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El pasado es la ruina ilustre, el monumento venerable o execrable, el presente; la angustia, el problema o los desafíos de la estructura de la realidad, el futuro es la única dimensión de la temporalidad que se abre a nuevas posibilidades y es quizás el mejor tiempo en el que se cumplen los proyectos, las reflexiones y las anticipaciones.

En este devenir es que se sitúa la obra de Carlos Tünnermann Bernheim “La Universidad del futuro” (Hispamer, Managua, 2011). Y el escritor, que es un teórico e historiador de la Universidad de rango universal, nos conduce a través de su libro con la pertinencia y la flexibilidad del verdadero intelectual, qué necesitamos en las urgentes tareas de las transformaciones de nuestras universidades que adolecen de mucho pasado e inmovilismo, en unos casos, y en otros de partidismos extemporáneos así como de universidades que sin más, se dedican a la búsqueda de la rentabilidad con menoscabo de la calidad y la pertinencia de la educación.

Esta obra que consta de diez partes es una recopilación pero tiene un sentido de unidad admirable porque se ocupa desde los desafíos de la universidad de nuestro siglo, de cómo promover el desarrollo humano sostenible y cómo avanzamos en la sociedad del conocimiento, de los modelos educativos, la autonomía y la globalización hasta las tendencias actuales en el diseño curricular.

Esta obra es realmente una visión de la Universidad del futuro, de su innovación como condición indispensable para su existencia como espacio de la reflexión, los valores y de la producción científica.

En el primer tema del libro, Tünnermann; aborda los desafíos de la Universidad en el siglo XXI y los de la universidad del futuro no con un ánimo catastrofista que vemos siempre en los futurólogos, sino con la seriedad del especialista en educación superior, haciéndonos notar que estamos en la “global village”, en la aldea global, una nueva organización social planetaria unida por los medios y las tecnologías de comunicación y en lo que se denomina sociedad del conocimiento.

Por supuesto esta noción proviene de Marshall Mc Luhan, concepción que se ha vuelto realidad más extensa en nuestros días cuando vamos más allá de la foto, el fonógrafo, la radio o de la televisión. En realidad, los medios son extensiones del sistema nervioso central del ser humano y según Mc Luhan hemos llegado al tiempo de la simulación tecnológica de la conciencia. Presentes en la era de la automatización estamos ya en el tiempo del uso de las tecnologías de información y de comunicación cuyas vastas redes forman una nueva esfera para el conocimiento. Hay una gestión automática del conocimiento que supera dramáticamente cualquier enseñanza tradicional.

Las tendencias principales que se advierten en el mundo actual, que Tünnermann plasma aquí, son realmente sorprendentes y tremendas cuando son pensadas a la luz de los acontecimientos de hoy que marcan un derrotero implacable de violencia y desesperación junto a unos signos muy positivos y todos en el marco de una mundialización cada vez más injusta y con una distribución desigual y mortal de la riqueza.

A la par de un rápido desarrollo de la tercera revolución industrial y del progreso de la globalización, se encuentra un mundo amenazado por la crisis ecológica y por nuevas formas de violencia y de conflictos.

También algo emerge como un fenómeno planetario: la sociedad de la información, dividiendo en la práctica a quienes tienen o no acceso a las TIC.

Pero es indudable que el trabajo de este libro del Dr. Carlos Tünnermann, traza un eje importantísimo para concebir la educación superior, cuya casa es la Universidad, y es la globalización relacionada con el crecimiento exponencial y la complejidad del conocimiento.

Si al menos nuestras universidades nacionales comprendieran que las economías de hoy se basan en el conocimiento, otro sería la realidad del país o de los países de América Latina que deben dedicarse a la investigación o a la apropiación de los lenguajes de las TIC, sin estas mínimas condiciones, no tendremos nunca una creación de riqueza necesaria para la satisfacción de las necesidades de nuestros pueblos.

Según Alvin y Heidi Toffler lo que debemos procurar es una inteligencia estratégica para crear nuevas riquezas. Para estos autores que conceden al conocimiento otras características tales como: 1. El conocimiento es intrínsecamente no rival 2. El conocimiento es intangible 3. El conocimiento no es lineal 4. El conocimiento es relacional y otros… La riqueza es el futuro y está basada en el conocimiento.
Para Tünnermann el conocimiento crece al interior de una disciplina mientras a los lados aparecen nuevas disciplinas y se entrecruzan para formar cuerpos interdisciplinarios o trans disciplinarios, pero lo extraordinario de esta era de posibilidades y probabilidades al decir de Ilya Prigogine, es que hay nuevas formas de conocimiento, de producirlo y diseminarlo, de tal manera que hay una globalización del conocimiento.

Ahora bien, la Universidad como institución basada en la autoridad epistemológica tiene ochocientos años de existencia, mas ha permanecido por siglos sin muchos cambios en una sociedad que avanza milagrosamente con nuevas técnicas de comunicación y educación ,está al borde de una revolución que sin cumplirse la llevaría a un fin inexorable.

Como he escogido de este libro de Carlos Tünnermann solo cuatro textos para comentar, continúo desarrollando mi especulación sobre el eje de la innovación y de la acción futurible, mi conjetura es la de sostener que en el núcleo de este texto capital está la visión de la universidad del futuro que refiero y transcribo por su trascendencia en los espacios de reflexión académica:

La Universidad como conciencia de la época. Una Universidad que mantenga estrechas relaciones de coordinación con el Estado, la Sociedad Civil organizada y el sector productivo y empresarial, que forme de un Proyecto Nacional de Desarrollo Endógeno, Humano y Sostenible. Una institución que forje de manera integral, personas y ciudadanos conscientes y responsables. Una Universidad que ponga el acento en el aprendizaje de sus estudiantes y convierta a sus docentes en facilitadores de ese aprendizaje. Un centro que contribuya a conservar y difundir los valores culturales propios y se fortalezca la identidad nacional, y se promuevan la interculturalidad, la cultura de paz y la cultura ecológica. Una Universidad globalmente competitiva, donde docencia, investigación, transferencia de conocimiento, extensión, vinculación y servicios, se integren en un solo gran quehacer educativo. Una Universidad que promueva la integración regional, pero que, a la vez incorpore en su enseñanza una visión holística del mundo. Una Universidad que asuma críticamente el fenómeno de la globalización del conocimiento. Una Universidad comprometida con las culturas de calidad y pertenencia, que acepte la evaluación por sus pares. Una Universidad que sepa emplear todos los recursos de la moderna tecnología educativa. Una Universidad que diversifique su población estudiantil y su oferta de carreras y especialidades e incorpore carreras cortas de nivel superior. Una Universidad inserta en la totalidad del sistema educativa. Una Universidad edificada sobre la base de estructuras académicas y administrativas flexibles, que ofrezca currículos también flexibles. Una Universidad donde las ciencias, las humanidades y las artes encuentren un alero propicio.

Por otra parte, dado el carácter multidimensional de la globalización y definida por la OCDE como “un sistema de producción en el que una fracción cada vez mayor del valor y la riqueza generada y distribuida mundialmente para un conjunto de redes privadas relacionadas entre sí y manejada por grandes empresas multinacionales que constituyen estructuras concertadas de oferta, aprovechando plenamente las ventajas de la globalización financiera, núcleo central del proceso”. Por ser esta globalización económica la que determina a las demás dimensiones, tiene un impacto enorme en la educación superior.

Pero acorde con Carlos Tünnermann es “La globalización de las tecnologías de la comunicación y la información las que más impacto está teniendo sobre las transformaciones de la educación superior.” De tal manera que hoy es imposible que haya Universidades fuera de las redes académicas cuando se piensa que las tecnologías de información y comunicación han hecho una esfera nueva del conocimiento y la educación, una especie de noosfera según el término de Teilhard du Chardin. Estas redes académicas tienen un potencial que proviene de su misma trama y la capacidad pasmosa de multiplicarse y crecer convirtiéndose ellas mismas en un paradigma, al fin “las sociedades del conocimiento son sociedades en redes”.

Y esto es lo urgente, que la comunidad académica y científica de un país pueda aprovechar la redes para mejorar la eficiencia y la innovación por parte de los docentes, acceder a información valiosa y actual , comunicarse con otros académicos, compartir la investigación científica para el desarrollo y establecer relaciones de cooperación internacional en materia de educación.

En síntesis Tünnermann afirma que “el gran reto que imponen la globalización y la sociedad del conocimiento al educación superior, podríamos decir que es el desafío de forjar una educación superior capaz de innovar, de transformarse, de participar creativamente y competir en el conocimiento internacional.”

Sobre este eje de las TIC y la innovación a fin de no perecer, las Universidades deben sincronizar con la idea de que la redes de cooperación científica crean un nuevo nicho de formación científica a través de las redes mismas establecidas y que ello tiene efectos necesarios y determinantes en el currículo, en el proceso de enseñanza aprendizaje y la pedagogía que tendrá que repensar la imagen del ser humano como sujeto del conocimiento que ya es internacional y desde otras bases epistemológicas del conocer y del aprender, tanto como haya avanzado la ciencia en estos estudios.

Como siempre, el Doctor Carlos Tünnermann, atento para pensar sobre los nuevos paradigmas que surgen en el concierto de la organización internacional, nos deriva el concepto de desarrollo humano sostenible y lo relaciona con la educación superior. Esto me parece que es la reflexión sobre este continuum.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el 1994, define que el desarrollo humano es: “un proceso continuo e integral que reúne componentes y dimensiones del desarrollo de las sociedades, en los que resulta central la generación de capacidades y oportunidades de, por y para la gente, con las que la equidad se acreciente para la actuales y futuras generaciones”.

Tünnermann en la elaboración de su texto prosigue y agrega, como en realidad ha ocurrido, el concepto de sostenibilidad y el de seguridad humana, también éste último de una gran comprensión que engloba seguridad alimentaria, seguridad ciudadana, jurídica, social y ambiental. Conjugados los conceptos nos encontramos con que ninguna meta como la paz o la protección medioambiental será posible en ningún país del mundo fuera del marco del desarrollo sostenible y de la seguridad humana. Siendo como es que la educación es el vehículo de transmisión de cultura y de valores esta es ni más ni menos el aspecto esencial del desarrollo humano.

Es desde la UNESCO que se ha reconocido el paradigma del desarrollo humano sostenible y se entiende, por medio del Documento de Política para el Cambio y el Desarrollo de la Educación Superior (1995), que las organizaciones de educación superior con sus funciones de docencia, investigación y servicios deben comprometerse con el desarrollo humano sostenible, que es un factor necesario en la ejecución de estrategias y políticas de desarrollo.

La pregunta que se hace nuestro autor de cómo puede la Educación Superior promover el Desarrollo Humano, y responde desde varios ángulos. Lo esencial es que el quehacer de las Universidades debe estar inspirado y orientado por el nuevo paradigma del desarrollo humano. ¿En qué términos? Tünnermann dice que las instituciones de educación superior, en primer lugar, pueden aportar a la conceptualización a la luz de su propio contexto o región. En lo concreto, por ejemplo, en Nicaragua seleccionaron la equidad y la vulnerabilidad como ejes fundamentales para elaborar los Informes de Desarrollo Humano que publica el PNUD.

Por último, el Doctor Tünnermann piensa que por vía de los equipos interdisciplinarios puede hacerse una valiosa contribución a los Informes de Desarrollo Humano para crear observatorios en nuestros países.

Tal y como pensé mi trabajo sobre este libro del Dr. Tünnermann “La Universidad del Futuro”, llamado a ser un texto de lectura y asimilación indispensable para todos los educadores, en especial de los profesores universitarios nicaragüenses, no estaría realizado sin pensar sobre las tendencias actuales del diseño curricular y su importancia en los procesos de transformación.

Así que el texto sobre “Tendencias actuales en el diseño curricular y su importancia en los procesos de transformación”, que cierra este libro erudito, Tünnermann pasa revista a lo que es el currículo tradicional destinado solo a la transmisión del conocimiento y lo opone a lo que hoy predomina que es una concepción amplia “como conjunto global de experiencias del aprendizaje que se ofrecen al alumno”.

Tünnermann anota que “La concepción actual del currículo lo conceptualiza como una suma de propuestas que asumen el currículo con un enfoque sistemático, una estrategia de planificación y como una proceso de investigación pedagógica”.

El currículo refleja la filosofía educativa y es el que objetiva el Modelo Educativo de una Universidad. Además el autor nos presenta una evolución conceptual del currículo partiendo de su etimología hasta las definiciones dadas por importantes pedagogos y especialistas de la educación. El Doctor Carlos Tünnermann B., está convencido, y compartimos su convicción, de que la educación superior latinoamericana ha de emprender una profunda revolución pedagógica, que redefina los Modelos Educativos para enfrentar los riesgos y amenazas de la globalización y, por supuesto, la desigualdad científica y tecnológica.

Y es aquí donde pienso que todas las innovaciones, transformaciones y creaciones, así como cualquier proyecto futuro, descansan sobre ese componente fundamental de la educación que es el currículo, pueden existir todas las maravillosas TIC que se quieran, pero las Universidades deben responder a los cambios de la sociedad contemporánea no solo con la asimilación de las tecnologías. Debe existir un currículo con un fuerte contenido de humanidades que provea de reflexión y pensamiento crítico y de valores mínimos a los estudiantes universitarios, a fin de no caer en la idolatría de la razón técnica y muchos menos en la mercadología planetaria.

* Erwin Silva es Profesor Investigador del Área de Educación para la Paz y los Derechos Humanos del Instituto de Investigaciones y Acción Social “Martin Luther King” de la Universidad Politécnica de Nicaragua. (UPOLI) .Autor de: Derechos Humanos: Historia, Fundamentos y Textos (2006) Cartas de la Naturaleza. Una Introducción a la Educación Ambiental (2006) y de Educación para una Cultura de Paz (2010).
Bibliografía:
Carlos Tünnermann: La Universidad del futuro. Managua, Hispamer, 2011.pp.83-85.
Heidi y Alvin Tofller: La revolución de la riqueza. Debate, 2006.pp. 219-221.
Marshall Mc Luhan. Comprender los medios. Paidós. Buenos Aires.1996.p.
UNESCO: Hacia las sociedades del conocimiento.2005.