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El Oráculo de la Emperatriz es el título de la novela más reciente del escritor, periodista y docente universitario, Guillermo Cortés Domínguez (Jinotega, 1956), quien sin escarceos literarios y con un pródigo dominio de la sátira y el esperpento, forja, ovilla y despeja situaciones análogas a otras acaecidas en Nicaragua, y personifica conductas similares a las de prominentes personajes de “un gobierno que parece inventado para una novela”, recursos que hacen pensar que las semejanzas con la realidad no son ninguna coincidencia. Esta presunción es fortalecida por el hecho que los nombres y apellidos de sus personajes -políticos, empresarios, religiosos, escritores, etc.-, son muy parecidos a los que sus pares tienen en la vida real, igual que instituciones estatales, canales de televisión, telenoticieros, periódicos, pueblos, ciudades, calles y direcciones, todos reconocibles en la geografía nicaragüense.


Con su conocida acuciosidad, Guillermo hilvana y articula “vivencias”, las que hace converger y formar un todo con el asunto central de la novela, enfocado en la supuesta conspiración urdida contra el gobierno por poetas, cuentistas y novelistas afiliados al Centro Nicaragüense de Escritores, quienes utilizando los contenidos de los prólogos -de libros propios y ajenos- agitan la fogata de la conspiración enviando correos cifrados y orientaciones codificadas a todos los conjurados, trama clandestina que detecta, devela y contraataca una red de espionaje y contraespionaje, paralela a las de la Policía Nacional, creída extinta pero aún vigente y comandada por un omnipresente coronel, lo que induce a pensar en la otrora Seguridad del Estado y en ese ex Coronel, recientemente defenestrado (?) de la cúpula del partido de gobierno.


Utilizando de mampuesta esta confabulación, el escritor re-crea la vida cotidiana de una Nicaragua donde los territorios de la ficción y la realidad carecen de límites fronterizos. Así, el lector puede revivir la efervescencia que en la intelectualidad nacional e internacional provocó la prohibición que SRM prologara la obra de CMR, que publicaría El País; ver a las fuerzas de choque impidiendo las manifestaciones de la oposición al gobierno; los recursos estatales usados en actividades partidarias; las gigantografías sembradas en todo el país rindiendo culto al presidente; las caras agüevadas de los empleados públicos demostrando en las rotondas su “apoyo” al gobierno; el control del Ejecutivo sobre otros poderes del Estado; el retiro de la ayuda internacional; y la aparente paranoia de ver conspiradores en quienes adversan las orientaciones emitidas desde la floreada cúpula del poder.


Cortés Domínguez recurre al sicoanálisis para explicar algunos rasgos distintivos de la personalidad del presidente Persisterino Banderas, nombre derivado de su persistencia por regresar al poder y mantenerse en él contra viento, marea y Constitución. Además, ilustra la ebullición generada por las pugnas intestinas del poder; la existencia de un oráculo viviente, consultado diario a medianoche; y la supuesta presencia del Consejo Asesor de la Segunda Etapa de la Revolución, cuyos integrantes sesionan en la clandestinidad de las madrugadas, ataviados con vestimentas que recuerdan a los Caballeros de la Mesa Redonda, los Templarios o a sectas esotéricas de la Edad Media.


Pareciera que, conducido por un anciano chamán, Cortés Domínguez conoció el mundo de la sabiduría oculta y las plantas enteógenas, portadoras de sustancias químicas que, al ingerirlas, provocan exaltados estados de conciencia o sacralidad. Quizá eso sustente la destreza con que descobija signos y símbolos imbricados en amuletos, ojos mágicos, herraduras, ristras de ajo, plantas de ruda, oráculos, brebajes, sombras sibilinas desplazándose veloces a cualquier hora del día o de la noche, destacándose entre estas expresiones de embrujos, su presagio de la crisis de El Nuevo Diario y su conocido desenlace: “Había aumentado sustancialmente la influencia del partido de gobierno en los medios de comunicación, pero Emperatriz se dolía de no tener un medio escrito. Tres años antes, habían estado a punto de tomar el control accionario de uno de los diarios nacionales, pero las negociaciones finalmente se vinieron a pique”.


Sin embargo, aparte de la sátira, esta novela lleva implícito un vigoroso mensaje dirigido a defender la libertad de expresión, promover la tolerancia, la convivencia pacífica y el respeto a los derechos ajenos, para lograr la paz, tener un mejor gobierno y construir un mejor país, donde vivamos con dignidad y sin exclusiones todos los y las  nicaragüenses. En esta “conspiración” se llama a escritores, cuentistas, poetas y artistas, sin distingo ninguno, a apoyar la construcción, consolidación y defensa de nuestra incipiente democracia, y a demostrar, una vez más, que en Nicaragua los intelectuales también “socan”, como afirmó y demostró nuestro hermano poeta Leonel Rugama.

Lima, 16 de junio de 2011.-