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"No le daremos puntapiés cuando esté caído, al menos no por un par de días": ese es el punto esencial de un presunto pacto alcanzado por 18 bancos mundiales esta semana, los cuales acordaron no retirar abruptamente los contratos que tengan entre sí en caso de que uno de ellos se frene de golpe.

Aunque pudiera sonar modesto, los reguladores lo ven como los cimientos de un muro cortafuego para frenar la propagación de futuras crisis financieras.

El acuerdo concierne a los derivados, contratos cuyo valor "se deriva" del desempeño de un activo subyacente como una acción, moneda o bono.

Los bancos los usan para compensarse o especular, para disgusto de los reguladores, a quienes no les agrada lo difíciles que son de valuar y cuán fácilmente pueden enredar a las instituciones financieras en una maraña de interdependencia.

Si un banco se beneficia al invocar su derecho a demandar una compensación temprana de esos contratos cuando una contraparte se topa con problemas, tiende a hacerlo, como es natural.

Lehman Brothers descubrió esto en 2008; los abogados especializados en bancarrotas siguen desenmarañando la madeja. Sin embargo, si todos cortan lazos y corren a la vez, la parte afectada tiene que desembolsar efectivo cuando menos puede permitírselo, lo que profundiza la crisis.

Reglas mundiales

En comparación, una breve pausa daría a los reguladores tiempo para corregir a un banco en problemas, forzándolo a vender unidades aún saludables, digamos.

Estados Unidos y Europa han instituido esas moratorias desde la crisis, pero estas no aplican a los convenios transfronterizos.

Están en preparación las reglas mundiales que extienden el principio a las administradoras de activos y otros.

Los bancos esperan que su ajuste voluntario aminore la preocupación de los reguladores de que muchos de ellos siguen siendo "demasiado grandes para quebrar".

Los funcionarios están cada vez más ansiosos de encontrar una manera de cerrar firmas financieras enfermas sin provocar un pánico mundial.

Los reguladores estadounidenses devolvieron para revisión los 11 "documentos de voluntades anticipadas" que han recibido de los bancos, los cuales explican cómo podrían reducirse en una crisis. Pero al menos un elemento de esa resolución está ahora más claro.

 

Los bancos esperan que su ajuste voluntario aminore la preocupación de los reguladores de que muchos de ellos siguen siendo "demasiado grandes para quebrar".