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La editorial Hispamer inició hace unos años la publicación ordenada de la obra completa del Dr. Alejandro Serrano Caldera, conocido y muy respetado filósofo, jurista, escritor y profesor nicaragüense. Comos los lectores asiduos suyos podrán suponer, se trata de una obra en verdad voluminosa y enriquecedora.


En 2008 fue publicado un primer volumen, en el que Serrano aborda, entre otras cosas, lo que llamamos “grandes temas” filosóficos y políticos, pero fundamentalmente concentrados en lo que podríamos llamar la pre-modernidad. En 2009 se publicó un segundo volumen, en el que se observa una continuidad de esos mismos temas, junto a otros actualmente más ingentes y no menos importantes como la ética, el arte y el papel de la universidad en América Latina.


En este tercer volumen el autor lleva casi a culminación una especie de integración racional de los temas generales del pensamiento filosófico y político, junto a otros propios de América Latina, y de Nicaragua en particular, teniendo siempre en cuenta la referencia de tiempo y lugar de la región y el país.


Con la aparición de este volumen tres, Serrano va estructurando de una forma cada vez más consistente toda una obra sistemática de filosofía en Nicaragua, lo cual es también un importante aporte a la reflexión sobre los grandes temas filosóficos hecha desde América Latina.


La mayoría de los textos incluidos en este tomo hacen énfasis en la necesidad de afirmar y desarrollar el pensamiento como parte integral de la estructura histórica de América Latina y Nicaragua; como un elemento necesario en la formación de su identidad plena, al lado de su innegable y valiosa vocación imaginativa, intuitiva y estética, favoreciendo así la integración entre la sensibilidad y la razón, el arte y el logos.


Sin duda la obra de Alejandro Serrano Caldera contribuye y contribuirá a la toma de conciencia de la necesidad de llenar ese vacío del pensamiento y la razón crítica en  los diferentes órdenes de la vida individual y colectiva en nuestra sociedad; particularmente en las instituciones y el sistema jurídico. Por eso agradecemos al autor habernos concedido esta movida entrevista que a continuación ofrecemos.


-Bueno, doctor, ya usted debe saber que la mayoría de escritores aquí lo reconocen como el principal pensador de Nicaragua. Algunos lo nombran como el más minucioso sistematizador del funcionamiento político-social de  nuestras sociedades, y uno de los más destacados intérpretes de la identidad y del destino de América Latina... ¿Cree usted que es lógico observar tanta ausencia de filósofos en un país como el nuestro?


Yo creo que de alguna forma esto es consecuencia de la misma historia de Nicaragua y de América Latina, lo que ocurrió es que, efectivamente, en nuestros países no hubo siglo XVIII, es decir, no se dio el movimiento de la Ilustración como un movimiento filosófico en el que la razón asumió un rango preponderante, y lo que ocurrió en cambio, fue que se adoptó la Ilustración a la política y al derecho, y se extrapoló el derecho constitucional europeo a las constituciones latinoamericanas, centroamericanas y nicaragüense, donde sin haber experimentado el proceso previo de transformación de la revolución de la razón, se adoptaron las consecuencias, el efecto, la síntesis de todo ese proceso que fue el proceso jurídico.


-Particularmente creo que en Nicaragua esa ausencia fue más notable...
En Nicaragua hay más ausencia y en parte el esfuerzo de estas obras, con toda modestia, es tratar de abrir ese camino que no se ha abierto todavía.
-Estamos hablando de las obras que desde hace algunos años usted se propuso ordenar y publicar. Todo este esfuerzo yo lo asumo como una invitación a la reflexión, al diálogo, al debate, a la formación de un pensamiento crítico. ¿Ése es su propósito?


Ese es el propósito exactamente, contribuir a la formación de un pensamiento crítico y una visión crítica al tratar de llenar ese vacío, que ha sido una ausencia, una mutilación ontológica en la historia de la cultura de nuestro país, y a partir de ahí a propiciar un diálogo, un debate, un intercambio de las ideas que esté fundamentado en estas bases.


-Ahora estamos frente al tercer volumen, ya publicado y próximo a presentarse. Es notable que en éste los temas tratan sobre el pensamiento y la filosofía específicamente en América Latina y Nicaragua...


Así es. Exactamente, y el título es “América Latina ante la razón filosófica” y “Escritos sobre el pensamiento, la política y la cultura nicaragüense”, que es el título genérico, aunque en la segunda parte de este volumen sólo se trata de los escritos sobre la política en Nicaragua. En el cuarto volumen, que esperamos comenzar a trabajar en cuanto terminemos la presentación de éste, abordaríamos el tema del pensamiento y la cultura en Nicaragua y mis escritos jurídicos, pero efectivamente el tema es ese: América Latina ante la razón filosófica, porque se ha hablado mucho de que ha faltado una filosofía en América Latina, aún cuando hay un movimiento filosófico fuerte ya, a estas alturas; otros han dicho que no, que siempre ha habido una filosofía distinta a la visión euro-céntrica de la razón filosófica, es decir a la visión europea. En todo caso, América Latina ha descollado más, igual que Nicaragua, que es parte de ella, en el aspecto de lo intuitivo sensible, del arte, la literatura, la narrativa, la poesía, la pintura, la música.


Desde hace un tiempo hasta esta parte, fue que comenzó a fortalecerse el desarrollo del pensamiento crítico, de la razón crítica... Y no es que sean excluyentes ni que una cosa existiera en detrimento de la otra, al contrario, se trata de una integración, una integridad en el plano global de la cultura. Ahora, el libro reflexiona sobre de qué manera podemos identificar la identidad latinoamericana más intuitiva frente, por ejemplo, a la identidad del ser europeo, más racional en muchas cosas, y de qué manera, sin embargo, ese pensamiento ha ido desarrollándose progresivamente en América Latina...


-Cuando se habla de identidad se suele elogiar eso que usted menciona: la vocación imaginativa, intuitiva, la estética de los latinoamericanos, incluidos los nicaragüenses, pero esa sensibilidad parece estar permanentemente divorciada de la razón. ¿No le parece?


Me parece que lo que ha ocurrido, más que un divorcio, más que un conflicto, ha sido una ausencia, y esto se ha desarrollado sin que se hubiese desarrollado paralelamente el proceso de formación en el plano de la razón y en el plano del pensamiento. Lo que ha habido es una especie de déficit en el desarrollo de uno de los grandes aspectos de la identidad integral de una sociedad. Sin embargo, eso está en proceso de avance, de progreso. Cada vez más, América Latina se presenta con su misión filosófica, que no es una filosofía para América Latina sino que tiene que ser una filosofía universal desde América Latina. Es decir, América Latina no debe ser sólo esto de lo que hemos hablado, sino el contexto situacional desde el cual se analicen los problemas mundiales.


-Me parece que usted se ha propuesto incorporar en el lenguaje y en el pensamiento de los nicaragüenses algunas categorías y conceptos. Voy a enumerarle algunos: Proyecto de nación, Nicaragua posible, Unidad en la diversidad, Convergencia, Legalidad, Legitimidad, Concertación... ¿De alguna manera podríamos considerar ya esos conceptos como serraneanos? Al menos aquí y ahora...


Bueno, me alegra mucho que hayan pasado estos conceptos, en forma muy limitada, a categorías conceptuales, así como al acervo terminológico del vocabulario nicaragüense. Efectivamente, hemos trabajado estas ideas, inclusive, no sé si resultaría pretensioso que mi pensamiento filosófico se identificara alrededor del concepto de la unidad en la diversidad -hay un libro mío con ese título-, en el que de alguna manera la idea fundamental es el alejamiento de un pensamiento único, dominante, absoluto; buscar un diálogo de distintas visiones y distintas categorías, tratar de buscar una interacción y una retroalimentación entre ellas, que vayan produciendo síntesis. Eso ha sido talvez el nombre de mi pensamiento filosófico: la unidad de la diversidad, pero también hemos trabajado estas categorías tanto en mis libros, en mis ensayos, como en foros nacionales que se han hecho. Por ejemplo, a fines de agosto de 1990 organizamos justamente el foro que duró tres años en cinco sesiones, La Nicaragua posible, y ahí el subtítulo era Hacia un proyecto de nación.


Luego, otro foro era por la Unidad en la diversidad, y ahí pues se fueron trabajando estas categorías de unidad en la diversidad, proyecto de nación, Nicaragua posible, la diversidad y la concertación como una salida al embotellamiento político, el concepto de legalidad y el concepto de legitimidad, que sí dominan las páginas de mis libros y afortunadamente, desde mi punto de vista, han trascendido al debate y -podríamos decir- al lenguaje político cotidiano en Nicaragua...


-En todos sus escritos ha tenido en cuenta la ubicación en tiempo y lugar de nuestra región, y específicamente de Nicaragua. ¿En este volumen tres de su obra se puede hablar ya de una estructuración más clara de la filosofía en Nicaragua?
No sé si me atrevería a afirmar que  podemos hablar de la estructuración de una filosofía en Nicaragua, sino más bien como un observatorio, como contexto situacional, como perspectiva integrada a la de América Latina para enfocar problemas universales, como el problema de la razón, el problema de la intuición, de la identidad, de la ontología del ser. Pero, si bien estos volúmenes no llegan talvez a crear una filosofía nicaragüense, yo lo menos que espero es que abran el camino hacia la formación y el desarrollo de una cualidad que hasta el momento no ha sido talvez la más visible de nuestra cultura.


-Usted siempre hace énfasis en la necesidad de afirmar y desarrollar el pensamiento como parte integral de la estructura histórica de América Latina y de Nicaragua ¿Considera la historia nicaragüense como una historia carente de ideas o de un verdadero pensamiento?


Yo creo que ha faltado. El pensamiento y la intención mía va en esa dirección, aunque se piense sobre temas universales como los que hemos mencionado, se piensa sobre situaciones histórico-temporales y espaciales concretas y el ser humano que piensa sobre la razón, la intuición, el ser y las grandes categorías de la filosofía, piensa no desde una burbuja aislada de la realidad, sino que piensa desde su propia realidad, que influye en su propia visión, percepción y razón, por lo tanto es inevitable, y afortunadamente así lo es, que haya una integración entre lo universal y lo particular. Es el sujeto que no está en la estratosfera, sino que está en un contexto situacional específico, en determinadas categorías que lo influyen y a partir de ahí se vuelca al análisis de los temas universales...


El otro elemento sobre este mismo punto es que, para mí, el pensamiento no está separado ni divorciado de la sociedad. La razón es una forma de la realidad, y la realidad es una expresión de la razón, de lo que se ha pensado cuando los actos y los hechos y las acciones histórico-políticas, sociales, económicas o lo que sea, responden también a un concepto, a una categoría y a una idea.


-Ese aparente vacío que ha mencionado, del pensamiento y de razón crítica en nuestras sociedades, parece procurar la desnaturalización y el mal funcionamiento de las instituciones y del sistema jurídico especialmente... ¿Cree usted que esa es la causa de que aquí el ejercicio del poder sea siempre arbitrario y despótico?
Creo que es la causa principal, y está tratado justamente en este volumen que recoge mi libro “Razón, derecho y poder”, que fue un curso que impartí en una universidad de Estados Unidos, donde mi hipótesis filosófica es la siguiente: con la Independencia nacen nuestros estados naciones, nuestras repúblicas; se produce, sin embargo, un fenómeno en virtud del cual, quienes asumen el poder real, no fueron los capitales de la independencia que estaban influenciados por la ilustración y por el racionalismo europeo. Bolívar murió, ya sabemos, huyendo de todo; San Martín murió autoexiliado en Francia, Sucre fue asesinado después de la batalla de Ayacucho, y quien tomó el poder fue una oligarquía terrateniente de criollos que les interesaba la independencia por razones de beneficio económico, donde ya las ventajas económicas no se van a ir a España, sino que van a quedar entre los criollos, que son los hijos de los peninsulares.


Entonces, por un lado tenemos un  movimiento influenciado por la Ilustración, en el pensamiento, la independencia; es la realización práctica de la idea de la libertad y la dignidad del ser humano que los filósofos de la ilustración, basados en la razón, desarrollan en Europa; pero la realidad económica, social y política de América Latina es premoderna, feudal y medieval, entonces se da realmente lo que Carlos Fuentes llama una situación esquizoide y que Octavio Paz también menciona; no recuerdo si le llama esquizofrenia o bipartición entre el mundo real y el mundo legal...


-El doble rostro de Jano...
El rostro de Jano, en efecto. El llanto y la sonrisa. Por un lado una sociedad moderna, que es la copia del Derecho Constitucional Europeo, que es fruto de la razón de la revolución racionalista europea en nuestras constituciones; y por el otro lado una sociedad premoderna, es decir, por un lado la modernidad jurídica y por el otro la premodernidad económica y social... Pero yo intento, todavía, dar un paso más allá, o tal vez es más acá, pero que no lo tratan Carlos Fuentes ni Octavio Paz, y es que esta bipartición fue deliberada: por un lado mantener la Colonia sin España, un colonialismo interno, una sociedad premoderna, pero por el otro lado, para no enfrentarse a la corriente racionalista e ilustrada que revolucionó Europa, adaptar su expresión jurídica constitucional en los textos constitucionales latinoamericanos para encubrir la realidad que supuestamente debía regular. Entonces tenés una sociedad cuasi feudal en la realidad, y una sociedad moderna en el texto constitucional. Esto ha llevado, obviamente, a que las instituciones, las leyes y grandes principios jurídicos, como separación de poderes, subordinación del poder a la ley, etcétera, no hayan sido asumidos como categorías racionales y menos aún como valores y principios fundamentales de esa identidad.


-Carlos Fuentes habla de una realidad legal que está en el papel y de una realidad real, pero refiriéndonos específicamente a la Nicaragua actual, es la falta de pensamiento crítico y su reflejo en nuestra precaria democracia ¿A eso debemos la constante burla al estado de derecho por parte de los gobernantes?


Yo creo que esa es la causa principal, y que es colectiva, porque no olvidemos que hay caudillismo no sólo porque hay caudillos, sino porque hay una sociedad que los produce, es decir, existe una voluntad despótica por parte del poder y una visión hacia el hombre fuerte, al ser mítico, para resolver todos los problemas que de alguna forma no ha sido sustituida por una posición racional crítica.
-Lo cual también convierte esto en un fenómeno cultural...


Sí, es un fenómeno cultural, y eso explica en parte que nuestra historia se repita con mucha frecuencia. Cambian los nombres pero los hechos y circunstancias siguen siendo casi los mismos, y entonces el futuro se nos vuelve el pasado que regresa...


-Usted habla de sustituir la práctica de La razón de la fuerza por La fuerza de la razón, ¿podemos considerar eso una utopía o una esperanza realizable?
Toda realidad, antes de serlo, es una utopía, y toda utopía es el preanuncio de una realidad, de tal manera que yo creo que justamente estos esfuerzos deben ir orientados hacia eso, a hacer de esta una sociedad racional, lo cual no quiere decir una sociedad perfecta y sin conflictos, pero con otro tipo de problemas a resolver. Es decir, una sociedad en la que los hechos no sigan repitiéndose como se repite la vuelta de la bicicleta estacionaria, que gira constantemente pero no camina, y lo que pasó regresa. A mí me parece que es fundamental crear esa posibilidad racional, esa posibilidad de trabajar sobre la base de categorías y conceptos que nos permitan tener un diálogo y un debate de confrontación de ideas, más que choques personales y descalificaciones como se maneja habitualmente nuestra realidad política.


-¿Vamos a esperar un cuarto volumen?
Yo creo que sí, estamos afanados, el plan son cinco volúmenes. Originalmente era uno, después fueron dos, ahora son tres. El cuarto sería sobre el pensamiento y la cultura. Llevaría siempre el título “Escritos sobre el pensamiento, la política y la cultura nicaragüense”, que es el enunciado general, pero como en la segunda parte nos referimos a la política, quedaría sobre el pensamiento y la cultura nicaragüenses y los estudios jurídicos, que serían mis trabajos en derecho, mi libro de derecho del trabajo, mis estudios para la Unesco, investigaciones sobre los medios de comunicación en el sistema constitucional latinoamericano (la parte general, por lo menos); mis estudios cuando era presidente de la Corte Suprema de Justicia, el derecho en la revolución, que ha sido traducido al francés y publicado en Francia y en Estados Unidos; mis escritos jurídicos en general... Si es posible trataríamos un quinto volumen en donde se recopilen una serie de ensayos que no he podido acomodar en estos tres volúmenes.
-¿El último, o la obra sigue abierta?
El quinto pero no el último, porque la obra sigue abierta mientras podamos escribir...

TOME NOTA:
El Volumen III de la Obra del Dr. Alejandro Serrano Caldera, será presentado por el Dr. Andrés Pérez Baltodano el próximo miércoles 8 de junio a las 6 PM, en el Salón de los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío.  La entrada es libre.