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Río San Jua­n. Ángel Martínez Baigorri
(Nace en Lodosa, Navarra, el 2 de octubre de 1899, y muere el 5 de agosto de 1971, en Managua)
Río hasta el fin, Río San Juan, tan simple.
Y yo leyendo a Kierkegaard en ti me abismo
Y no me desespera
Su desesperación que es tan desesperada.
Yo había adivinado estas orillas:
Misteriosas orillas que hacen un cauce nuevo
Del que brotarán hombres como mundos
Y yo llegué a ser hombre en este río completo.
Y mar: un nombre inmenso
De mar en que el mar cabe:
Y cabrá el mar en ese nombre inmenso,
Cuando sepa mi nombre:
Cuando cree mi nombre
Con el poder de un vuelo, ¡a fuerza de alas!

Autorretrato de Pedro Almodóvar

Hace mucho tiempo que me hago un autorretrato, son sólo para mí, para ver el paso del tiempo, para hablarme a mí mismo de la soledad. El caso es que en todos los hoteles a los que voy me hago una fotografía frente al espejo. Es un ritual de película de arte y ensayo, lo sé, pero me gusta hacerlo, es curioso que en el cine huya del naturalismo y, en cambio, no me interese tanto en la fotografía.

Los dos escritores. Guillermo Menocal

Dos escritores editaron sus obras. Uno publicó una novela de cuatrocientas páginas y los lectores terminaron cansados y aburridos, a pesar de haberse salteado muchos folios. El otro publicó un cuento de unas cuantas líneas: pero éstos se sintieron más satisfechos porque experimentaron en esa narración elíptica: la emoción, la sorpresa, lo sugestivo, el misterio.... Lo interpretaron de diferentes maneras, incluso, creyeron ser el personaje del cuento y hasta estar seguros de poder escribir algo semejante.

Tarzán. Paco Ignacio Taibo I

He pasado por todos los Tarzanes como quien salta de oca en oca y de tan largo viaje sólo me  quedó ese grito que siempre hizo a los elefantes levantar la trompa. Hace tiempo pronuncié unas charlas a un grupo de niños a los cuales preguntábamos al final  de los discursos si les hubiera gustado ser Tarzán, el rey de la selva. Uno de los niños respondió que él lo que quería ser era un elefante. Ese niño me abrió los ojos y destruyó para siempre mi bosque infantil. Porque descubrí que Tarzán era racista, iletrado, misógino, machista, exhibicionista y, además, tonto. Últimamente he leído muy serios tratados en los que se estudia al hombre suelto en la naturaleza. Mi conclusión es que Tarzán, suelto en la selva africana, necesitaría dos millones de años para vencer a un mono cualquiera. Por eso estoy con el niño de mi conferencia. Si se trata de que me suelten en el Congo, prefiero ser elefante.

Lassie
Cuando la perra Lassie salvó a la niña que estaba a punto de morir, yo odié a la perra. Cuando Lassie se portó como una dama en la cocina de la señora rica, yo odié a la perra. Cuando Lassie atacó al bandido y lo mantuvo inmóvil hasta que llegó la policía, yo odié a la perra. Solamente una vez me cayó bien la perra Lassie. Eso fue cuando se portó  como una perra.