futura participación de los guerrilleros en la política y acerca de la política hacia el narcotráfico.

Las negociaciones luego sobrevivieron a una experiencia cercana a la muerte en una elección presidencial en junio pasado, donde Juan Manuel Santos ganó un segundo mandato; pero solo derrotando por estrecho margen a Óscar Iván Zuluaga, que se oponía a las conversaciones.

Confianza

Aunque el equipo negociador de cinco hombres del Gobierno incluye a dos generales retirados, la visita de Flores y seis colegas militares a La Habana marcó la primera vez que oficiales en servicio tomaban parte en el diálogo.

Su propósito principal era iniciar discusiones sobre la desmovilización de las FARC y la deposición de las armas, de manera que puedan realizarse rápidamente, siempre y cuando se alcance un acuerdo final. El Gobierno espera que su involucramiento activo también ayude a disipar el recelo militar ante las negociaciones.

También fue un momento importante para las FARC. Iván Márquez, el principal negociador de los guerrilleros, dijo que fue una oportunidad de hablar "de guerrero a guerrero".

Otros en Colombia se escandalizaron. Álvaro Uribe, un expresidente y ahora senador, que es el jefe político de Zuluaga, dijo enfurecido que la reunión era "humillante" para las fuerzas armadas. "No hay peor tratamiento para los soldados y los políticos que ponerlos al mismo nivel que los terroristas", tuiteó Uribe.

Histórico

Días antes, tuvo lugar otro encuentro histórico en La Habana. El 16 de agosto, 12 víctimas del conflicto se dirigieron a los dos equipos de negociadores. Esto marcó el inicio de las conversaciones sobre el cuarto y más complicado punto de la agenda, concerniente a la justicia en la transición (es decir, establecer la verdad de lo que sucedió en el conflicto y qué tipo de sanciones enfrentarán las FARC por sus crímenes).

Según Navi Pillay, la saliente alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, este involucramiento “sin precedentes” de los representantes de las víctimas pudiera servir como modelo para otros conflictos.

Constanza Turbay, que sufrió el asesinato de cuatro familiares cercanos a manos de las FARC, cuando estas intentaron destruir el dominio político de su familia en la provincia de Caquetá hace más de una década, describió la ocasión como "la reunión más trascendental" de su vida.

Márquez le pidió en privado su perdón por los asesinatos. El arrepentimiento surgía "del corazón", dijo ella. Fue un gesto importante de parte del líder de un grupo que, hasta hace pocos meses, se negaba a reconocer que había cometido crímenes. Pero pocos colombianos pudieran pensar que esas disculpas son suficientes.

Desfile de afectados

Más de 6.7 millones de personas han sido registradas como víctimas de un conflicto que ha involucrado a paramilitares derechistas y a un segundo grupo guerrillero (el ELN), así como a las FARC y a las fuerzas de seguridad. Cuatro docenas de víctimas más, algunas de ellas de los paramilitares y las fuerzas de seguridad, deben viajar a La Habana en las próximas semanas.

Cuando unos 30,000 paramilitares se desmovilizaron en 2006 bajo el gobierno de Uribe, algunos de sus líderes –que eran culpables de delitos graves– recibieron sentencias "alternativas" de hasta ocho años de prisión a cambio de revelar la verdad detrás de miles de muertes y desapariciones y compensar a sus víctimas.

Están empezando a ser liberados, en medio de la indignación. Al cumplir las promesas que hizo en las negociaciones con los paramilitares, el Estado está enviando un "mensaje claro e inequívoco" a las FARC de que "cumple su palabra respecto a la justicia en la transición", declaró Eduardo Montealegre, el procurador general, al periódico El Tiempo.

Muchos colombianos dicen que los líderes de las FARC deberían al menos cumplir con una sentencia de cárcel similar. Pero los líderes dicen que no pretenden ser el primer grupo guerrillero que sea recompensado por deponer sus armas con sentencias de cárcel.

La tarea que enfrentan los negociadores es proponer un castigo alternativo que sea suficientemente adecuado como para convencer a los colombianos de que dejen a un lado su escepticismo y aprobar el acuerdo general en el referendo, que Santos ha prometido.

 

Ningún diálogo de paz anterior en el país suramericano ha sido tan minucioso o ha causado tantas expectativas, como el que se desarrolla en La Habana.

 

6.7 millones de personas han sido registradas como víctimas del conflicto.

 

30 mil paramilitares se desmovilizaron en 2006 bajo el gobierno de Álvaro Uribe.

 

El lado de la historia

Estudio. En otra nueva iniciativa, el Gobierno ha establecido un comité de 14 académicos "la mitad designada por cada bando" para reportar sobre los orígenes del conflicto y los obstáculos para ponerle fin.
Las FARC ven eso como una oportunidad de reclamar la reivindicación de la historia, de lo que insisten fue una lucha legítima. La mayoría de los colombianos no ve justificación para la agresión violenta de los guerrilleros contra la democracia.
Muchas víctimas estarán más interesadas en descubrir quién mató a sus seres queridos. Santos dijo que las conversaciones están en la "última fase", y quiere que haya un acuerdo para fines de este año. Las FARC han advertido que tomará más tiempo.
En riesgo
Un retraso prolongado corre el riesgo de agotar la paciencia de los colombianos: los guerrilleros siguen saboteando oleoductos y torres de electricidad, así como emboscando a patrullas de la Policía y el Ejército colombiano.
Ningún diálogo de paz anterior en Colombia ha sido tan minucioso o llegado tan lejos. Pero el último kilómetro quizá sea el más arduo.