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  • The Economist

A principios del siglo XX, Henry Ford combinó las líneas de ensamblaje móviles con la mano de obra masiva para abaratar y acelerar la construcción de autos, al hacerlo, transformó al automóvil de ser el juguete de los ricos a convertirse en el transporte de las masas.

Hoy, un creciente grupo de emprendedores está esforzándose por hacer lo mismo con los servicios, aunando el poder computacional a trabajadores independientes para ofrecer los lujos que antes estaban reservados para los ricos. Uber ofrece choferes. Handy provee personal de limpieza. Spoonrocket entrega platillos de restaurantes a la puerta de su casa, mientras que Instacart mantiene su refrigerador aprovisionado. En San Francisco, una joven programadora de computadoras ya puede vivir como una princesa.

Sin embargo, esta economía a demanda se extiende mucho más ampliamente que el lujo ocasional. Si usted da clic en la aplicación de Medicast, un médico tocará a su puerta en un plazo de dos horas. ¿Quiere un abogado o un consultor? Axiom le ofrecerá el primero, Eden McCallum el segundo. Otras compañías ofrecen premios a los empleados independientes para que resuelvan problemas de investigación y desarrollo o propongan ideas publicitarias. Un creciente número de agencias está ofreciendo empleados independientes de todo tipo, como Freelancer.com y Elance-odesk, que vincula a 9.3 millones de trabajadores disponibles para contratación con 3.7 millones de compañías.

La economía a demanda es pequeña, pero está creciendo rápidamente. Uber, fundada en San Francisco en 2009, ahora opera en 53 países, tuvo ventas superiores a los mil millones de dólares en 2014 y está valuada en 40,000 millones de dólares. Como la línea de ensamblaje móvil, la idea de conectar a la gente con los empleados independientes para resolver sus problemas suena sencilla; pero, como la producción masiva, tiene implicaciones profundas para todo, desde la organización del trabajo hasta la naturaleza del contrato social en una sociedad capitalista.

Cambio tecnológico

Algunas de las fuerzas detrás de la economía a demanda han existido durante décadas. Desde los años 70, la economía que Henry Ford ayudó a crear, con grandes empresas y grandes sindicatos, se ha ido marchitando. Los empleos manufactureros han desaparecido ante la automatización o han sido subcontratados en el extranjero, mientras que las grandes compañías han abandonado el empleo vitalicio. Unos 53 millones de empleados estadounidenses ya trabajan como trabajadores independientes. Sin embargo, dos fuentes poderosas están acelerando esto, llevándolo incluso, a más partes de la economía.

La primera es la tecnología. El poder computacional barato significa que un autor solitario con una Apple Mac puede crear videos que rivalicen con los de los estudios de Hollywood. Las tareas complejas, como programar una computadora o elaborar un informe legal, ahora pueden dividirse en las partes que las componen y subcontratarse con especialistas en todo el mundo. La economía a demanda permite a la sociedad aprovechar sus recursos subutilizados: Uber hace que la gente rente sus propios autos e Innocentive les permite rentar su capacidad cerebral extra.

La otra gran fuerza son los hábitos sociales cambiantes. Karl Marx dijo que el mundo se dividía entre las personas que eran dueñas de los medios de producción, los ricos ociosos y las personas que trabajaban para ellos. De hecho, cada vez está más dividido entre las personas que tienen dinero, pero no tiempo y las personas que tienen tiempo, pero no dinero. La economía a demanda ofrece una forma en que estos dos grupos interactúen comercialmente entre sí.

Esto llevará a las compañías de servicios a seguir a los manufactureros y enfocarse en sus competencias básicas. El “costo de transacción” de usar a alguien externo para arreglar algo, al contrario de tener esa función dentro de la compañía, está cayendo.

Los tecno-optimistas

En vez de controlar los recursos fijos, las compañías a demanda son intermediarios, arreglando conexiones y supervisando la calidad. No emplean a abogados y contadores de tiempo completo con salario y beneficios garantizados. A los choferes de Uber se les paga solo cuando trabajan y son responsables de sus propias pensiones y atención médica. Los riesgos que corren las compañías están siendo devueltos a los individuos, y eso, tiene consecuencias para todos.

La economía a demanda ya está provocando un debate político, con Uber en el centro de gran parte de ello. Muchas ciudades, estados y países han prohibido a la compañía que ofrece viajes compartidos por razones de seguridad o regulatorias. Los taxistas han protagonizados protestas en su contra, mientras que choferes de Uber se han declarado en huelga en demanda de mejores beneficios.

Los tecno-optimistas restan importancia a todo esto como problemas de crecimiento: la economía a demanda da a los consumidores mayor opción, argumentan, mientras que permite a las personas trabajar cuando quieren. La sociedad gana porque se ponen en uso los recursos ociosos. La mayoría de los autos de Uber de otro modo estarían estacionados en cocheras.

La verdad es más matizada. Los consumidores son los claros ganadores, y también lo son los trabajadores occidentales que valoran la flexibilidad sobre la seguridad, como las mujeres que quieren combinar el trabajo con la crianza de los hijos. Los contribuyentes ganan si la mano de obra a demanda es usada para mejorar la eficiencia en la provisión de los servicios públicos.

Sin embargo, los trabajadores que valoran la seguridad por encima de la flexibilidad, incluidos los abogados, médicos y taxistas de mediana edad, justificadamente se sienten amenazados.

Las injusticias de la economía a demanda

CONSECUENCIAS • La economía a demanda ciertamente produce injusticias: los contribuyentes terminarán apoyando a muchos trabajadores bajo contrato que nunca acumularon pensiones.

Esta sensación de los matices debería guiar la formulación de políticas. Los gobiernos que prohíben a las empresas a demanda simplemente están perjudicando al resto de sus economías. Eso no significa, sin embargo, que debieran sentarse sin hacer nada.

Las formas en que los gobiernos miden el empleo y los salarios tendrán que cambiar. Muchos sistemas fiscales europeos tratan a los trabajadores independientes como ciudadanos de segunda clase, mientras que los estados estadounidenses tienen diferentes reglas para los “trabajadores bajo contrato” que pudieran ser mejoradas.

Demasiado del sistema de beneficencia está siendo ofrecido a través de los empleadores, especialmente las pensiones y la atención médica. Ambos deberían ser vinculados al individuo y hechos portables, un área en la cual el Obamacare es un gran paso adelante.

Aun cuando los gobiernos ajusten sus políticas a una era más individualista, sin embargo, la economía a demanda evidentemente impone más riesgo a los individuos. La gente tendrá que dominar habilidades múltiples si desea sobrevivir en ese mundo, y tendrá que mantener esas habilidades actualizadas. Los empleados profesionales en grandes empresas de servicios tendrán que asumir más responsabilidad sobre su propia educación. Las personas también tendrán que aprender a venderse a través de las relaciones personales y las redes sociales o, si son realmente ambiciosas, convertirse en marcas. En un mundo más fluido, todos necesitarán aprender a administrar Usted S.A.

9.3 Millones de trabajadores disponibles para contratación tienen dos compañías que ofrecen empleo en tiempo libre en EE.UU.

53 Millones de empleados estadounidenses ya laboran como trabajadores independientes.