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En sus nueve años en Dallas como presidente de una de las 12 sucursales regionales de la Reserva Federal, Richard Fisher ha votado ocho veces contra la política monetaria de la FED, siempre a favor de una postura más restrictiva. No dado a dejar que su voto hable por sí mismo, Fisher ha comparado a las compras de bonos de la FED con bourbon servido a un alcohólico, con "yesca inflacionaria seca" y con agua que se vierte sobre "la borda del barco de nuestra economía".

Por tanto, pocos estuvieron más felices que Fisher el mes pasado, cuando la FED decidió poner freno a su tercera ronda de compra de bonos, conocida como "relajación cuantitativa". Él y su compañero Charles Plosser, presidente de la FED de Filadelfia, registraron su aprobación al no disentir.

En vez de ello, la oposición se trasladó a los que antes estaban de acuerdo, en la forma de Narayana Kocherlakota, presidente de la FED de Minneapolis, quien quería más compra de bonos y un compromiso más firme para hacer subir la inflación.

El Comité Federal de Mercado Abierto, que vota sobre la política monetaria, normalmente está compuesto de los siete gobernadores basados en Washington de la FED, más los presidentes de los bancos regionales, de los cuales votan cinco: el de Nueva York y otros cuatro en rotación.

El consenso

Las recomendaciones estratégicas son formuladas principalmente por la presidenta Janet Yellen, que trabaja de cerca con el vicepresidente Stanley Fischer y Bill Dudley, presidente de la FED de Nueva York. Yellen y Dudley están a favor de la relajación cuantitativa, Fischer es más centrista. En la práctica, sin embargo, Yellen se esfuerza por el consenso, lo cual en ocasiones significa dejar de lado sus opiniones sobre los acontecimientos económicos y adaptarse a las de sus colegas.

Esa tarea se ha vuelto más difícil en los últimos años conforme los miembros del comité han disentido con creciente frecuencia y verbosidad. Kocherlakota, por ejemplo, ha disentido dos veces este año y ha emitido declaraciones explicativas poco después.

Los disidentes rara vez cambian la dirección de la estrategia, especialmente en el caso de disidentes seriales como Fischer y Plosser, cuyas advertencias de inflación han encontrado poca resonancia entre sus colegas o en los datos, pero su influencia aún se siente fuera de la FED, gracias a los cambios en la forma en que se comporta el Banco Central. Su uso de la orientación a futuro para guiar los rendimientos de los bonos da poder a los funcionarios que hablan más. En 2013, los dos funcionarios que, aparte de la presidenta, movieron más al mercado fueron Fischer y James Bullard, presidente de la FED de San Luis, porque hablaron demasiado, según Macroeconomic Advisers, una compañía de pronósticos.

Asientos vacantes

El impacto de los disidentes también ha sido realzado por la publicación trimestral de los pronósticos de los funcionarios de las tasas de interés para los próximos dos o tres años. Cada pronóstico es representado por un punto en una gráfica. Como los puntos son anónimos, un cambio en los puntos es tomado como si representara a toda la FED, cuando de hecho simplemente podrían ser solo las opiniones atípicas. Ese cambio sacudió al mercado en septiembre pasado.

Dado eso, el hecho de que tanto Fischer como Plosser se vayan a retirar el año próximo debe facilitar más el trabajo de Yellen. Sin embargo, eso dependerá de quiénes los reemplacen, una decisión que está en manos de los consejos de sus bancos y, lo más importante, de quiénes ocupen dos asientos de gobernadores vacantes.

El presidente Barack Obama aún no nomina a nadie, pero ha sido presionado para que nomine a un banquero comunitario y a alguien con experiencia reguladora. Sin embargo, los republicanos asumirán el control del Senado en enero próximo, y probablemente rechazarán a cualquier nominado al que consideren demasiado blando.

También en enero, Jeffrey Lacker, presidente de la FED de Richmond, recibirá un voto. Lacker es incluso más duro que Fisher, habiendo disentido 13 veces en su periodo en el Comité Federal de Mercado Abierto. Yellen tendrá una tarea difícil.

 

El mes pasado, la FED decidió poner freno a su tercera ronda de compra de bonos, conocida como "relajación cuantitativa", debido a la oposición de la mayoría.