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Los confundidos por la economía argentina bien harían en escuchar a Puff Daddy. Pregunten qué aqueja al país, y la respuesta se hará eco de la oda a los billetes de 100 dólares del rapero en 1997: "It´s All about the Benjamins" ("Todo gira en torno a los Benjamines").

Si el gobierno argentino hubiera resuelto su disputa con los inversionistas “renuentes”, en vez de incumplir con sus pagos en julio pasado, ahora podría echar mano de los mercados internacionales para buscar divisas duras. En vez de ello, está pasando apuros para administrar sus exiguas reservas, que rondan los 28,000 millones de dólares. La economía está estancada, el peso está cayendo en los mercados no oficiales y la inflación está aumentando.

Las posibilidades de un final feliz para esta situación empeoraron el reciente 1 de octubre, cuando Juan Carlos Fábrega, el gobernador del Banco Central argentino, renunció después de menos de un año en el puesto. Fábrega había estado enfrentándose desde hace tiempo al ministro de Economía, Axel Kicillof.

A principios de este año, combatiendo una tasa inflacionaria que se espera alcance el 40 por ciento este año y buscando conservar las reservas del país, Fábrega había apoyado medidas para elevar las tasas de interés y devaluar el peso. Kicillof se quejó de que estas decisiones congelaban la actividad económica.

Fernández acusa

El 30 de septiembre, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner intervino decisivamente, acusando de hecho a Fábrega de haber divulgado información confidencial a los bancos de país para que debilitaran al peso. Pronto le siguió la renuncia de Fábrega. Su sucesor es Alejandro Vanoli, un leal de Fernández que previamente había encabezado la Comisión Nacional de Valores. Aunque quizá disfrute de una mejor relación con el Ejecutivo que Fábrega, su tarea no será más fácil.

La perspectiva de entradas de dólares parece sombría. El precio de la soya, la principal exportación de Argentina y su principal fuente de dólares, se ha desplomado en casi 35 por ciento durante los últimos tres meses, alcanzando su nivel más bajo en cuatro años. En parte con la esperanza de que esta tendencia se revierta, y por otra parte, por el temor a que el gobierno devalúe más el peso. Por ejemplo, los agricultores están acaparando la soya en vez de venderla.

Mientras tanto, el gobierno no puede frenar la salida de divisas mucho más de lo que ya lo ha hecho. Los argentinos no han podido comprar dólares libremente a través de canales oficiales desde 2011, cuando el gobierno los controló para frenar la fuga de capitales.

Desde enero pasado, cuando el gobierno devaluó el peso en 20 por ciento, los argentinos que ganan más de unos 1,000 dólares al mes han podido cambiar hasta una quinta parte de sus salarios al tipo de cambio oficial. Quienes desean cambiar más de sus pesos volátiles y plagados por la inflación por monedas estables deben hacerlo en un mercado paralelo, llamado "blue".

Llamado a la calma

El tipo de cambio del dólar blue, a menudo considerado como un manómetro económico, ascendió al nivel récord de 16 pesos por dólar a fines del mes pasado. En respuesta, el gobierno ha dicho a la gente que se calme.

“Respecto a la psicosis de que no hay dólares y de que tienen que acudir a mercados ilegales para conseguirlos", dijo el viceministro de Economía, Emmanuel Álvarez, "debo decir: la sociedad necesita calmarse”.

Desde entonces, el tipo de cambio blue ha bajado un poco, a 15.60 por dólar, pero sigue siendo mucho más débil que el tipo de cambio oficial de US$8.50.

Con menos dólares disponibles, las importaciones han caído: Argentina importa principalmente insumos, esto a su vez ha desacelerado la actividad económica en general. Según datos recolectados por la Fundación para la Investigación Económica en Latinoamérica, la producción industrial fue 9.7 por ciento menos en agosto pasado que en el mismo período de 2013.

 

"Respecto a la psicosis de que no hay dólares y de que tienen que acudir a mercados ilegales para conseguirlos, debo decir: la sociedad necesita calmarse".

Emmanuel Álvarez, viceministro de Economía.

 

35 Por ciento se desplomó en los últimos tres meses el precio de la soya, el principal producto exportable de Argentina.

 

40 Por ciento se espera que alcance la tasa de inflación de este año en Argentina.

 

Cae la inversión interna

Impacto• Orlando J. Ferreres and Associates, una firma consultora, registró un descenso de 3.5 por ciento en la inversión interna bruta durante el mismo período.

En un sondeo reciente de 165 empresas argentinas, 33 por ciento admitió haber despedido personal. Quienes siguen trabajando están viendo cómo los crecientes precios devoran sus ingresos.

Enfrentado con este feo panorama, el gobierno argentino parece haber regresado a su antiguo truco de manipular los datos. El 24 de septiembre, la agencia nacional de estadísticas, Indec, anunció que la economía había crecido un 0.9 por ciento en el segundo trimestre, saliendo por tanto de la recesión.

Estimaciones privadas cuentan una historia diferente. Econviews, otra consultora económica, reportó una contracción del 0.4 por ciento en el segundo trimestre y escribió en un informe: "Los indicadores de Indec se han apartado de los nuestros de nuevo, pese a las nuevas metodologías oficiales".

Manipular las cifras puede funcionar por un tiempo, pero no es una solución a largo plazo. El perspicaz Puff Daddy tenía razón: el álbum del cual se tomó "It´s All about the Benjamins" se llama "No Way Out" ("Sin Salida").