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  • The Economist

¿Sao Paulo pudiera quedarse sin agua? La idea de que la metrópolis más grande de Sudamérica, que alberga a 20 millones de habitantes, carezca de algo tan básico parece fantasiosa. Sin embargo, este año la escasez ha forzado a escuelas a suspender clases y a restaurantes a cerrar en ciudades más pequeñas en todo el estado de Sao Paulo, donde vive una quinta parte de los brasileños y se produce un tercio del PIB de la nación. Durante meses, los grifos en algunos barrios de la propia capital del estado se han secado, especialmente en la madrugada.

A menos que las lluvias sean inusualmente abundantes, se vislumbra un desastre en 2015.

La precipitación en 2014 fue la más baja registrada. En octubre, cuando las lluvias normalmente se reanudan, solo fueron de un tercio de la cantidad normal. Las cosas han mejorado desde entonces, pero la precipitación sigue estando muy por debajo del promedio.

“Solo un diluvio puede salvar a Sao Paulo”, dice Vicente Andreu, el jefe de la Agencia Nacional del Agua de Brasil.

La sequía no es culpa de los líderes de Sao Paulo, pero son responsables por la gravedad de sus consecuencias. La inversión se ha quedado muy atrás de las necesidades de la región.

Una isla de calor

Conforme las presas se secaban, el gobernador Geraldo Alckmin, de Sao Paulo – entonces candidato para la reelección, y triunfador en octubre – adoptó medidas poco entusiastas para promover la conservación. El residente promedio de la ciudad de Sao Paulo aún consume aproximadamente 53 galones (200 litros) de agua al día, muy por encima de los 40 galones (151 litros) en gran parte de Europa. Apenas ahora los políticos están tomando en serio la crisis.

El sistema de la presa Cantareira, del cual dependen 6.5 millones de personas, está a 7.1 por ciento de su capacidad. A estas alturas en 2013 estaba a la mitad. Alto Tiete, que provee a 4.5 millones de personas, recurrió esta semana a su reserva estratégica, como hizo Cantareira en mayo. Si llueve menos de la mitad del promedio a largo plazo en los próximos meses, Cantareira se secará para julio, advierte el centro de supervisión de desastres de Brasil.

La predicción es difícil, en parte porque Sao Paulo se ubica en una zona de transición entre las regiones más predecibles del noreste y sur de Brasil. Sin embargo, hay razones para ser pesimista. El cambio climático podría hacer más probable la temperatura extrema.

La ciudad de Sao Paulo crea una “isla de calor” que podría estar reduciendo la precipitación pluvial en sus alrededores, donde se ubica la mayoría de las presas, dice Carlos Nobre de la Academia Brasileña de Ciencias. Debido a la deforestación, el agua alguna vez capturada por los árboles y canalizada a las presas ahora se pierde en aludes de lodo.

Aumentar capacidad

Las autoridades deberían prepararse siempre para el peor de los casos, dijo Nobre.

No lo han hecho. Sabesp, la empresa de suministro de agua que es propiedad mayoritaria del gobierno del estado, invirtió 4,000 millones de dólares en infraestructura entre 1995 y 2013, y 29 nuevas presas con una capacidad de una cuarta parte de la de Cantareira están en construcción en 15 ciudades. También lo está un enlace a una cuenca a 80 kilómetros de la capital. Eso está muy por debajo de lo que se necesita.

Llenada hasta el borde, Cantareira duraría 220 días a falta de afluencias; pero, según Rubem Porto, de la Universidad de Sao Paulo, su capacidad debería ser aumentada a por lo menos 550 días.

La respuesta a la crisis ha sido inadecuada en opinión de muchos, incluida la Agencia Nacional del Agua. En febrero, Sabesp empezó a ofrecer un descuento a las personas que pudieran reducir su consumo de al menos 20 por ciento sobre su uso de 2013. Esto, combinado con campañas de concientización pública y la reducción de la presión para limitar las pérdidas por filtraciones, llevó a un descenso del 17 por ciento en el consumo.

Antes de la elección, sin embargo, Sabesp evitó cualquier cosa que oliera a racionamiento. Como resultado, un paulistano de cada cuatro usa más agua ahora que en 2013.

Industria adaptada

Hasta ahora, la sequia ha hecho poco daño económico. Las cosechas de la caña de azúcar y otros cultivos fueron desalentadoras, pero no calamitosas. La industria, que consume solo 15 por ciento del agua de la ciudad, se ha adaptado hasta ahora.

Gracias a años de inversión, Ambev, una importante cervecería, ahora necesita solo 3.3 litros de agua para hacer uno de cerveza, por debajo de los cinco litros necesarios en 2002.

El principal riesgo es que la sequia produzca un racionamiento de la electricidad, 80 por ciento de la cual es generada por hidrofuerza. Durante una sequia en 2001, el gobierno ordenó un recorte del 20 por ciento en el consumo de electricidad. Si eso sucediera de nievo reduciría 0.5 puntos porcentuales al crecimiento del PIB del año próximo, estima Artur Passos, de Itaú BBA, un banco de inversión.

Thymos Energia, una firma consultora, sitúa el riesgo de racionamiento en uno de cinco. Si la economía de Brasil no estuviera al borde de la recesión, sería mucho más alto.

Políticos actúan, pero tarde

MEDIDAS • Pasadas las elecciones, los políticos han empezado a actuar. El gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, cuyo partido encabeza la oposición de centro-derecha al gobierno federal en Brasilia, ha pedido a la Presidenta Dilma Rousseff – también reelegida en octubre – ayuda federal con proyectos que costarán 1,300 millones de dólares. Estos van desde lo rutinario hasta lo grandioso, desde reemplazar tuberías rotas hasta construir canales para transportar agua desde ríos distantes.

El 11 de diciembre, Alckmin designó a un nuevo secretario de recursos hídricos que, a diferencia de su predecesor, es hidrólogo.

El gobernador también ha ofrecido descuentos más pequeños a los consumidores que ahorren menos de 20 por ciento, pero poco sensatamente se niega a imponer multas por el uso excesivo, que son más efectivas para reducir el consumo. Sao Paulo también debería cobrar por el uso de agua de las casas individuales: Actualmente mide solo el consumo de los bloques de departamentos.

Si 2015 es tan seco como ha sido 2014, el consumo tendrá que caer en un 40 por ciento adicional para mantener los grifos con agua corriente, estima Porto. Ese no es un objetivo imposible, dada la cantidad de agua que desperdician los paulistanos. Si el clima se vuelve más húmedo, sin embargo, será más difícil imponer esos sacrificios.

“Lo primero que la lluvia borra”, según un dicho del noreste semiárido de Brasil, “es el recuerdo de una sequía”.

20 Millones de habitantes tiene la ciudad de Sao Paulo.

53 Galones de agua al día aproximadamente consume el residente promedio de Sao Paulo.

40 Galones de agua utiliza por día un ciudadano de europeo.