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Cinco letras se conjugan en una palabra tenebrosa capaz de sumir a cualquiera en el mar de los tormentos. El cielo se desploma no en mil pedazos sino en milésimas de gotas que vierten ojos sumidos en el desconcierto, la rabia y el dolor de quienes se sienten impotentes frente al cáncer.

Las estadísticas agobian, su avance firme y acelerado parece no tener freno. Miles de hogares decapitados por su causa reflejan el ímpetu de su brazo que estrangula órganos una vez que se expande.

La pintora Sara Lynn Pistorius es víctima de ese vacío interminable provocado por la ausencia perpetua de la madre, quien tras una guerra sin cuartel se rindió hace casi dos años ante el cáncer de mamas.

“Ella era la persona que más admiraba mi trabajo. Verla consumirse por esa enfermedad es una experiencia horrible, además de que el tratamiento es bastante caro. En el hospital vi a muchas mujeres que con su terrible experiencia acrecentaban mi dolor porque no podía ayudarles”, compartio Pistorius.

No obstante, el deceso no marcó un final sino el inicio de una misión que Sara Lynn asumió como meta y que está llevando a cabo exitosamente, mediante un proyecto en el que comparte sus conocimientos de arte con mujeres que han vencido el cáncer de mamas y que hoy levantan el pincel en señal de victoria, dándole a su vida la policromía perdida mientras estaban en el combate.

Desde mayo de 2010 Sara Lynn está dedicada a esta tarea que desempeña en la Fundación Ortiz Gurdián como voluntaria.

“Inicié con más o menos 14 mujeres, pero por diversas razones quedaron ocho, de las cuales sólo cuatro tomaron en serio el reto de potenciar su talento y expresarse mediante la pintura”, aseveró la pintora.

Las cuatro perseverantes que han atravesado las diversas etapas del aprendizaje pictórico son Cristina Núñez, Isabel Páramo, Sonia Bravo y Violeta Lara.

Obviamente, coronar el camino no ha sido fácil, han tenido que superar diversas barreras, entre ellas las distancias, porque son originarias de Masaya, Granada, Rivas y Managua, lo que se traduce a que martes a martes han realizado la travesía sagrada para encontrarse en el paraje de la paleta y echar a volar su imaginación.

Sara Lynn se muestra contenta y orgullosa, porque estas cuatro titanes hoy abrirán su primera exposición, en la que más que colores y trazos, se admirará la capacidad de mujeres de temple que se han asido a la vida de manera extraordinaria.

Una familia en el arte y el dolor
“Cuando se me vino la idea de impulsar estas clases, pensé que les ayudaría a las sobrevivientes de cáncer, pero en realidad fue al revés, porque ellas han llenado muchos vacíos en mi vida y ahora son parte de mi familia”, comentó Sara Lynn.

“Aprender a pintar ha significado mucho porque me ha ayudado a sentirme útil, a sentirme apreciada, a darme una razón por la que levantarme cada día y no quedarme sola en mi casa. Estoy contenta porque me he interesado por la pintura y quiero salir adelante. Espero que podamos contar con el apoyo de más personas”, dijo Sonia Bravo.

Para Isabel Páramo, “ha sido un gran logro tanto en lo físico como en lo emocional, ya que siento que me refugio en los momentos de depresión, me animo y me inspiro, sobre todo cuando estamos en la casa de la profesora, pues hay amor, comprensión y apoyo incondicional”.

Por su parte, Cristina Núñez dijo que a través de la Fundación Ortiz Gurdián logré identificarse con Sarah Lynn, “una mujer muy capaz de ayudar y transmitir sus conocimientos a personas que hemos pasado y seguimos luchando contra este mal, que detectándolo a tiempo tiene cura”.

Algo muy importante que hizo Cristina fue instar “a todas las mujeres a  chequearse para que se den otra oportunidad, como la que nosotras hemos tenido”.

Asimismo, manifestó que la pintura le ha ayudado a descubrir que tenía ese don oculto y “he desarrollado destrezas y me he dado cuenta que en nuestro entorno existen tantas cosas lindas y que a veces no las vemos, pero al conocer a Sarah Lynn, mi vida dio otro rumbo porque ella tiene paciencia y tiene la cualidad de transmitir sus conocimientos”.

Y es que según Sara Lynn, el secreto primordial que les transmitió a estas mujeres radica en que deben aprender a ver, por eso sólo les dio algunos tips que ellas supieron aprovechar y superaron cualquier expectativa, siendo la prueba a la que nos remitimos la calidad de los acrílicos sobre tela, carboncillos sobre papel, temperas sobre cartón y pastel sobre papel, con los que capturarán el ojo crítico de quienes asistan a “Trazos de vida y esperanza”, que abre hoy a las cuatro de la tarde en Restaurante Quinta Holanda, en el kilómetro 31 de la Carretera Sur.