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El cacerolazo está de vuelta. El 13 de noviembre, varios miles de personas se reunieron en Buenos Aires afuera de la Casa Rosada, la residencia presidencial argentina, para protestar contra la corrupción, la inflación desenfrenada, la delincuencia y, sobre todo, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. A juzgar por sus cánticos, "Argentina sin Cristina" fue su demanda principal.

El índice de aprobación de la mandataria languidece en 30 por ciento, pero la muchedumbre no era tan grande como el millón de manifestantes que se reunieron en 2013. Eso es porque el país pronto se librará de Fernández, que no tiene permitido postularse para las elecciones presidenciales del año próximo. Vendrá el cambio, aunque qué tipo de cambio es difícil de decir, por ahora.

Los reclamos latentes son tan agudos como siempre. El vicepresidente Amado Boudou ha sido encausado dos veces este año, una por corrupción y otra por fraude, pero continúa en el cargo.

La economía de Argentina está sufriendo una combinación de desaceleración mundial y una serie de heridas autoinfligidas, incluidas la imposición de controles cambiarios, que empeoraron una crisis de confianza en el peso, y una moratoria de deuda en julio pasado, que debilitó más la confianza e intensificó la recesión.

Crece desempleo

Las cifras oficiales revelan que la tasa de desempleo ascendió de 6.8 por ciento en el tercer trimestre de 2013 a 7.5 por ciento un año después. Realmente es entre 1.5 y 2 puntos porcentuales más alta, creen economistas del sector privado.

Incluso para los argentinos con empleo, los niveles de vida están descendiendo. La tasa de inflación del país ha aumentado de 28 por ciento en 2013 a 41 por ciento anualizado en lo que va de este año. En términos reales, los salarios fueron 6.7 por ciento más bajos en septiembre que el año pasado, según ACM, una firma de consultoría económica.

"Los salarios ya habían empezado a contraerse en 2012 y 2013", dice Maximiliano Castillo, director de ACM, "pero más o menos mantenían el ritmo de la inflación. Este año las cosas empeoraron mucho".

Las ventas de autos se han desplomado 35 por ciento respecto del año pasado. Aun más preocupante es el deslizamiento en el gasto en los supermercados, que descendió en 4.3 por ciento de un año a otro en septiembre de 2013, según Econviews, una firma consultora. Eso sugiere que los argentinos duramente presionados están escatimando en comida.

La turbulencia social

Las contramedidas del gobierno argentino están empeorando las cosas. Ha ampliado el empleo estatal en casi 5 por ciento este año para amortiguar el ascenso en el desempleo, pero los déficits necesarios para pagar eso están siendo financiados imprimiendo pesos, lo cual empeora la inflación. Las restricciones a las importaciones para controlar el déficit comercial están causando escasez de productos de consumo y de suministros que los fabricantes necesitan para mantener la producción.

Inesperadamente, la bonificación del "dólar blue", la diferencia entre el tipo de cambio oficial para el dólar de Estados Unidos y el tipo de cambio del libre mercado paralelo, descendió de 90 por ciento en septiembre a 70 por ciento ahora. Esa mejoría podría reflejar un intercambio monetario con China, lo cual ha aliviado los temores de una devaluación, pero la confianza en la economía y en el peso sigue siendo débil.

La amenaza de turbulencia social también persiste. Diciembre es un mes nervioso. Es cuando los argentinos que esperan obsequiar a sus familias con comidas y regalos navideños se sienten más presionados financieramente, y cuando las olas del calor veraniego provocan cortes de electricidad.

En los últimos dos diciembres, agentes policiales en varias provincias se han declarado en huelga en demanda de salarios más altos. El año pasado, más de una docena de personas murieron en un saqueo durante el paro policial.

Próxima gran prueba

Una huelga de una semana por parte de la policía en Santa Cruz, que comenzó el mes pasado, fue un mal augurio: terminó cuando el gobernador los amenazó con cargos de sedición. Los maestros en la provincia de Buenos Aires suspendieron labores el 11 y 12 de noviembre.

La próxima gran prueba ocurrirá en enero de 2015, cuando el gobierno debe decidir si reanuda las conversaciones con los acreedores que tienen bonos sobre los cuales Argentina ha dejado de pagar.

Hay un resquicio, ofrecido por la expiración el próximo 31 de diciembre de la cláusula de "Derechos sobre Ofertas Futuras" de los contratos de bonos, que prohíbe al gobierno ofrecer a un grupo de tenedores de bonos un trato mejor que los términos recibidos por otros durante las anteriores restructuraciones de deuda.

Argentina incumplió el pago en vez de hacer una mejor oferta de la que había sido ofrecida a todos los tenedores de bonos, pero un acuerdo con los acreedores pudiera ser un respiro que dé al país acceso a dólares, lo cual a su vez le permitiría relajar los controles sobre las importaciones y sobre el capital. No obstante, el gobierno de Fernández ha emitido señales confusas sobre si dialogará con los tenedores de bonos que rechazaron los acuerdos anteriores.

30 POR CIENTO es el índice de aprobación de la gestión de la presidenta Cristina Fernández.

6.7 POR CIENTO fue la tasa de reducción de los salarios en septiembre en comparación con el año pasado, según una firma consultora.

Incluso para los argentinos con empleo, los niveles de vida están descendien-do, ante una tasa de inflación que va en aumento.

Los potenciales sucesores de Fernández

EXPECTATIVA • La próxima elección presidencial, que se celebrará en octubre de 2015, traerá un cambio mayor, con suerte para bien. Los tres candidatos principales dicen que romperían con el populismo y el proteccionismo que han prevalecido durante las presidencias de Fernández y la de su esposo, el expresidente Néstor Kirchner, que gobernó de 2003 a 2007 y murió en 2010.

El candidato más cercano a Fernández es Daniel Scioli, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, que pertenece a su peronista Frente para la Victoria (FPV). Sin embargo, él no es ningún clon. Es más pragmático que la presidenta. Mantendría los populares programas sociales que ella introdujo y no revertiría la nacionalización de YPF, la mayor compañía energética, pero dice que haría un mejor trabajo combatiendo la delincuencia y la inflación.

Enfrenta a un rival carismático en el congresista Sergio Massa, que rompió con el FPV el año pasado, más para distanciarse de Fernández que debido a algún desacuerdo profundo con ella. Es un orador dotado y un operador político astuto, y hasta ahora su candidatura ha girado más en torno de su personalidad que de sus ideas.

El mayor y quizá más alentador cambio provendría de Mauricio Macri, el popular alcalde de la ciudad de Buenos Aires y el único no peronista en la contienda. Propuesta Republicana, el partido de centro derecha que él fundó es promercado y favorece una mayor apertura a los socios comerciales mundiales y regionales.

No hay un favorito claro en los primeros sondeos de opinión. Mucho dependerá de cómo se desempeñe la economía de aquí a octubre de 2015. El alivio de la inflación y el desempleo ayudaría a Scioli. Más miseria favorecería a sus rivales, y sacaría a las calles a los manifestantes del cacerolazo.