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  • The Economist

Son los primeros días, pero la campaña que Barack Obama anunció hace casi exactamente un mes para "degradar y finalmente destruir" al Estado Islámico, EI, no está yendo bien.

Tanto en Siria como en Irak, el EI está anotándose victorias contra Occidente y sus aliados árabes sunitas. La estrategia de la coalición está acosada por contradicciones y restricciones autoimpuestas, siendo dos de los peores infractores los dos países que pudieran hacer más por degradar al EI: Estados Unidos y Turquía.

La coalición debe superar estos inconvenientes, o el EI terminará siendo validado ante los ojos de los potenciales yihadistas; totalmente lo contrario a lo que los líderes de la coalición pretenden lograr.

La estratégicamente importante localidad de Kobane, en la frontera con Turquía, ha sido penetrada por combatientes del EI fuertemente armados y rodeada por tres costados.

Los ataques aéreos de la coalición han retrasado la caída de la ciudad, pero probablemente solo por unos cuantos días. Si Kobane sucumbe habría un coro de demandas para un redoblado esfuerzo de la coalición, compensado por funestas advertencias de los riesgos de una misión lenta.

El EI representa una amenaza para todo Medio Oriente y es potencialmente una fuente de terrorismo contra Occidente. Así que aplicar más esfuerzo tiene sentido, pero solo si la campaña puede resolver sus contradicciones.

Intereses turcos

Esa tarea comienza en Turquía. Pese a una votación en el Parlamento en Ankara el 2 de octubre, que autorizó a las fuerzas del país a operar en Siria, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, está involucrado en un elaborado acto de malabarismo.

Dice, correctamente, que los ataques aéreos por sí solos no pueden vencer al EI y que se deben utilizar todos los medios para derrotarlo. Pero aun cuando ha estacionado tanques a lo largo de la frontera, se niega a ayudar a los kurdos, a quienes ve como sus enemigos. En realidad, aun mientras deja a Kobane a su suerte, su policía antimotines está matando a los kurdos que protestan dentro de Turquía.

Erdogan parece receloso de ofrecer algo más que el apoyo retórico turco a la coalición, a menos que Estados Unidos ponga en vigor un amortiguador y una zona de proscripción de vuelos en el lado sirio de la frontera. También está insistiendo en que Estados Unidos debería tener como mayor prioridad remover al régimen de Assad antes que hacer frente al EI.

La estrategia de Estados Unidos también está acosada por tensiones. Aunque quiere ver la caída de Assad, se muestra renuente a unirse a esa pelea por ahora, en parte porque el éxito en Irak depende de convencer al Gobierno en Bagdad de volverse lo suficientemente inclusivo para atraer a las tribus sunitas alienadas.

Y para eso necesita la ayuda de Irán, el aliado más cercano de Assad. Mientras tanto, la colaboración de Estados Unidos con el Gobierno encabezado por chiitas no ha hecho más fácil para este ganarse a los suspicaces sunitas.

Seguridad deteriorada

Aunque los ataques aéreos han ayudado a los kurdos a retomar parte del terreno frente al EI, la seguridad en la provincia de Anbar dominada por sunitas ha seguido deteriorándose.

Después de que combatientes del EI invadieron algunas bases del ejército iraquí y se apoderaron del control de Abu Ghraib, teniendo al alcance de tiro al aeropuerto internacional de Bagdad, Estados Unidos envió helicópteros artillados Apache a atacar a blancos del EI a lo largo de la carretera que conduce del oeste de Bagdad al bastión del EI de Faluya.

Llamar a los Apaches —no a fuerzas terrestres, quizá, pero ciertamente fuerzas en el aire— es una admisión de que los veloces jets de gran altura tienen sus limitaciones.

La coalición también se enfrenta a la ley de consecuencias no intencionales. Después de su primer gran ataque en Siria, ha apuntado a las refinerías petroleras que ayudan a financiar las actividades del EI y otras partes de la infraestructura del EI.

Pero la acción militar también ha llevado al menguante grupo de "rebeldes moderados" —a los que Estados Unidos pretende entrenar y armar— a abrazar a los grupos yihadistas, como la afiliada de Al Qaeda Jabhat al-Nusra, que ahora describe a la coalición como un títere anti-sunita del régimen de Assad.

 

El Estado Islámico representa una amenaza para todo Medio Oriente y es potencialmente una fuente de terrorismo contra Occidente.

 

21 naciones integran la coalición de países que combate a los yihadistas en Irak y Siria, unidos con el fin de destruir al Estado Islámico.

 

130 mil habitantes del norte de Irak, huyeron aterrorizados a Turquía para escapar del avance de las milicias yihadistas.

 

Los errores de Obama

Dilema. John Allen, un exgeneral y enviado especial de Obama para la coalición contra el EI, voló a Ankara esta semana en un esfuerzo por encontrar terreno común con los turcos.

Nadie afirmaría que hay respuestas fáciles para Obama o para Erdogan, pero ambos son culpables de desear un fin mientras escatiman los medios para alcanzarlo.

En el caso de Erdogan, no tiene sentido afirmar que respalda el esfuerzo para derrocar al EI mientras deja que los kurdos de Kobane sean asesinados. Si la ciudad cae, tanto la reputación de Turquía como su seguridad sufrirán un golpe doloroso.

Es mejor que actúe como un miembro pleno de la coalición y use la buena voluntad que esto genere para influir en ella desde dentro. Erdogan debería usar sus tropas para salvar a Kobane; y dar a Estados Unidos permiso de volar desde la gigantesca base aérea de la OTAN en la cercana Incirlik.

Por su parte, Obama necesita enfrentar dos cosas. Primero, la mayor parte de la coalición quiere ver caer a Assad; sus brutalidades en serie contra su propio pueblo han horrorizado a los sunitas en todas partes.

Rusia e Irán han insinuado que aceptarían a un personaje militar más pragmático en su lugar si sus intereses fueran respetados. Obama debería trabajar con base en ello.

Segundo, la lucha contra el EI no puede tener éxito sin tropas competentes en el terreno para guiar a los aviones de la coalición hacia sus blancos, perseguir a los líderes del enemigo y tomar y retener territorio.

Eso demanda el uso de fuerzas especiales en grandes cantidades y en más misiones. Otras tropas necesitan ser incrustadas en las mejores unidades iraquíes para entrenarlas y orientarlas.

Cuando Martin Dempsey, el presidente del Estado Mayor Conjunto, pidió eso, fue rechazado por Obama. Con esas acciones, el presidente pretende mostrar resolución, pero la gente a la que más tranquiliza es a los yihadistas.