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Japón trató de negociar el primer acuerdo comercial transpacífico hace exactamente 400 años. Envió a un samurái perfectamente ataviado, Hasekura Tsunenaga, a Europa vía Acapulco, a solicitar el derecho de comerciar directamente con la Nueva España, ahora conocida como México.

Entre otras cosas, necesitaba permiso del Papa. Sin embargo, como el shogún estaba masacrando católicos en ese entonces, no lo comprendió.

Apenas en la última década, finalmente, han comenzado a florecer esos acuerdos. No obstante, siguen estando dominados por intereses que van más allá de principios básicos del comercio y entran en el terreno de la geopolítica. Estados Unidos y China están siguiendo tres caminos separados hacia acuerdos comerciales que ayudarían a definir el futuro del comercio transpacífico. Uno de los tres no incluye a China, otro excluye a Estados Unidos y el tercero sigue siendo una quimera.

Los tres involucran acrónimos difíciles de manejar, aunque el que gane pudiera un día volverse tan conocido como el NAFTA, sigla en inglés del Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio. El más avanzado es el Acuerdo Transpacífico encabezada por Estados Unidos (o TPP, por sus siglas en inglés), del cual China no forma parte. En un camino paralelo, aunque más retrasado, está la Asociación Económica Amplia Regional (o RCEP, por su sigla en inglés), que cubre solo a los países asiáticos e incluye a China, más varios países que también están negociando el TPP.

Una vieja idea

El sueño distante es el Área de Libre Comercio del Asia-Pacífico (FTAAP, por sus siglas en inglés), que incluiría tanto a Estados Unidos como a China, y posiblemente uniría a elementos del TPP y la RCEP. China impulsó al FTAAP previo a la cumbre del APEC (siglas en inglés del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) de 21 países celebrada en Pekín en noviembre, dando un nuevo respiro a una vieja idea.

Como escriben Peter Petri y Ali Abdul-Raheem en un nuevo estudio para el Consejo de Cooperación Económica del Pacífico: “Casi 50 años después de que fuera propuesto por primera vez, está cobrando fuerza debido al surgimiento de las iniciativas de la RCEP y el TPP, y el continuo estancamiento en las negociaciones comerciales mundiales”.

Como lo ven los expertos en comercio, el TPP es el más ambicioso a corto plazo. Está dominado por Estados Unidos y Japón, pero también incluye a Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Juntos estos países representan alrededor de 40 por ciento del PIB mundial, lo que le hace el mayor acuerdo de libre comercio potencial de Estados Unidos. El gobierno del presidente Barack Obama espera que sea complementada pronto por un acuerdo aun más ambicioso con la Unión Europea.

Estados Unidos, que ya tiene acuerdos comerciales con seis países del TPP, ve la apertura con Japón como el premio mayor. Sin embargo, el TPP no está destinado solo a desmantelar barreras comerciales. También pretende abordar temas difíciles como la propiedad intelectual, los servicios, las adquisiciones gubernamentales y los estándares laborales y ambientales. Ya que sus miembros incluyen a economías como Malasia y Vietnam, cuyas cadenas de suministro dependen de la mano de obra barata, siempre es probable que las negociaciones sean complicadas. Cuando Japón, al que le gusta consentir a sus agricultores, se unió en 2013, se volvieron aún más complicadas.

Internet libre

Después de 19 rondas de negociaciones, sin embargo, se ha hecho un considerable avance. Hay una fuerte campaña para concluirlo para fines de este año, aunque el año pasado se dejó pasar una fecha límite similar.

La RCEP, que es encabezada por la ANSEA (Asociación de Naciones del Sureste Asiático), tiene la poco envidiable tarea de unir a China y Japón en la misma mesa. Está más enfocada que el TPP en el acceso al mercado y en allanar el camino para las cadenas de suministro, pero incluye a la remolona India y podría sufrir por el cauteloso estilo de negociar por consenso de la ANSEA.

Michael Froman, representante comercial de Estados Unidos, dijo que el TPP gira en torno de asegurar altos estándares laborales, exponer a empresas estatales a una competencia pareja con empresas privadas e incluir la actividad digital “para garantizar un Internet libre y abierto”. Cuando celebró conversaciones informales con sus contrapartes del TPP en una reunión en agosto en Myanmar, les preguntó sobre la RCEP y no le impresionó lo que escuchó. Mientras que el TPP pretende eliminar casi todos los aranceles, India estaba pidiendo a la RCEP que mantuviera la cifra en 40 por ciento. China estaba en algún punto intermedio, al parecer esperando ver donde terminaban todos los demás.

De manera predecible, en anticipación de la cumbre de la APEC de 21 países en Pekín este mes, Estados Unidos y China también se enfrentaron por el plan para el FTAAP que está siendo promovido por China.

TPP más riguroso

Wang Shouwen, viceministro de Comercio de China, describió memorablemente al TPP y la RCEP como “dos llantas de una bicicleta”, y el gobierno de Obama se ha sentido alentado al descubrir que el gobierno chino ya no descarta al TPP como una conspiración contra China. Sin embargo, gente dentro de la APEC dice que funcionarios estadounidenses se han opuesto al plan de China para un estudio de factibilidad del FTAAP, y no están de acuerdo con que sea el momento oportuno. Como dijo un funcionario, Estados Unidos está “resuelto a lograr un avance en el TPP” y no quiere que lo distraiga el FTAAP.

Las dos naciones también difieren sobre cuál debería ser el principal bloque para construir el FTAAP. Eventualmente, a Estados Unidos le gustaría incorporar a China al TPP y usar eso como la base para un acuerdo transpacífico altamente sofisticado. Sin embargo, China será renuente a aceptar las reglas estadounidenses sobre cosas como las empresas estatales y el acceso a Internet, y tomar la ruta de la RECP le daría más voz.

Petri y Abdul-Raheem piensan que un acuerdo comercial entre Estados Unidos y China generaría grandes ganancias, sin importar cuál sea la ruta. Estiman, sin embargo, que un modelo al estilo TPP más riguroso atraería beneficios económicos con un valor de casi US$1 billón más que uno basado en la RCEP, aunque sería mucho más difícil convencer a China de que lo acepte.

No obstante, el propio TPP aún tiene enormes obstáculos que superar, principalmente políticos en vez de técnicos. El principal dolor de cabeza de la administración de Obama --algunos dicen que infligido por ella misma-- es otro acrónimo, la Autoridad de Promoción Comercial (o TPA, por sus siglas en inglés). Esta permite al gobierno estadounidense negociar acuerdos de libre comercio sin que puedan ser desintegrados después. El Congreso solo puede validar o rechazar en bloque lo que ha sido negociado. Anteriormente llamada “vía rápida”, la TPA caducó para nuevos acuerdos comerciales en 2007. Desde 2012, la Casa Blanca ha estado buscando una renovación, pero incluso sus propios demócratas en el Capitolio lo han obstruido.

Enorme cabildeo

Los obstáculos de Japón son más elegíacos que la TPA, pero están igualmente atrincherados. Tienen que ver con el arroz y otros productos “sagrados” de la tierra, como el trigo, la carne de res y cerdo, los productos lácteos y el azúcar. Los agricultores japoneses son pocos y están dispersos, y la mayoría de ellos están entrados en años; pero, como guardianes de las cosechas más apreciadas de la nación, no ceden ante nadie. Respaldados por JA, un enorme cabildeo agrícola basado en Tokio, han pasado sus vidas resistiéndose a los esfuerzos para reducir los aranceles sobre esos productos. El economista Richard Katz dijo que su duro trabajo rural produce solo 0.8% del PIB de Japón, pero igualan al Congreso de Estados Unidos en tener como rehén al TPP.

En septiembre, solo días después de que el Primer Ministro Shinzo Abe reiterara en Estados Unidos que el TPP era crucial para elevar la competitividad agrícola de Japón y ayudarle a adaptarse a una sociedad en envejecimiento, las conversaciones sobre el TPP entre los dos países se suspendieron abruptamente. Cada bando culpó al otro, aunque los estadounidenses continúan sospechando que el problema no es el propio compromiso de Abe, sino el peso que los agricultores tienen entre sus burócratas. Por su parte, los japoneses se dan cuenta de que su mejor oferta nunca podría ser lo suficientemente buena para el Congreso de Estados Unidos, así que sin TPA probablemente no haya un TPP.

Froman, el negociador comercial, puso al TPP en un contexto intimidantemente ambicioso. Le llamó central para el giro de Estados Unidos hacia Asia, una oportunidad de demostrar el compromiso del país en crear instituciones que moderen las disputas territoriales y una oportunidad de demostrar a las economía emergentes, es decir China, cuáles reglas económicas debería seguir la economía mundial.

“En una época en que hay incertidumbre sobre la dirección del sistema comercial mundial”, dijo, “el TPP puede desempeñar un papel central en establecer las reglas del camino para una región crítica en cambio continuo”.

 

50 años después de que fuera propuesto el acuerdo comercial Asia-Pacífico, está cobrando fuerza.

 

21 Países participaron en la última cumbre de APEC celebrada en Pekín este mes.

 

El Acuerdo Transpacífico encabezado por EE.UU. es el más ambicioso a corto plazo. Está dominado por 12 países que representan el 40% del PIB mundial.

 

Liderazgo de EE.UU. y riesgo

PERSPECTIVA. El otro lado de esto es que el fracaso se vuelve un riesgo aun más grande, el cual Froman reconoce. Quizá en un esfuerzo por hacer actuar a un Congreso letárgico e introspectivo, hizo la dramática afirmación de que el fracaso pudiera significar que Estados Unidos “renunciaría a su lugar en el centro de la economía global”.

Muchos expertos en Washington coinciden en que el liderazgo estadounidense en Asia está en la mesa. Michael Green del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales, dijo que un fracaso del TPP “socavaría la impresión de Estados Unidos como una potencia en el Pacífico y parecería una abdicación del liderazgo”.

También retiraría la presión sobre Japón y China para que reformen sus economías. Mireya Solís, una experta en Japón en el izquierdista Instituto Brookins en Washington, dijo que sería un “golpe devastador para la credibilidad de Estados Unidos”.

Esas opiniones son repetidas en el este asiático. Tay dijo que el fracaso del TPP sería un desastre. “Si los asuntos económicos de estos dos países no pueden ser resueltos”, dijo, “no se percibe que la alianza entre Estados Unidos y Japón pueda ofrecer algún tipo de orientación para la región”.

Deborah Elms, directora del Centro Comercial Asiático basado en Singapur, sugiere que hasta ahora el giro estadounidense hacia Asia se ha manifestado, principalmente, como 1,000 infantes de marina extra acantonados en Australia.

“Sin el TPP”, dijo, “todo el giro representa unos cuantos soldados extra en el terreno en Darwin”. Incluso, miembros de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos están preocupados.

“El TPP une a países que están comprometidos con un futuro basado en el libre comercio, con la transparencia y con un estado de derecho”, dijo un oficial de alto rango que presta servicio en el Pacífico. “Es el modelo que Estados Unidos y Europa han promovido contra el promovido por China. Es una oportunidad para mover el arco del desarrollo chino, o identificarlo como un no participante”.

Cuando Obama menciona al TPP, sin embargo, habla principalmente de proteger los empleos estadounidenses en vez de salvaguardar el lugar de Estados Unidos en el mundo. El presidente nunca ha respaldado totalmente forzar una votación en el Congreso sobre la TPA.

Aún hay tiempo de que él y Abe rescaten las conversaciones comerciales. Sin embargo, a menos que Obama dirija desde el frente, el propio liderazgo de Estados Unidos en el Pacífico, parecerá menos convincente de lo que ha prometido repetidamente.