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  • The Economist

Se requiere algo inusualmente abominable para que el mundo ponga mucha atención a una atrocidad terrorista en Pakistán. Desde 2007, el recuento anual de asesinatos a manos de yihadistas nunca ha descendido por debajo de 2,000, y en 2012 y 2013 no estuvo muy por debajo de 4,000. Este año, en realidad, ha visto decaer la pesadilla en un tercio.

Sin embargo, el horror del ataque por parte del Talibán paquistaní, una organización que abarca a grupos militantes y que oficialmente es conocida como Tehreek-e-Taliban Pakistan, contra una escuela operada por el ejército en Peshawar, destaca por la escala y naturaleza de su brutalidad.

Alrededor de las 10 de la mañana del 16 de diciembre, siete pistoleros del Talibán fuertemente armados escalaron un muro exterior de la escuela y empezaron a disparar indiscriminadamente. Para cuando comandos del ejército recuperaron el control del recinto, 141 personas, la mayoría adolescentes y niños pequeños, habían muerto. Dada la seriedad de las heridas que han sufrido los lesionados, es casi seguro que aumentará el número de muertos. Es el ataque terrorista más cruento en la historia de Pakistán.

El ejército, y gobiernos anteriores, deben asumir mucha responsabilidad por la violencia que el país ha sufrido en los últimos años. El crecimiento del Talibán paquistaní es una consecuencia directa del temor neurótico de que el país sea cercado por India, el cual se extiende entre la clase gobernante de Pakistán y ha conducido a la desastrosa política de explotar y alentar a los grupos yihadistas en Cachemira, el territorio disputado por India y Pakistán, y en Afganistán.

Aliados del Ejército

El Talibán paquistaní opera desde Waziristán del Norte, una de las áreas tribales anárquicas que colindan con Afganistán, donde también se refugia la red Haqqani.

Esta pandilla criminal-terrorista afgana altamente efectiva, responsable de parte de la peor violencia en Afganistán, es aliada del servicio de inteligencia de Pakistán y por muchos años fue vista por el ejército como un activo estratégico clave que debía ser consentido en vez de desbandado.

Una inhibición adicional para el alto mando del ejército ha sido la creciente radicalización islamita dentro de la propia institución anteriormente laica y occidentalizada, un reflejo de los cambios en la sociedad paquistaní y de una política de reclutar a muchachos pobres de zonas marginales. Conforme el Talibán paquistaní cobraba fuerza, las fuerzas de seguridad se abstuvieron de enfrentarlo por temor a represalias.

Después de que el Primer Ministro Nawaz Sharif asumió el cargo en junio de 2013 y Raheel Sharif – no emparentado con el primer ministro – asumió como jefe del estado mayor del ejército hace un año, esta política desastrosa comenzó a cambiar. Ambos hombres han llegado a la conclusión de que el terrorismo yihadista representa una mayor amenaza para el país, que India.

Represalia por ataques

Desde junio de 2014, el ejército ha estado llevando a cabo una ofensiva contra los militantes. La operación Zarb-e-azb está destinada a destruir sus santuarios en Waziristán del Norte. El ejército afirma que han muerto unos mil militantes con pocas víctimas civiles. El Talibán paquistaní dice que mujeres y niños han soportado el grueso de los ataques aéreos y que el ejército debería “sentir el dolor” de una represalia similar; de ahí el ataque contra la escuela.

Ahora que se ha lanzado la batalla contra los terroristas, el ejército no puede retroceder. Hay algunos signos modestamente alentadores en otros frentes. Desde la elección de Ashraf Ghani como presidente de Afganistán en septiembre, por ejemplo, las relaciones entre los dos países han mejorado drásticamente. Ghani ha ofrecido una mano de amistad a Nawaz Sharif aceptando una variedad de medidas para forjar confianza que incluye enviar a oficiales del ejército afgano a Pakistán para entrenamiento militar y llegar a un acuerdo para gestionar la frontera.

EEUU con permiso para atacar al Talibán

AUTORIZACIÓN • El presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, también parece haber dado permiso a los estadounidenses para llevar a cabo ataques con naves teledirigidas contra refugios del Talibán en el este de Afganistán, algo que su predecesor rechazaba. A cambio, el ejército de Pakistán parece haber renunciado a la protección de los Haqqanis, al menos por ahora.

Eso es un avance, pero se necesita mucho más. Controlar a otros grupos terroristas que el Estado ha cultivado finalmente requerirá acciones para un acercamiento con India sobre Cachemira. Para que eso suceda, el gobierno de India también tendrá que mostrar visión.

Más que todo, los políticos en disputa de Pakistán y su ejército potencialmente rebelde necesitan encontrar algo que los ha eludido en el pasado: una causa común en el interés nacional.

Derrotar a los terroristas tomará mucho tiempo, pero la masacre en la Escuela Pública y Colegio de Grados del Ejército en Peshawar finalmente podría convencer a los políticos y soldados de Pakistán de unirse en esta lucha necesaria.

4 mil muertos aproximadamente causaron los talibanes en Pakistán en 2012 y 2013.

141 muertos dejó el ataque de los talibanes el 16 de diciembre pasado a una escuela de la ciudad de Peshawar, Pakistán.

Los talibanes son aliados del servicio de inteligencia de Pakistán y por muchos años fueron vistos por el ejército como un activo estratégico clave.