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Una familia esencialmente poética es la imperecederamente constituida por Eliseo Diego y Cintio Vitier, junto con sus esposas las hermanas Bella y Fina García Marruz. Parejas indisolubles en el tiempo, -a pesar de haber fallecido ya Eliseo y Cintio- con hijos artistas, cineastas y novelistas, buena levadura, buena semilla, buenos orígenes. Dos parejas cristianas en revolución, y en plena revolución cubana, “su obra dio un giro hacia el compromiso político y social a partir de los años 60, en parte debido a la influencia del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal”, nos recuerdan en estos días algunos cables noticiosos. Puntos de referencia insoslayables, junto con José Lezama Lima y Gastón Vaquero entre otros, del Grupo Orígenes, del que Enrique Anderson Imbert dice que fueron “antirrealistas; o, si se quiere, anhelaban a traspasar lo que llamamos realidad y acercarse a lo absoluto”. Y citando a Cintio Vitier, agrega que “no se empeñaron en avanzar, como los de la Revista Avance, de 1927, sino en sumergirse en busca de los orígenes: Y Orígenes (1944-1956), en efecto, se llamará la revista que los agrupe. Dieron a su credo estético el nombre de trascendentalismo porque no gozaban de esas experiencias inmediatas fácilmente expresables por la palabra, sino que partían hacia lo desconocido en busca de entes absolutos.”

Punto de referencia los Vitier, Diego, García Marruz que es un todo o un ente absoluto, en la poesía cubana, sobre todo en estos días en que Fina acaba de obtener, a sus 88 bien llevados años, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, galardón que por conocerlos y quererlos a los cuatro, estoy seguro comparte con todos esos orígenes tan suyos, y en especial con su compañero absoluto Cintio Vitier. Fueron grandes amigos de Nicaragua por amar la poesía y la libertad, tal y como quedó reflejado en el libro de Fina “Viaje a Nicaragua con Cintio Vitier” (1987) y compartidores del gracias a Fina y Cintio, cada vez más entrañable Martí, quien llamara hijo a nuestro Rubén, hermanándonos así en un todo absoluto de ética, estética, libertad y poesía. Y hermanándonos a todos los iberoamericanos en la poesía de Fina, a quien con justicia los cables describen como “sencilla, quieta, siempre humilde. Fina García Marruz comenzó en la poesía, lo que se dice de manera apasionada, pues siempre debió estar en ella, desde la adolescencia, cuando viajó a La Habana el poeta español Juan Ramón Jiménez”.

Eliseo y Bella, Cintio y Fina, cuarteto de cuartetos de un soneto inmejorable. Sofía, la reina, hecha poesía gracias a Fina la soberana de la modestia. Uno de los jurados, Francisco Brines, acaba de decir que el grupo “Orígenes” al que perteneció Fina, es el equivalente a la “Generación del 27” de España. Y otro jurado, Luis Antonio de Villena, le otorga un calificativo a la altura de su personalidad: “La gran poeta secreta”. Pero un secreto a voces, desde ahora, de Cuba y de toda Iberoamérica, con versos imprescindible como los de este homenaje suyo al cine mudo: “No es que le falte/ el sonido, / es que tiene/ el silencio”. Releo su libro “Hablar de la Poesía”, y encuentro esta especie de Ars Poética:
“No se debiera tener «una» poética. En la poética personal debieran entrar todas las otras poéticas posibles. Que el sinsonte y «el divino doctor» no se recelen mutuamente. Que el arte directo no excluya el viejo preciosismo. La naturaleza crea el ala para el vuelo pero, después, la decora. El realismo verdadero debiera abarcar el sueño y el no-sueño, lo que tiene un fin y lo que no tiene ninguno, el cacharro doméstico y la Vía Láctea. Ningún otro realismo que el de la misericordia.

El bromista Cocteau dijo una de las cosas más lúcidas que se han dicho de la poesía: yo sé que la poesía sirve para algo, lo que pasa es que no sé para qué. Algunos ven a Cocteau como a un payaso, pero a ellos les recordamos lo serio que son los payasos y cómo, tantas veces, han sido los bufones los únicos que le dijeron la verdad al rey.”

Cristianos, sin ningún otro realismo que el de la misericordia. Poetas teniendo en la poesía fin y orígenes. Un sagrario en el amor o, lo que es lo mismo, el amor de ambos en un sagrario. Comunión de la palabra. Seguro estoy que no se ha olvidado Cintio de felicitar a Fina en esta ocasión tan especial. Digo, ya la felicitó cuando, el 14 de julio de 1963, escribió el poema “A mi esposa” que así termina: “Te amo, lo mismo/ en el día de hoy que en la eternidad, / en el cuerpo que en el alma, y en el alma del cuerpo/ y en el cuerpo del alma, / lo mismo en el dolor que en la bienaventuranza, / para siempre.”

luisrochaurtecho@yahoo.com

“Extremadura”,  Masatepe, 5 de mayo del 2011. (“Me quema la palabra”).