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  • The Economist

Los submarinos alemanes tuvieron una mortífera temporada de caza en el Golfo de México en 1942-43, provocando que los planificadores militares estadounidenses dieran prioridad a la seguridad al buscar la manera de embarcar combustible para la liberación de Europa. Siete décadas después, la refinería Sweeny en Texas sigue estando --extrañamente-- tierra adentro, aunque segura, fuera del alcance de los cañones alemanes, mientras desempeña un papel en el renacimiento de Estados Unidos como exportador de hidrocarburos.

En Sweeny y la terminal a la que sirve, Freeport, Philips 66 --la sexta compañía públicamente cotizada más grande de Estados Unidos-- está gastando la cantidad combinada de 3,000 millones de dólares en nuevas instalaciones para exportar gas de petróleo licuado y en una instalación para procesar líquidos de gas natural. Estos dos productos de pozos gaseros son combustibles versátiles, así como materias primas valiosas para las petroquímicas.

Más al oeste, a lo largo de la costa, en Corpus Christi, una planeada terminal de exportación para un tercer producto de hidrocarburos, el gas natural licuado se ha convertido en el quinto de esos proyectos en conseguir la aprobación de los reguladores. El dueño, Cheniere, está gastando 30,000 millones de dólares en esta planta y otra en Sabine Pass, en la frontera entre Luisiana y Texas.

Estos proyectos ejemplifican un gran cambio en la industria energética de Estados Unidos. Las terminales habían sido diseñadas para manejar importaciones, en una época en que los días de gloria del gas y el petróleo estadounidenses parecían haber terminado para siempre. Los recuerdos perdurables de esos días, y particularmente de las largas filas en las estaciones de gasolina después de las crisis del petróleo de los años 70, aún causan nerviosismo en los políticos y el público en cuanto a las exportaciones de productos energéticos.

Exporta energía

La mayoría de las exportaciones de petróleo crudo están prohibidas según una ley que data de 1975, y el gas natural licuado puede venderse sin permiso solo a unos cuantos países con los cuales Estados Unidos tiene acuerdos de libre comercio. Mantener los preciados hidrocarburos en casa significa precios bajos y suministros estables, según el razonamiento.

Sin embargo, Estados Unidos ya envía abundante energía al extranjero. Es el mayor exportador del mundo de productos refinados como diesel, gasolina y combustible para aviación. Es un exportador neto de carbón y este año se convertirá también en exportador neto de gas natural. Las exportaciones estadounidenses de gas de petróleo licuado transportado por agua han superado a las de muchos grandes productores árabes, según IHS, una firma consultora, y el país superará a Qatar para convertirse en el más grande del mundo para 2020.

Muchos factores han alimentado al auge. El carbón estadounidense es barato. La producción de petróleo y gas ha repuntado, gracias a la fracturación hidráulica, llamada “fracking”, y la perforación horizontal de la piedra de esquisto. Una reserva cautiva de petróleo y gas en casa ha ayudado a las refinerías estadounidenses, aunque ineficientes, a producir y exportar productos que compiten fieramente contra rivales mejor operadas. Las refinerías europeas, en particular, lamentan eso.

Estados Unidos ya es también exportador de crudo, aunque eso es un secreto bien guardado. Esto es gracias principalmente a los “intercambios”, exportaciones de petróleo que son equilibradas por importaciones del mismo. La ley permite esos intercambios con base en “la conveniencia o la eficiencia”.

Un salvavidas

Mucho del crudo estadounidense ya se intercambia por crudo canadiense, y ahora la compañía petrolera estatal de México, Pemex, ha pedido al Departamento de Comercio de Estados Unidos permiso para importar 100,000 barriles diarios de crudo ligero a cambio del crudo de grados mucho más pesados que envía en la dirección opuesta en volúmenes mucho más grandes.

Exportar más crudo ligero pudiera ser un salvavidas para las asediadas “frackers”, las empresas dedicadas a la fracturación hidráulica, cuyas operaciones se han visto alteradas por la reciente caída pronunciada en los precios del petróleo. El grueso del aumento en su producción es de crudo ligero, pero las refinerías estadounidenses siguen configuradas para manejar principalmente el tipo pesado, un legado de la pasada dependencia de las importaciones procedentes de Latinoamérica y el Golfo Pérsico.

Legalmente hablando, la línea entre el crudo ligero y los productos refinados es borrosa. Cuando el petróleo se “estabiliza”, por ejemplo --calentado para hacer seguro transportarlo vía ductos-- eso puede hacer que cuente como un producto refinado, adecuado para su exportación. El gobierno estadounidense también ha exentado al condensado, un tipo de crudo ultraligero, de la prohibición de exportaciones.

Enterprise Products Partners, una firma de ductos, firmó recientemente los contratos para exportación de condensado por 1.2 millones de barriles al mes. Shell también ha obtenido la aprobación para exportar condensado, mientras que Conoco Phillips está buscando una licencia y BHP Billiton, una compañía minera, ha vendido al menos dos cargas.

Precios bajos afectan las inversiones petroleras

Desestímulo • Las nuevas reglas vagas, emitidas el año pasado, crean más espacio para las exportaciones. Sin embargo, los precios petroleros débiles han oscurecido este paisaje soleado. Las decisiones de inversión tomadas hace un año ahora parecen cuestionables. La alguna vez jugosa diferencia de precio entre un barril es del West Texas Intermediate, el crudo de referencia de Estados Unidos, y el Brent, lo más cercano que tiene la industria de un precio petrolero mundial; ha desaparecido, y junto con ella, la escala del incentivo para vender petróleo estadounidense en el extranjero.

Otros efectos de los precios más bajos son más útiles. Los estadounidenses deben preocuparse menos por el costo de llenar los tanques de sus autos. Eso debería debilitar la presión proteccionista que restringe las exportaciones.

Permitir exportaciones de petróleo elevaría la producción interna, ayudando a las perforadoras locales. También pondría más petróleo en los mercados mundiales, reduciendo aún más el precio. Eso reduciría los márgenes de las refinerías, pero sería una bendición para los consumidores en todas partes y, quizá, también para los automovilistas estadounidenses, cuyos precios de la gasolina son establecidos en mercados mundiales, no nacionales. Aun si las exportaciones de petróleo crudo no reducen el precio en la bomba de gasolina, no lo elevarían.

Vaclav Bartuska, el enviado energético de la República checa, está en Washington esta semana, instando a los formuladores de políticas estadounidenses para que liberalicen las exportaciones de energía por otra razón: para salvaguardar a los aliados bajo la presión de Rusia. Estados Unidos debería unirse al pequeño club de exportadores petroleros “aburridos”, conocidos de otro modo como democracias, dijo.

Si liberar las exportaciones de crudo hace a Estados Unidos más rico, a sus aliados más fuertes, a sus enemigos más débiles y al mundo más seguro, ¿cuál es el obstáculo? Tras derrotar a los nazis, Texas quizá aun tenga un papel que desempeñar en frustrar al Kremlin.

100 MIL barriles diarios de crudo ligero ha pedido importar la mexicana Pemex de EE.UU. a cambio de exportar a este país crudo más pesado.

3 PRODUCTOS refinados derivados del petróleo (gasolina, diesel y combustible para aviación) son vendidos a muchos países por EE.UU.