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En noviembre, ocho de cada 10 votantes dijeron a encuestadores, a la salida de las urnas, que les preocupaba la economía. Esa es una razón por la cual el nuevo Congreso, que se reunirá la próxima semana, está dominado por republicanos.

Sin embargo, hay creciente evidencia de que los beneficios de la recuperación económica, largo tiempo concentrados entre los ricos, finalmente se están extendiendo a los estadounidenses comunes.

El 23 de diciembre, el crecimiento del PIB para el tercer trimestre fue revisado al alza a 5 por ciento, su ritmo más rápido desde 2003, habiendo crecido en un casi igual de impresionante 4.6 por ciento en el segundo trimestre. Sin duda, Estados Unidos está compensando el terreno perdido en el primer trimestre, cuando el PIB realmente se contrajo porque el clima fue horrible y las compañías redujeron inventarios.

Durante los últimos 12 meses, el PIB ha subido 2.7 por ciento, lo cual es respetable pero no asombroso. Los pronosticadores sondeados por The Economist piensan que la economía estadounidense crecerá 3 por ciento el año próximo.

CONSUMIDORES ANIMADOS

Los economistas han proyectado tasas de crecimiento similares desde que comenzó la recuperación, solo para sentirse desilusionados. El crecimiento ha promediado solo 2.3 por ciento desde que comenzó la recuperación en julio de 2009.

Esta vez, sin embargo, tienen la evidencia firme de su lado. Se crearon unos 321,000 empleos en noviembre, comparado con un promedio mensual de 194,000 durante 2013. Pese a esto, la inflación ha caído. La Reserva Federal por lo tanto puede continuar manteniendo la política monetaria inusualmente relajada, y los precios de los activos están aumentando. El Promedio Industrial Dow Jones superó los 18,000 por primera vez poco después de Navidad.

El sentimiento del consumidor se ha vuelto más animado en los últimos meses, lo más animado que ha estado desde antes de la recesión, según expertos de la Universidad de Michigan en Ann Arbor.

Por varias razones, es probable que el buen estado de ánimo perdure en 2015.

VIENTOS A FAVOR

Una es la composición del crecimiento reciente: es resultado de un sólido gasto familiar, el componente más importante de la demanda. Creció a una tasa de 3.2 por ciento anual en el tercer trimestre, y podría crecer 4 por ciento o más en el trimestre actual, estima Morgan Stanley.

Dos poderosos vientos a favor están ayudando. El primero es el gran descenso en el precio del petróleo, de 110 dólares por barril en junio a menos de 60 dólares. La gasolina más barata mantiene baja la inflación y deja a los consumidores estadounidenses con más dinero para gastar en otras cosas. Aunque Estados Unidos produce más petróleo e importa menos petróleo que hace cinco años, sigue siendo un importador neto. Arabia Saudita parece dispuesta a tolerar precios incluso más bajos para proteger su participación de mercado, así que el impulso podría durar.

El otro viento a favor, incluso más fuerte, son los ingresos al alza. El crecimiento del empleo se está acelerando, y hay signos, aunque tenues, de un repunte en los salarios. La tasa de crecimiento potencial latente de Estados Unidos se ha deslizado en los últimos años, de 3 por ciento o más hace una década a alrededor del 2 por ciento, gracias a una fuerza laboral que está creciendo más lentamente y a una productividad deslucida.

Los datos del mercado laboral confirman eso: el empleo no agrícola creció más rápidamente en 2014 que en cualquier año desde los 90, y el desempleo ha caído a 5.8 por ciento. Basado en las tendencias actuales, pudiera descender a casi 5 por ciento dentro de un año, menos que muchas estimaciones de la tasa natural de desempleo, el punto al cual una escasez laboral ejerce presión al alza sobre los salarios y los precios.

PRECIO DEL PETRÓLEO

El ingreso real de la familia media subió 1.2 por ciento durante los primeros 11 meses del año, según Sentier Research, una firma privada, una marcada aceleración respecto de los dos años anteriores. Eso apenas hace mella en el descenso de 8 por ciento en los ingresos medios entre 2008 y 2011, pero sugiere que la expansión finalmente está llegando a las familias comunes.

Gracias a un petróleo más barato, la Reserva Federal ahora piensa que la inflación terminará el año próximo en alrededor de 1.3 por ciento, según proyecciones dadas a conocer el 17 de diciembre, y no regresará a su meta del 2 por ciento antes de 2018. Como resultado, las tasas pudieran aumentar posteriormente, o más lentamente, de lo que se espera en la actualidad.

La Fed promete ser "paciente" sobre restringir la política monetaria. La presidenta de la Fed, Janet Yellen, dijo a la prensa que le gustaría ver caer el desempleo por debajo de su tasa natural a largo plazo, con la esperanza de que esto pudiera elevar los salarios y los precios.

Una combinación de un crecimiento latente vigoroso y un Banco Central paciente es miel para los inversionistas, de ahí el Dow boyante. Es un coctel que recuerda a 1998, cuando la crisis asiática hizo bajar significativamente a los precios del petróleo y los rendimientos de los bonos, lo cual animó al crecimiento y los precios accionarios en Estados Unidos. Lo que dañó al mundo, ayudó a Estados Unidos.

Republicanos a favor de recortar el gasto

PROPUESTA • Durante los últimos seis años, los republicanos en el Congreso de EE.UU. han argumentado que Estados Unidos debe reducir el gasto público para poner bajo control a los déficits peligrosos y la deuda pública alarmante. Ahora, el déficit presupuestario ha caído por debajo de su promedio de los últimos 40 años, como proporción del PIB, y un crecimiento más animado está haciendo parecer que la deuda nacional es más manejable.

Los republicanos aún están argumentando a favor de los recortes de gasto, por supuesto, pero ahora tienen que convencer a los votantes de que un gobierno más pequeño es mejor.

Podría parecer obvio que una economía más fuerte privaría a los republicanos de uno de sus mejores argumentos a favor del cambio en la Casa Blanca en 2016, y daría a los demócratas un impulso conforme se prepararan para la elección. Sin embargo, los efectos políticos de una economía más fuerte son impredecibles. Muchos candidatos han perdido pese a, en vez de debido a, el historial económico reciente de su partido.

De ahí que una economía que ha producido utilidades corporativas crecientes pero hecho poco por los salarios medios haya despertado a los activistas demócratas y los haya tentado a presionar por una plataforma populista en 2016. No obstante, conforme los beneficios de la recuperación empiecen finalmente a propagarse, una campaña basada en la desilusión económica parece menos ganadora.