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    “¿Qué es, pues, el tiempo?...
Si nadie me lo pregunta, sé lo que es;
Si quiero explicarlo a quien me lo pregunta,
entonces, no lo sé”.
(San Agustín, “Confesiones”, Libro IX)


Una mañana, luego de una juerga bohémica, Roberto se dispone, como dice su autor, a viajar a San José, Costa Rica, a participar en una feria internacional de libros. Es ese el inicio de un periplo en donde el tiempo, pretexto literario de Pedro Martínez, escritor nicaragüense, nos sumerge en una serie de eventos y sucesos cuyas tramas, rodeadas de misterios, enigmas y sortilegios, desembocan en matices intrínsecos a la naturaleza humana: encuentros y desencuentros amorosos, olvidos, huidas, enfoques atemporales de un episodio del personaje principal de la novela de Martínez.

Se trata de la novela “Misterios del tiempo”. Título sugestivo pues solicita y evoca a ese concepto del tiempo con todas sus aristas, para evidenciar situaciones personales; vivencias y recurrencias acaecidas en la vida de este personaje en su entorno, a veces agobiante, a veces exhausto…o bien acontecido de un misterio cuyo origen es el desamor y el amor. El “yo” y sus circunstancias, en donde un velo de misterios refleja una vida existencialista, compleja y bohemia de un hombre cuyo destino responde a sus vivencias y secuelas.

En “Misterios del Tiempo” encontramos, no solo enigmas, también nostalgias transidas del autor. Referencias que nos conducen al tiempo, al tiempo del autor y juega con ese tiempo a deshoras sin transgredir la imaginación. El tiempo al que Martínez  asiste, es un tiempo evocativo, mágico pero racional, inducido quizás por una introyección  sui generis de su comportamiento humano: a veces racional, a veces invectivo y fatal,  pero efectivamente racional como consecuencias de sus vivencias. Ciertamente esta es una novela de ficción pero, en la que emplea un leguaje sumamente transparente y sin atisbos de enredos semánticos que perjudiquen al lector en la narración.

“Misterios del Tiempo” es una sincronía, como el mismo autor afirma. Pero también es el desapego a lo extremadamente radical en cuanto al comportamiento humano. He asistido con fruición de lector, a novelas de corte anecdótico en donde el personaje principal recorre sus traumas, mea culpas, infelicidades, pero desde el punto de vista vertical, es decir, desde un prisma esquemático, monotemático, en donde las circunstancias son solamente eso: circunstancias nada más. Pero Martínez le imprime a esta narración, además de ese lenguaje desenfadado, contrariedad existencial, ritual vívido, experiencias, y obviamente vivencias significativas de ese acontecer muy suyo. Quizás existan asomos de textos autobiográficos, sin embargo, Martínez se encauza en el juego del tiempo sin caer en el refugio de un estudio filosófico ni depender de axiomas de la existencia. Es llanamente una ejemplar narración expedita de consecuencias, repito de sus experiencias.

“Roberto”, el personaje principal de “Misterios del Tiempo” ciertamente no es un Gregorio Samsa que despierta convertido en coleóptero, como en la novela de Franz Kafka, “La Metamorfosis”.  Pero Roberto sufre, sino una metamorfosis, una “alteración” del tiempo pero relacionada con su comportamiento. El tiempo, en “Misterios del Tiempo”, Martínez del z, también lo conforma una sinfonía de aventuras. No es un tratadista de ese concepto. Es un escribidor que escudriña en los laberintos de la conducta de sus personajes, el eslabón perdido entre la nada y el tiempo perdido.

En el transcurso de la obra nos damos cuenta que “Roberto” es dado por perdido por su esposa, “Isabel”. Es allí donde el quid de la novela adquiere esa dimensión de confusión como consecuencia de un accidente automovilístico.  Pero en el ínterin de la trama vemos cómo los amigos de “Roberto” tratan de indicarle “el tiempo correcto”:

“Lola pidió un trago, encendió un cigarrillo y pausadamente le dijo: -Déjame que te explique. La raya de la vida de tu mano, no está en ella. Eso me deja claro, que no puedes estar entre nosotros ahora mismo. Además, tus ojos tienen un velo que impide leerlos. Sinceramente creo, eres un visitante o alguien que se encuentra por su propia voluntad o por azar fuera de su tiempo”.

Cada enunciado de Martínez revela en ese misterio del tiempo, los significados que “Roberto” junto con el resto de personajes, trata de explicar, como su equivoco, confusión   -¿acaso?- del inicio de su batalla con el tiempo.

Martínez llega al éxtasis de la obra quizás cayendo en un estado melancólico del que difícilmente logra recuperarse, pues el imponderable del enigma de la muerte ronda como un transeúnte colocado al pie de patíbulo .Hay que saber volar para ir y volver mil veces. Saber volar y soñar para contarlo: eso es lo que Martínez ejecuta como una fina sintonía en la vivencia de “Roberto”.

“Misterios del Tiempo” es una obra urbana y moderna, lo que la convierte en un aporte a nuestra cultura e identidad. Modernos, audaces y muy certeros puntos de vista sobre la conducta y el comportamiento humano. En la obra Martínez disimula a través de una apócrifa historia una intención más profunda: la de ofrecer personajes que le permitan al lector identificarse con ellos y reflexionar sobre cuestiones filosóficas que, a diario, se hacen presentes en nuestras vidas.

Finalmente, en “Misterios del Tiempo”, los personajes experimentan y sufren las consecuencias de los celos, el enamoramiento, las traiciones, las debilidades sexuales y la muerte. No obstante, su carácter inesperado se disipa a medida que tomamos conciencia clara de la multitud de paradojas que nos asaltan debido al uso inevitable del lenguaje, pues éste se configura por medio de palabras, conceptos y estruc­turas que por su pro­pia naturaleza verbal ya pertenecen al dominio del tiempo.

(“Misterios del tiempo”, novela de Pedro Martínez Duarte, fue presentada el pasado viernes en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica).