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  • The Economist

El anuncio esta semana de que la economía de China había crecido en 7.3% en el tercer trimestre, de un año a otro, fue visto ampliamente como si marcara la “nueva normalidad” de un crecimiento más lento en el país. Estuvo muy por debajo del ritmo de aproximadamente 10% que China había promediado desde 1980 hasta hace dos años.

Sin embargo, según un nuevo informe elaborado por Lant Pritchett y Larry Summers, de la Universidad de Harvard en Cambridge Massachusetts, sigue siendo anormal: el crecimiento chino probablemente será aún menor en el futuro.

Los pronosticadores a menudo extrapolan las tasas de crecimiento recientes, señalan los autores. El Fondo Monetario Internacional, por ejemplo, proyecta que el crecimiento de China se desacelerará casi imperceptiblemente durante los próximos cinco años, de alrededor de 7.4% este año a 6.3% para fines de la década.

Sin embargo, Pritchett y Summers señalan que si es posible inferir algo con base en los patrones de crecimiento pasados en todo el mundo, es que las economías sufren de una “regresión a lo mezquino”: Las tasas de crecimiento en países que han estado creciendo rápidamente tienden a descender, a menudo de forma significativa, hacia el promedio mundial a largo plazo, de alrededor de 2% por año en PIB real per cápita.

Aguda desaceleración

Dada esta tendencia, el largo hechizo de crecimiento vertiginoso de China, de más de 6% anual desde 1977, ya destaca. Es, según estiman los autores, el período más largo “muy posiblemente en la historia de la humanidad, pero ciertamente en los datos”.

En casi todos los otros episodios remotamente comparables, el rápido crecimiento terminó en una aguda desaceleración, con un descenso medio en la tasa de crecimiento de 4.7 puntos porcentuales. El pronóstico del FMI para el crecimiento de China durante los próximos cinco años podría parecer ligeramente pesimista, pero es ampliamente optimista según los estándares históricos.

Los optimistas sobre China podrían preguntar qué es lo que restringirá el crecimiento de China, pero los autores estiman que debería ser al revés: debería ser la obligación de los optimistas explicar por qué China debería seguir desafiando a la historia.

Las desaceleraciones a menudo ocurren pese a perspectivas aparentemente sólidas. Tanto Brasil en 1980, como Japón en 1991, parecían gigantes, sin embargo, apenas se las ingeniaron para crecer en cuanto al PIB real per cápita durante los siguientes 20 años. Una desaceleración no es un signo de fracaso, escriben los autores. Más bien, el crecimiento rápido persistente sugiere una fortuna o estrategia inusualmente buena.

En China, eso ha significado un amplio avance hacia mercados más liberales. Sin embargo, los autores sugieren que el camino por delante es traicionero.

Camino traicionero

Los países más ricos casi uniformemente son mucho más democráticos que China. No obstante, una transición democrática –si China se embarcara en una– casi siempre coincide con un período de crecimiento declinante, siendo una notable excepción Corea del Sur en los años 80.

Para que China mantenga su índice de crecimiento actual, en otras palabras, tendría que vencer las probabilidades en múltiples aspectos. Las reglas generales históricas más seguras implican que, dentro de 20 años, la economía de China, medida según los tipos de cambio del mercado, probablemente seguirá siendo más pequeña que la de Estados Unidos.

 

Las tasas de crecimiento en países que han estado creciendo rápidamente tienden a descender, a menudo significati-vamente, señalan los especialistas.