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¿Te llama cada cinco segundos? ¿Se interesa por ti y tus cosas frecuentemente? ¿Se implica cada vez más en tu vida? ¿Se muere por presentarte a su madre?, ¿está encantado de conocer a tus amigas y quiere quedar con ellas otra vez para una noche de “chicas”? ¿Se ha sumado, entusiasmado, a todas tus aficiones? ¿Lo ha dejado todo por ti o desea hacerlo? ¿No puede estar un segundo sin saber dónde estás?


Estás entrando en un campo de minas, chica. Por diversas razones, todas esas señales de que está loco por nosotras que nos llenan de gozo, satisfacción y amor son en realidad, indicios de un grave problema a corto, medio o largo plazo. ¿Por qué? Te lo explicamos a continuación:


“¡Oh, qué mono! Va a presentarme a su madre”
“Tras la segunda cita ha insistido en que conozca a su madre” ¡Va de retro, insensata! Tras esa presentación familiar de dudoso placer que tanto has luchado por conseguir, vendrán una serie de innumerables encuentros interminables.


Hay un estudio que asegura que el 64% de las mujeres definen su relación con la suegra como hostil, difícil o incómoda… ¿Por qué tiene que demostrarte su amor o que va en serio presentándote a su familia? Desechemos los viejos tópicos.


Si es él el que quiere presentarte a toda costa a su madre, me temo que la cosa no va que tú la conozcas a ella, sino de que ella te vea a ti, lo que no es una prueba de amor, sino sólo “una prueba”. Y hasta puede ser que no la pases o que sería mejor que salieras huyendo, ahora que estás a tiempo, de ese hombre con mamitis aguda. ¡Peligro!


Si dice siempre que nadie cocina como su madre, que adora a su mamá y está siempre colgado del teléfono con ella, estás en zona de explosión nuclear.
Perfecto, mientras no acabés hablando cada dos por tres --y casi en exclusiva-- de colores de sombras de ojos, de los métodos de depilación más efectivos, de chismes de las celebrities o de tus amigas (peor todavía), de tendencias de moda o de los mejores analgésicos y medios para combatir el SPM… etc. Corres el peligro de que sufra tus dolores menstruales como si fueran suyos y que le tengas que acabar consolando tú.


¡Qué encanto!
Siempre está de paso por los lugares donde estás tú y viene a verte, te llama al móvil o te envía mensajitos cada cinco minutos y no puede pasar tres segundos sin saber de ti y qué haces.


No tiene por qué ser un controlador posesivo que pueda virar rápidamente a celoso compulsivo con tendencias furiosas, pero un poco de distancia nunca va mal. Cuando no sabes de él desde hace cinco minutos y piensas que te ha olvidado o que ya no te quiere no es amor: es obsesión.


Si quiere explicaciones continuas sobre dónde has estado, con quién, qué has hecho, qué has dicho, qué vas a hacer y qué piensas, estás a punto de ahogarte en las tormentas del control aunque ahora mismo te parezca que él besa el suelo que tú pisas. Dentro de poco, serás tú la que beses el suelo mientras te pisa.

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