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“Biutiful” (2010, dirigida por Alejandro Ganzález Iñárruti) es una de las películas más hermosas e impresionantes que he visto en los últimos años. Una película triste, sin duda, una cinta que nos enfrenta a los enormes problemas de la existencia. La Barcelona de la farándula y de Las Ramblas, la Barcelona rica, derrochadora, la Barcelona de Gaudí, no es la que vemos en esta película. La única vez que asistimos a una escena de esa Barcelona de cartel, es cuando la policía está persiguiendo a los africanos que venden imitaciones de Louis Viuton en las aceras.  “Biutifil” nos muestra otra Barcelona, periférica, provincial, pobre, decrépita, parecida al apartamento en el que yo vivía en Hostafrancs cuando era estudiante en la Universidad Central. Esa Barcelona que es más auténtica que la del Paseo de Gracia o la del mismo Barrio Gótico. Es una Barcelona triste, es cierto, pero ¿qué es más auténtico que la tristeza?

En “Historia de la belleza” Umberto Eco afirma que no hay nada más bello que la tristeza. Ni la escultura más elegante, ni la joya más elaborada, ni las puestas de sol más dramáticas se pueden comparar con la belleza de la sonrisa triste de Helena cuando abandona a su marido Menelao para fugarse con Paris a Troya. La vida es una lucha, eso lo sabe todo el mundo, pero hay que leer “Descripción de una lucha” de Franz Kafka para entender lo que de verdad es la tristeza y la lucha.

La Barcelona de “Biutiful”, con sus casas desconchadas, sus apartamentos decrépitos, sus noches interminables y su infinita corrupción representa la insoportable belleza de la ciudad multitudinaria e inasible. En la posmodernidad ya no hay aldeas: todos vivimos en una gran Babel interminable, conectada por una red infinita de sitios solitarios que nos llevan de un lugar a otro sin un derrotero fijo. Todos somos argonautas tristes de la noche de Facebook, del cáncer que a todos nos carcome el alma, mientras reímos a carcajadas y derrochamos dinero, hacemos el amor y escondemos la tristeza, como esconden los pecados los católicos penitentes.

El amor es lo más grande y bello que tenemos los seres humanos. Pero la pregunta que surge es ¿cómo y desde dónde amar?¿De dónde salen las fuerzas para poder uno arrastrarse por el mundo en pos de un ser amado, para defender a un hijo criminal, para alimentar a los nietos desvalidos, para sobrevivir a la muerte, a la tortura, al horror? Javier Bardem(Uxbal) no es solamente uno de los mejores actores de nuestro tiempo, sino que sabe escoger muy bien sus papeles. En No Contry for Old Men, en Mar adentro, su perspectiva, su forma de presentar la vida, la motivación, la voluntad. Hasta la frivolidad de una “Vicky Cristina Barcelona” de Woody Allen, la hace parecer valiosa e importante.

En Biutiful el dinero tiene un papel estelar. Pero no la riqueza, no el lujo o el exceso, no la elegancia de las ficciones norteamericanas sino el vulgar y sucio efectivo que circula de mano en mano, conteniendo y acarreando todos los microbios de este mundo. El todopoderoso euro, que día a día mueve el mundo, por el que los chinos mueren en un cuarto inmundo de Barcelona, y por el que los africanos se lanzan al mar y viven en áticos fríos y mugrientos. El vulgar efectivo tiene un papel protagónico en “Biutiful”. La semiótica que impera en este filme es la del papel moneda, la compra-venta, el cash, que con solo su sonido fricativo es capaz de excitar el sexo y la conciencia. La plata tiene una significación especial y dolorosa en esta cinta, ya que como en la vida real, todos la necesitamos, y como en la vida real, podemos matar por ella cuando no la tenemos.

El deseo, la concupiscencia, el placer, no cuentan mucho en un filme como “Biutiful”. Contra la corriente de nuestro tiempo, donde hemos entronizado el deseo, donde mujeres y hombres nos hacemos implantes para ser deseados, Uxbal no sucumbe a esas tentaciones. Si alguien representa los valores de esta, y tal vez, de la otra vida, es ese personaje que está dispuesto a sacrificarlo todo por sus hijos, que ama a su mujer loca, ninfomaníaca, alcohólica, enferma. Sus hijos son su razón de ser y su tortura. No hay nada más importante que ese amor. Pero la muerte se interpone. Siempre la muerte se interpone en el medio del camino de nuestra vida, para mal citar a Dante.
El cáncer de próstata que lo está carcomiendo poco a poco es una metáfora de este mundo detestable y deprimente que nos carcome día a día. Orinar sangre es un símbolo de lo que llevamos adentro. Sacarnos de las entrañas este monstruo que nos persigue en las noches de parranda, en las discotecas donde mujeres bellas bailan adosadas a las paredes. Noches de tragos, de drogas y de sexo.

Noches rutilantes que quedan resonando en los oídos hasta el amanecer. “Biutiful” es una obra sobre la culpabilidad. Todos somos culpables de esta hecatombe mundial. Nadie se salva. Ni los niños que apenas están descubriendo que su madre es una loca de la que hay que protegerlos, que nada es confiable, duradero. Todo el mundo es un enemigo en potencia. Cuídate de aquel que te regale un calentador de gas en el invierno: Ese puede ser tu asesino. La culpa original que el cristianismo nos ha inculcado desde niños. Todas las culturas, como decía Levy-Straus, se originan en una culpabilidad inocente.  No es necesario hacer nada. Somos culpables de nacimiento. El pecado original nos perseguirá siempre.
Uxbal se comunicaba con los muertos. Tiene la capacidad para ser médium, para poder acompañar a los muertos en su camino y ayudarles a llegar a su lugar. Pero ¿Adónde es que queremos llegar?¿Regresar a Nigeria o a Nicaragua, volver al útero materno, entrar en el parnaso o en el paraíso? Todos queremos llegar a algún lugar que de una forma u otra nos persigue. Los antiguos egipcios nos dicen en “El libro de los muertos” que la verdadera vida empieza después de la muerte.

Todas las religiones monoteístas copiaron ese principio y hoy día la gran mayoría de casi siete mil millones de seres que vivimos en este mundo esperamos llegar a un lugar mejor en la posvida. Pero Uxbal con costo puede encontrar el camino del baño a la cama. Cuando su hija le pregunta en una escena central de la película, ¿cómo se escribe “beautiful”? Así como suena, le contesta Uxbal, quien en ese momento tiene tantos problemas en la mente que el título que su hija le quiere poner al dibujo que recién hizo parece banal y sin importancia: sin embargo, ese detalle ocasional es el centro de toda la propuesta del filme.

La ortografía no es más que una convención. El cielo con c o el sielo con ese sigue el mismo cielo. Si estoy leyendo bien la película, el mensaje es que en la vida nos preocupamos muchos de los detalles superficiales, cuando las esencias, las cosas que de verdad importan, las dejamos tiradas en la calle mientras nos preguntamos si calle se escribe con doble ele o con ye. Pocas ficciones en los últimos años tienen la profundidad, la belleza, la tristeza, y la elocuencia de “Biutiful”. Día a día nos matamos por dinero. Los que lo tienen te dicen que no tiene importancia, pero despellejan a su prójimo por centavos. Los que no lo tienen luchan día a día como los chinos y los africanos en la película. Quiero creer que, sin embargo, lo que triunfa en el fondo, por encima de la locura, del cáncer, y de la miseria, es el amor. La historia en realidad ni lo confirma, ni lo niega. El final de la película es abierto y puede ser sujeto de variadas interpretaciones, ya que como casi todas las grandes ficciones, los lectores debemos completarla.