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  • The Economist

Trabajadores en overoles amarillos y con equipo de respiración están derruyendo un extremo de un edificio dejando solo la estructura de acero.

El otro extremo, envuelto en plástico blanco, debe ser aspirado y lavado antes de ser expuesto al aire. El polvo de arsénico y los asbestos blancos que ya han sido retirados, están almacenados temporalmente en cientos de bolsas para guardar los materiales peligrosos que rodean el edificio.

Bienvenido a Giant Mine (cuya traducción es Mina Gigantesca), una mina de oro abandonada en Yellowknife, capital de los Territorios del Noroeste. El gobierno canadiense se hizo cargo de ella en 1999, después de que el dueño se declaró en bancarrota y la abandonó.

Es una de unas 10,000 minas huérfanas o abandonadas en el norte de Canadá que ahora son responsabilidad del gobierno; y está llena de trióxido de arsénico, un compuesto que se produce al calentar mineral de arsenopirita, el cual tiene rastros de oro.

Amenaza letal

El trióxido de arsénico es inodoro, insípido, altamente soluble. Y letal. Una cantidad más pequeña que un guisante es suficiente para matar. La Giant Mine tiene 237,000 toneladas del material.

La Giant Mine abrió en 1948. Durante sus primeros años, el trióxido de arsénico salió de la chimenea como vapor y se depositó en el área circundante como polvo. Se añadieron “barredoras”, recolectoras de polvo, para capturar parte de los tóxicos después de que los periódicos empezaron a advertir a la gente que no bebiera agua producida con nieve derretida.

Una vez capturado, el arsénico, que tiene la consistencia de talco, era soplado en cámaras subterráneas. En tanto el polvo tóxico estuviera en la capa de permafrost, se pensaba, se congelaría hasta volverse sólido y ya no representaría un problema.

Eso podría haber funcionado, si los administradores de la mina no hubieran decidido posteriormente perforar una serie de fosos abiertos para extraer más oro. Ahora mucho más cerca de la superficie, el permafrost se ha derretido. Como el agua se filtraba desde y hacia la mina, fue solo cuestión de tiempo antes de que el arsénico amenazara las aguas del lago Great Slave.

La solución

La respuesta propuesta por el gobierno federal, que fue aprobada el mes pasado y cuyo costo se ha estimado en 900 millones de dólares estadounidenses, es una variación del plan original. El mayor foso abierto será rellenado y las 15 bóvedas selladas que contienen el arsénico serán congeladas de nuevo.

“Este tipo de tecnología se usa en las pistas de hockey sobre hielo”, dijo Jane Amphlett, la funcionaria pública federal a cargo de la limpieza, señalando a un gran ducto de metal que transporta refrigerante a las bóvedas selladas.

En este proyecto piloto, que se extenderá a las 15 bóvedas si funciona, la tecnología de congelación es complementada con termosifones, bombas que succionan el calor de la tierra. Parecen gigantescos diapasones enterrados en el suelo.

Al gobierno le interesa realizar bien la limpieza, no menos debido a su estrategia más amplia de impulsar el desarrollo de recursos naturales en el norte de Canadá. Sin embargo, no todos están contentos con su solución seleccionada. El arsénico no tiene periodo de semidesintegración.

“Va a ser tóxico siempre”, dijo Arn Keeling, un profesor que estudia las minas abandonadas en el norte de Canadá.

Vigilado

La mina se ubica en las tierras de los Dene, el grupo de personas indígenas más grande en el territorio. Quieren que el polvo sea extraído y reprocesado en una forma más estable. Bajo presión de los Dene, los ambientalistas y la ciudad de Yellowknife, el gobierno va a establecer un organismo independiente que monitoree su trabajo y verifique cada 20 años si los planes deberían cambiar.

Ha dejado de afirmar que su solución durará para siempre, acortando el periodo un poco: de la eternidad a 100 años. Si hay algo rescatable en esta nube de polvo de arsénico, es que los estudios, el trabajo de descontaminación y la supervisión crean empleos en Yellowknife, ahora en gran medida una ciudad gubernamental.

“Esa mina sigue generando dinero”, dijo Walt Humphries, quien encabeza una campaña para convertir al ex centro recreativo de Giant Mine en un museo. “Y generará dinero en los años por venir”.

 

10 mil minas abandonadas se encuentran en el norte de Canadá.

 

900 millones de dólares invierte Canadá en la seguridad de la Giant Mine.