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Avatares mediáticos1 es el libro número 27 de Guillermo Rothschuh Villanueva, lo que significa que le cabe el honor sin ninguna duda, de pertenecer junto a Jorge Eduardo Arellano, Oscar René Vargas y Orlando Núñez, al cuarteto de los intelectuales nicaragüenses vivos que más libros han publicado.


La inclusión en el título del sustantivo “avatares” es muy significativa, ya que el libro se refiere precisamente a las vicisitudes o acontecimientos contrarios al desarrollo o buena marcha de las comunicaciones públicas. Por otra parte, el adjetivo “mediáticos” nos hace referencia a los medios de comunicación o lo que esté relacionado con ellos. En otras palabras, el título de la obra nos da la clave al anunciarnos lo tratado: lo que no anda bien con el funcionamiento de los medios de comunicación en Nicaragua.


En la portada aparece la foto de una rotativa, indicándonos simbólicamente un origen desde la prensa escrita. Efectivamente, en la solapa leemos que los artículos aquí recopilados han sido publicados, casi en su totalidad, en diferentes medios escritos, y se respalda en la contraportada con las opiniones de colegas que trabajan en la radio y la televisión, para ratificarnos que su trabajo académico se originó a través de la experiencia de la letra escrita y tiene que ver con todo el tinglado donde habitan esos distintos medios tecnológicos de la comunicación social.


El color azul intenso dominante de su carátula me llamó la atención e inmediatamente me hizo recordar el grito libertario que acuñara nuestro querido y recordado Edgardo Buitrago en ocasión de las celebraciones del centenario de la aparición de Azul,2 de Rubén Darío: ¡Guerra a lo negro!… Azul, azul, azul. Y es que como veremos luego, las tesis que plantea Rothschuh Villanueva, en alguna forma esbozan una guerra a lo negro y un viva a lo azul, que en el budismo tibetiano, según el Diccionario de los símbolos, de Chevalier y Gheerbrand,3 es la luz de la sabiduría que abre la vía de la liberación.


Por eso, en este libro Guillermo Rothschuh Villanueva nos redefine el espacio en que opera el llamado cuarto poder o el campo de fuerzas donde se mueven los medios de comunicación social, su plataforma, sus actores constituyentes y su correlación de fuerzas; abriéndonos mediante reflexiones incisivas, nuevas aristas, nuevas zonas y derroteros críticos, para recordarnos caso a caso, que «[…] La democracia moderna solo es entendible si propicia el pluralismo, la tolerancia y la existencia diversa de medios, porque donde desaparece la crítica, los gobernantes actúan sin los contrapesos necesarios que impone todo régimen civilizado».4


Quiero recalcar que se trata de un análisis del Estado y su modus operando; de ninguna manera, de lo que hace un gobierno determinado. Su visión, aunque parte de la coyuntura, es sistémica y holística. Podríamos decir que para él lo concreto es lo estratégico, en la medida que lo actual es producto de la tensión de varias fuerzas de vienen estructurándose y cambiando desde el pasado, en dependencia del comportamiento de los actores constitutivos; pero también que el ahora (lo de hoy), ratifica lo realizado ayer y lo proyecta hacia el futuro, de tal suerte que si no se hace nada hoy, mañana tendremos más de lo mismo.


El libro está organizado alrededor de cinco partes, a saber: Medios y gobierno; Propuesta para jóvenes; Descifrando a los medios; Ley de Telecomunicaciones y Servicios Postales; y Otras revelaciones; además de un Epílogo. Pero los temas se imbrican unos a otros, de tal suerte que en cada parte se profundiza más en unos que en otros, pero todos son parte del mismo tejido analítico.


En cada una de las partes encontramos un epígrafe del maestro florentino Giovanni Sartori, ganador del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2005, por la elaboración de una teoría de la democracia en la que ha estado siempre presente su compromiso con las garantías y las libertades de la sociedad abierta; epígrafes que parafraseo de la siguiente forma: Como estamos inundados de mensajes, que al parecer reales implican ser verdaderos; es preferible resistirlos aún a riesgo de perder la existencia.


Esa teoría de la democracia es el cuerpo vertebrador de los planteamientos de Rothschuh Villanueva: «Ningún poder debe estar habilitado para funcionar por encima de la sociedad»,5 sostiene en quizás su artículo más esclarecedor de su marco conceptual: “Analizar y comprender los medios», y luego sentencia en el Epílogo: «La democratización del país pasa por la democratización de las comunicaciones».6


Desde un punto de vista epistemológico, me parece que trata de develar y entender los mecanismos ambientales de la transducción del mensaje en los medios de comunicación social.


Como todos sabemos, a partir de la teoría del lenguaje de Kart Bühler,7 Romam Jakobson8 formuló su famoso esquema semiótico básico de la comunicación, constituido de tres elementos: emisor, mensaje y receptor; pues bien, desde que el checo Jirí Levý introdujo en 1967 sus tesis sobre los problemas fundamentales de la teoría de la transducción9, y posteriormente desde 1986 se realizaron los aportes de Doležel10 y Maestro, sabemos que el modelo inicial lingüístico de la comunicación humana se modificó con un cuarto elemento: «El ejecutante intermedio o intermediario, quien desempeña indudablemente una función de mediación, es decir, de transducción, entre el mensaje que sale de las manos del autor y el público receptor».11


El sentido del concepto transducción es el de «transmisión de algo a través de un determinado medio que actúa sobre el objeto (el mensaje), provocando en él ciertas transformaciones. Transductor sería, pues, el agente que transmite o lleva un objeto (el mensaje), que por el hecho mismo de ser transmitido es también transformado, como consecuencia de la implicación o interacción con el medio a través del cual se manifiesta».


Lo más interesante de este planteamiento es que el sujeto intermediario o transductor y sus circunstancias adquieren forma objetiva desde el momento en que su actuación sobre el medio y durante el proceso de comunicación puede condicionar las posibilidades de recepción por parte del público.


Doležel argumenta que se trata entonces de plantear la distancia existente entre la información y el conocimiento, entre doxa y episteme.12 Sin duda, como lo señala Jesús G. Maestro: «La información puede existir al margen del sujeto y de la interpretación; el conocimiento, sin embargo, no. Este último solo es posible a partir de la información interpretada, es decir, de la información sometida a la experiencia del ser humano. Habitualmente lo que recibimos como información, sobre todo a través de los medios de comunicación de masas, no son datos simplemente, sino que se trata ya de información interpretada, con frecuencia muy astutamente elaborada; es decir: de interpretación mediatizada (conocimiento transducido) que eso es, y no otra cosa, el contenido del discurso periodístico».13


Y por supuesto, agregaría yo, la información está siendo interpretada al ocurrir las censuras, autocensuras, cambios de líneas informativas o en los formatos usados como medio de transmisión.


Ya Avatares Mediáticos se encarga de recordárnoslo: «[...] Los periodistas se encargan de escribir la historia cotidiana de nuestras sociedades. A través de los medios hemos aprendido a llorar y reír, a enamorarnos y besar. Son los encargados de pulir nuestros sentimientos, así como moldean nuestros afectos y generan nuestros rencores. El mundo de las emociones ha quedado atrapado en sus redes. La ductilidad de sus lenguajes es fascinante, seduce y embruja.  Los medios son los encargados de poner en perspectiva todo lo que acontece en nuestras vidas. Muchas veces ocultan y en otras tergiversan. La irradiación global de sus discursos penetran todos los intersticios de nuestras sociedades. […] Su alto poder de movilización y concienciación acorta y facilita el logro de objetivos sociales, económicos y humanos».14


Pero esa transducción del mensaje pasa por el cribaje de las relaciones de poder en que se articulan los medios de comunicación; las que se establecen con el gobierno, el sector privado y el público. Allí, los distintos intereses y cuotas de poder imponen restricciones y fomentan desmandes.


Asimismo, la estructuración de los medios alrededor de una tecnología y la experticia de los equipos humanos que trabajan en ellos potencian o limitan su uso, y en consecuencia el mensaje. De ahí la importancia que Rothschuh Villanueva le da a una Ley de Telecomunicaciones que dibuje claramente las reglas del juego, y a la introducción de estilos emergentes del periodismo joven, como es el caso de la Brújula Semanal.


Los temas claves planteados en el libro son:
El papel del Estado y la necesidad de una consensuar una Ley de Telecomunicaciones y Servicios Postales cuyo contenido asegure, entre otras:
Las reglas del juego que permitan la equidad en la asignación del espectro de las frecuencias radioeléctricas y evitar la concentración de medios en pocas manos; la regulación explícita para el sector sobre la participación del capital extranjero; la disminución al máximo de la discrecionalidad en las decisiones regulatorias; la tipificación de los delitos contra la libertad de expresión; garantizar el derecho de la ciudadanía a mantenerse debidamente informada frente a las emergencias; y el fomento de las radios comunitarias.


El papel del gobierno, destacando entre otras:
Su negativa a entregar información de interés ciudadano; la tendencia hacia el control y copamiento de los medios de comunicación, en especial la radio y l televisión, por personas afines al gobierno; las formas de entrega de la publicidad oficial; las campañas denigratorias contra los medios no gubernamentales; la conversión de los medios en agentes de propaganda política; y el uso descuidado de las cadenas radiales y televisivas.


El papel de los empresarios de medios, destacando entre otros:
La arrogancia de los medios al no aceptar críticas cuando se equivocan o perjudican a alguien; la responsabilidad de los medios y sus propietarios con la ciudadanía a través de la rendición de cuentas al público de sus transacciones cuando trascienden el ámbito estrictamente privado; la exigencia de una mayor aproximación a lectores, televidentes y radioescuchas a través de nuevas plataformas tecnológicas; la aceptación de presiones financieras por parte de los anunciantes para disminuir la calidad de los programas; la venta de la línea editorial; el afincamiento de la nota roja y el publirreportaje en algunos medios; la necesidad de redefinir y reencauzar el trabajo de los medios en áreas sensibles vinculadas al desarrollo y la ciudadanía; la falta de crítica asociada a deseo de conservar anuncios por lo que las noticias sobre los empresarios y las empresas se quedan en la superficialidad; la prostitución de los noticieros con payasos y rifas; y la autorregulación como una necesidad apremiante.


El papel de los empresarios privados, destacando entre otros:
La importancia de respetar el espacio de la función comunicativa e informativa de los medios, sobre todo a la línea editorial y el espacio principal debido al enmarque de las noticias; parar los abusos con los publirreportajes y las robaplanas; el abstenerse de abusar de los medios con exigencias de espacios premiun que son potestativos de la comunicación social y no de la propaganda y el carnaval (rifas y payasos).


El papel de los periodistas destacando entre otros:
Confrontar las opiniones de los políticos con la realidad y no ser solo portadores del discurso; formar un solo frente para parar la escalada de agresiones de todo tipo durante los períodos electorales; evitar ser instrumentalizados en la polarización ideológica y política durante los períodos electorales; la necesidad de insistir en reenfocar trabajo periodístico a las áreas vinculadas al desarrollo comunitario, económico, social, cultural y ambiental; ser más críticos con la fiscalización de la empresa privada; desarrollar el periodismo investigativo; ejercer la autorregulación ética; y estudiar, actualizarse y prepararse más.


El gran aporte que pueden dar las nuevas generaciones de comunicólogos, usando con ejemplo la revista semanal La Brújula Semanal:
Introducción de innovaciones que pueden prolongar el ciclo de vida de las publicaciones periódicas escritas: cambio de formatos; búsqueda de nuevos segmentos de lectores gratuidad sin comprometer los contenidos; salvaguarda de espacios en la diagramación; cambio de temas centrales hacia una agenda que contemple los de absoluta incumbencia; hacer aportes sustantivos a las familias: lidiar con la crisis económica y cómo enfrentar la entrada a clase, etc…; darle voz a la ciudadanía y a los lectores: creación de la figura del defensor de los lectores, apertura de la sección correspondencia y aclaraciones, luego la de correcciones; ejercicio continuado del periodismo investigativo; y mayor aproximación a lectores mediante el uso de e-mail, facebook y twitter.


Siendo como es, un libro estructurado alrededor de problemáticas dominantes presentadas en artículos de opinión publicados en diferentes medios impresos, no podemos esperar algo concluido o acabado; al contrario, se trata de una apuesta: recoger lo significativo de esa producción para presentarla a un público más paciente, más analítico, para tratar de fomentar el debate público y acaso sistematizar los distintos aspectos en otro futuro libro, que creo que se hace muy necesario en Nicaragua.


Son tan importantes y variados temas que nos plantea Guillermo, que no necesariamente debemos estar todos de acuerdo en algunos de ellos. Lo importante es detectar los puntos sensitivos, profundizarlos mediante la discusión cívica, y llegar a un consenso básico sobre la composición y actuación que se da en el espacio operativo de los medios de comunicación.


Nos queda pues como tarea, posibilitar ese debate, y pienso que la Universidad podría jugar un papel muy importante en este tema básico de lo que constituye la nueva ciudadanía. En especial pienso en las carreras administrativas donde se forman los empresarios y tomadores de decisión que harán las futuras contrataciones publicitarias, tan importante para la vida de los medios.


En fin, para comenzar a interiorizar en nuestras vidas el compromiso que tenemos con nosotros mismos, para seguir asentando las bases de nuestra incipiente democracia, ya que como argumenta Douglass C. North, el premio Nóbel en economía 1993, en su libro Violencia y órdenes sociales: un marco conceptual para interpretar la historia humana registrada,15 el cambio social solo se produce cuando los individuos interiorizan las ideas de progreso y desarrollo humano, y las realizan en su actuar cotidiano.
Gracias Guillermo por tus nuevos asedios a nuestra enclenque sociedad democrática.
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1    Rothschuh Villanueva, Guillermo. Avatares mediáticos. Managua: Edición Princesa, 2011.
2    Darío, Rubén. Azul. Edición del Centenario. Managua: Editorial Nueva Nicaragua, 1988.
3     Chevalier, Jean y Gheerbrand, Alain. Diccionario de los símbolos. Quinta edición. Barcelona: Editorial HERDER. 1995.
4     Rothschuh Villanueva, Guillermo. Op. Cit:, pág  213.
5     Rothschuh Villanueva, Guillermo. Op. Cit:, pág  119.
6     Rothschuh Villanueva, Guillermo. Op. Cit:, pág  266.
7     Bühler, Kart. Teoría del lenguaje. Madrid: Alianza Editorial, 1988.
8     Jakobson, Roman. Lingüística y poética. Ensayos de lingüística general. Barcelona: Editorial Ariel, 1984.
9     Procházka, M. “Jirí Levý y el desarrollo de la teoría literaria”. En: Estética, 19. 1982 (219-228).
10     Doležel, Lubomir. “Semiotics of Literary Communication”. En: Strumenti Critici, 1. 1986 (5-48).
11     Maestro, Jesús G. “La recuperación de la semiótica”. Nuevas Perspectivas en semiología literaria. Madrid: Editorial ARCO/LIBROS. (12-40).
12     Doležel, Lubomir. Op. Cit.
13     Maestro, Jesús G. Op. Cit.
14     Rothschuh Villanueva, Guillermo. Op. Cit:, pág  114.
15     Nort, Douglass C., Wallis, John Joseph., Weingast, Barry R. Violence and social orders: a conceptual framework for interpreting recorded human history. New York: Cambridge University Press, 2009.