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Tras dar a conocer la reforma de inmigración, ¿el presidente Barack Obama desenfundará su pluma de las órdenes ejecutivas para hacer frente a otro tema intratable en el que el Congreso ha bloqueado cualquier cambio durante décadas?

Estados Unidos impuso un embargo económico a Cuba en 1960, cuando el presidente Fidel Castro impuso el comunismo a su pueblo. El embargo tenía la intención de derrocar a Castro. Hoy, sin embargo, Castro disfruta de un tranquilo retiro en un suburbio de La Habana mientras su hermano ligeramente menor, Raúl, dirige al país.

El embargo no solo ha fracasado, sino que también ha dado a los Castro una potente arma de propaganda. Aún tiene defensores intransigentes en el Congreso, que, según una ley de los años 90, es el único organismo que puede revocarla.

Aun así, Obama tiene cierta influencia para cambiar la política. En realidad, en su primer mandato levantó las restricciones sobre los viajes y las remesas a la isla por parte de los cubano-estadounidenses. Hay varias razones por las cuales ahora podría querer hacer más.

Empieza a cambiar

Primero, en todo Estados Unidos, el apoyo para el embargo se está desmoronando. Un sondeo nacional realizado a principios de este año por el Consejo del Atlántico, un grupo de análisis, encontró que 56 por ciento de los encuestados favorecía mejorar las relaciones con Cuba, y lo mismo ocurría con 60 por ciento de los latinos y residentes de Florida.

Segundo, Cuba misma está empezando a cambiar. Bajo reformas lanzadas por el presidente Raúl Castro, 1.1 millones de cubanos, más de una quinta parte de la fuerza laboral, trabajan ahora en un naciente sector privado de granjas, cooperativas y pequeños negocios. El acceso a los teléfonos móviles y el internet ha crecido. Blogueros de oposición como Yoani Sánchez, aunque a menudo hostigados, no han sido silenciados.

La tercera razón para la acción es que Cuba es uno de los pocos temas que unen a Latinoamérica. La región es unánime al creer que, no obstante su régimen comunista, se debería conceder a la isla un lugar normal en las relaciones en el continente americano.

Esto deja a Obama con un dilema, aunque no tanto sobre si asistir o no, ya que probablemente lo hará. Más bien, sobre si actuar de aquí a entonces para impedir que el embargo se convierta en un tema que domine a la cumbre.

Sacarla de lista

Obama pudiera, por ejemplo, emitir una licencia general para que todos los estadounidenses viajen a Cuba. También pudiera retirar a Cuba de la lista del Departamento de Estado de "Estados patrocinadores del terrorismo", en la cual está al lado solo de Irán, Sudán y Siria. No hay razones para que Cuba esté aún ahí.

En octubre, la Fuerza de Tarea de Acción Financiera, un organismo intergubernamental, retiró a Cuba de su lista de observación de países que hacen muy poco para evitar el lavado de dinero y financiamiento del terrorismo.

Sin embargo, el gobierno no ha pedido aún al Departamento de Estado que retire a Cuba de su lista de terrorismo. Aunque Obama tiene poco que perder relajando el embargo, también tiene poco que ganar. Las reformas económicas de Raúl Castro se han estancado recientemente y nunca pretendió que llevarán al cambio político.

En particular, los cubanos no muestran signos de estar dispuestos a liberar a Alan Gross, un anciano trabajador de ayuda estadounidense encarcelado por manejar ilegalmente equipo de telecomunicaciones. Quieren intercambiarlo por tres espías cubanos que cumplen sentencias por espiar a exiliados activistas en Miami.

Las opciones

Aun así, sería sorprendente si Obama no emprendiera alguna acción sobre Cuba antes de la cumbre. Extrañamente, la reacción de los defensores del embargo en el Congreso podría tomar la forma de sanciones contra Venezuela, que ofrece a la isla un subsidio --en forma de petróleo barato-- igual a casi 15 por ciento de su PIB.

Un proyecto de ley para negar visas y congelar cuentas bancarias de funcionarios venezolanos implicados en la represión de protestas a principios de este año fue aprobado en el Congreso. El 19 de noviembre, Anthony Blinken, nominado de Obama para el puesto de subsecretario de Estado, dijo ante un comité del Senado que el gobierno "no se opondría" a esta medida, un giro respecto de su postura anterior.

El declinante precio del petróleo y la mala administración económica están debilitando al régimen autoritario electo del presidente Nicolás Maduro. El tema crucial es garantizar que una elección legislativa el año próximo sea libre y justa. Las sanciones, aunque limitadas, impulsarán la declinante popularidad de Maduro y le darán una excusa para la represión, como reconocen algunos líderes de la oposición.

La lección de Cuba es que la presión de Washington no conduce a la democratización. Sería una triste ironía, si el principio del fin de un embargo inútil coincidiera con el nacimiento de otro.

"Latinoamérica es unánime al creer que, no obstante su régimen comunista, le debería conceder a Cuba un lugar normal en las relaciones regionales".