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  • The Economist

Para muchos alemanes, E.On, la mayor empresa de electricidad del país, es un símbolo de estabilidad. Sin embargo, el 30 de noviembre sorprendió al país al anunciar que se dividiría.

En 2016, E.On lanzará una nueva compañía que incluirá a su generación de electricidad con energía nuclear y combustibles fósiles, así como la exploración y producción de combustibles fósiles. El resto, que conservará la marca E.On, ganará dinero gracias a la energía renovable, la distribución y las “soluciones para el cliente”, un conjunto de servicios como orientación, medición inteligente y demás.

El director ejecutivo Johannes Teyssen dijo que, como una empresa extensa e integrada, E.On solo podía ser “mediocre”. Dos enfocadas, dijo, harían una labor mucho mejor.

La energiewende, o “transición energética” de Alemania, ha golpeado a las empresas de servicios públicos. El gobierno pretende cerrar todas las plantas nucleares para 2022, una decisión tomada después del desastre de Fukushima en Japón.

Hacia las renovables

Las energías renovables, por otra parte, están fuertemente subsidiadas. A las operadoras se les paga muy por encima de las tarifas de mercado por cada kilovatio-hora de energía que aportan al sistema, y se da prioridad en la red a las renovables por encima de las fuentes convencionales. Esta política ha causado una estampida hacia las fuentes renovables, y los siempre crecientes subsidios son financiados por los siempre al alza sobrecargos en las facturas de electricidad.

La energiewende se dio en el peor momento posible para las grandes empresas dominantes, incluidas E.On así como RWE, EnBW y Vattenfall, una empresa sueca con operaciones alemanas. Habían invertido fuertemente en la generación convencional antes de que comenzara la campaña por las fuentes renovables. La sobrecapacidad resultante ha causado que los precios de la electricidad al mayoreo cayeran. Algunas plantas convencionales no pueden ganar suficiente dinero para cubrir los costos de combustible y están siendo cerradas.

Muchos observadores tomaron la decisión de E.On de dividir sus operaciones de generación nuclear y con combustibles fósiles como la creación de un tipo de “mala empresa de servicio público”, como los “bancos malos” creados para albergar activos tóxicos después de la crisis financiera.

El editor de Handelsblatt, un diario financiero alemán, escribió que E.On estaría “buscando inversionistas que no hayan leído un periódico desde que comenzó la Energiewende” para que compre las acciones en la nueva empresa.

Redes inteligentes

Sin embargo, algunos analistas piensan que los cínicos están equivocados. Rechazando la analogía del “banco malo”, señalan que la nueva empresa nacerá libre de deudas y tendrá disposiciones para cubrir la salida de la energía nuclear, que se espera actualmente que cueste 18,000 millones de dólares. Los accionistas pudieran esperar dividendos en efectivo respetables, pagados por las operaciones rentables, incluso si las utilidades netas parecen malas.

El ambiente regulador hostil no es la única razón para la planeada división de E.On. Como muchas otras industrias, el sector energético se está volviendo menos descentralizado y haciendo más uso de los datos.

Las grandes empresas de ingeniería como General Electric y Siemens están invirtiendo para hacer redes de distribución más inteligentes. El 2 de diciembre, Enernoc, que paga a los consumidores para que limiten su uso de electricidad, anunció que había comprado Pulse Energy, una empresa incipiente canadiense que analiza los datos de consumo para ayudar a las empresas a ahorrar electricidad.

Teyssen, por su parte, cita la compra que hizo Google de Nest Labs, un fabricante de termostatos que están conectados a Internet, como un ejemplo del nuevo mundo de la administración de la electricidad del cual E.On quiere ser parte. Pretende ayudar a un agricultor bávaro, digamos a almacenar la energía solar excesiva en la batería de su BMW eléctrico y venderla a la red cuando los precios estén altos, o encender su lavadora en la noche, cuando los precios de la electricidad son bajos.

18 mil millones de dólares se estima que costaría la salida de E.On de la energía nuclear.

Entre la energía nuclear y la renovable

DILEMA • La división de E.On también podría tener vida propia. Alemania no puede renunciar a la energía nuclear mientras también se aparta en estampida de los combustibles fósiles. Su gobierno aún no ha llegado a concertar los objetivos contradictorios de la energiewende.

Suministros eléctricos estables, baratos y amigables con el clima deben ser los tres lados de un “triángulo” estratégico, pero no pueden realizarse todos al mismo tiempo, al menos no en el corto plazo. Un efecto perverso de la política energética de Alemania ha sido incrementar la generación de energía procedente del carbón, que arroja más bióxido de carbono que el gas natural, pero es mucho más barato. Recientemente, el gobierno amigable con el ambiente de Alemania también rogó a Vattenfall que no desechara su plan de ampliar dos minas carboníferas alemanas.

Las contradicciones de la energiewende pudieran dar pie a aun más sorpresas. Ante la política hostil, las empresas de servicio público han respondido, lo cual pudiera hacerles ganar miles de millones. Están cabildeando a favor de un “mercado de capacidad”, un instrumento financiero para subsidiar la electricidad de reserva necesaria en los días en que la generación renovable se quede corta. Además, Vattenfall, E.On y RWE han demandado una compensación al gobierno alemán.

La reestructuración de E.On podría ser sorpresiva, pero tiene sentido. Los inversionistas parecen pensarlo así: El anuncio de la división hizo subir el precio accionario de E.On.