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Volantes de reclutamiento están siendo repartidos en la plaza principal de Los Ramones, una ciudad anteriormente aletargada de arbustos rodadores y bares de piso de aserrín 100 kilómetros al sur de la frontera de México con Estados Unidos. El llamado es para que los trabajadores comiencen a construir la segunda etapa de un gasoducto que se dirigirá al sur hacia el centro de México, aun antes de que la primera etapa del ducto haya sido inaugurada.

El gasoducto de Los Ramones es la columna vertebral de una propuesta red de transporte de gas natural de 9,980 kilómetros que pudiera conducir a la transformación de la industria energética de México. El 1º de diciembre, cuando el gas empiece a fluir desde Texas a Los Ramones a lo largo de la primera etapa de la tubería, el mercado del gas de México estará físicamente conectado al del resto de Norteamérica por primera vez.

Emilio Lozoya, director ejecutivo de la compañía petrolera estatal Pemex, señala que esto significa que México empezará a beneficiarse del gas de esquisto barato que ha elevado las perspectivas de todo tipo de empresas al norte de la frontera.

Las implicaciones de este paso pudieran ser profundas para la industria mexicana. Alrededor de una quinta parte de la electricidad del país es generada ahora con sucio y costoso petróleo, lo cual, excluyendo los subsidios, hace que el costo de la energía eléctrica para los usuarios industriales sea 75 por ciento más alta que en

Estados Unidos.

Un mayor suministro de gas a través de los ductos, aunado a una reciente liberalización del mercado de la electricidad para alentar la construcción de nuevas plantas de energía, pudiera empezar a hacer bajar los precios para los usuarios industriales en un plazo de dos años, dicen funcionarios. Eso haría a las empresas de exportaciones más boyantes de México, como la automovilística y la aeroespacial, incluso más competitivas.

Revolución energética

Sin embargo, esto es solo una parte de una revolución energética que está a punto de experimentar México ahora que ha cambiado su Constitución, y se han aprobado leyes facultativas, para poner fin al monopolio de 76 años de Pemex sobre la producción de petróleo y gas. Se están abriendo todos los aspectos del mercado energético. Un país con enormes reservas potenciales – incluidos extensos lechos de esquisto que reflejan los que hay al otro lado de la frontera en Estados Unidos, aunque con más obstáculos legales – se dispone a explotarlas más eficientemente.

Alrededor del 15 de noviembre, el gobierno planea iniciar el proceso de invitar a compañías petroleras privadas, nacionales y extranjeras, a presentar ofertas para los primeros nuevos bloques de exploración, en aguas superficiales frente a la costa del Golfo. Para marzo de 2015, las principales empresas petroleras mundiales echarán su primer vistazo al proceso de licitación para algunas de las perspectivas más halagüeñas de todas, los mayormente inexplorados sitios de aguas profundas en la parte mexicana del Golfo.

La “Ronda Uno” del proceso de licitación también incluirá a varios bloques de exploración en la costa. El gobierno espera que, durante los próximos cuatro años, los licitadores ganadores en esta ronda inviertan unos 50,000 millones de dólares en los bloques que ganen.

Además de poder presentar ofertas para campos petroleros y campos gaseros, y construir plantas generadoras de electricidad, las empresas privadas tendrán más libertad para invertir en ductos, puertos y otra infraestructura, algo que Pemex, escaso de fondos, no ha podido hacer hace tiempo. Si todo va según lo planeado, la afluencia de capital y la caída de los costos de la electricidad impulsarían la productividad y las utilidades en toda la industria mexicana, elevando así la anémica tasa de crecimiento del país, lo cual es el objetivo principal que el Presidente Enrique Peña Nieto tenía en mente al promover las reformas energéticas.

Cautiva la imaginación

Las empresas extranjeras están impresionadas con la velocidad con la cual Peña Nieto está impulsando reformas que eran casi impensables hace apenas unos años, incluso en medio de la turbulencia política.

“México realmente ha cautivado la imaginación del sector energético mundial”, dice Enrique Hidalgo de Exxon Mobil, la compañía petrolera más grande de Estados Unidos. Sin embargo, los potenciales licitadores siguen esperando los detalles de todos los requerimientos técnicos y financieros que tendrán que satisfacer.

Las empresas privadas, nacionales y extranjeras, también estarán buscando indicios de que el gobierno habla en serio sobre garantizar que puedan competir justamente contra Pemex y otro gigante energético estatal, la Comisión Federal de Electricidad. Funcionarios de Pemex insisten en que están totalmente contentos de ver la entrada de competidores, porque tendrán lo suficiente a la mano para reformar a la ineficiente e inflada compañía y revertir su declinante producción petrolera.

El gobierno está realizando una campaña de comunicaciones para asegurar a los inversionistas que habrá suficiente espacio para que nuevos actores prosperen junto con los dos gigantes estatales, dada la enorme cantidad de reservas no aprovechadas de que goza el país, la enorme necesidad de nueva infraestructura y la fuerte demanda de gas y electricidad baratos.

El riesgo

Los diversos organismos reguladores que supervisan la industria energética han recibido nuevos mandatos para evitar el dominio del mercado, señala Francisco Salazar, el jefe de uno de ellos, la Comisión Reguladora de Energía, y a la agencia antimonopolios nacional se le ha concedido poder para intervenir en los mercados energéticos.

Sin embargo, los líderes empresariales mexicanos se preguntan cuán fácil será para los dos gigantes estatales sacudirse su mentalidad monopolista. “El riesgo es que uno piense que tiene un campo de juego nivelado y se encuentre contra dos Sansones”, dijo Jaime Williams del Consejo Coordinador Empresarial, un grupo cabildero.

Funcionarios también están tratando de disipar otras tres nubes de duda que últimamente se han proyectado sobre las reformas energéticas. La primera es el declinante precio del petróleo. Funcionarios de Pemex argumentan que esto incluso podría resultar ser una ventaja para México, ya que la extracción de su nuevo petróleo será relativamente barata.

Muchos de los nuevos bloques de exploración tendrán costos totales de quizá entre 40 y 45 dólares por barril, dicen, cómodamente por debajo de los 77 dólares por barril a los cuales se vendió el crudo tejano esta semana. Las empresas mundiales, por tanto, podrían perder interés en proyectos más costosos en otras partes del mundo y volver su atención a México.

 

75 Por ciento mayor es el costo de la energía eléctrica en México para los usuarios industriales, en comparación con EE.UU.

 

40 Dólares por barril aproximadamente sería el costo total de los nuevos bloques de exploración.