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Según un estudio a nivel de la UE, las mujeres realizan la mayor parte de los trabajos domésticos, aunque ambos miembros de la pareja trabajen. Tan solo un número escaso de parejas realizan las tareas en conjunto. El reparto desigual de las tareas domésticas suele provocar en las mujeres frustración en el amor y, después, rabia. La mayoría se sienten incomprendidas por los hombres. Ciertas estrategias pueden servir de ayuda a este respecto, para evitar los conflictos permanentes sobre la limpieza y el planchado. Así se recupera rápidamente el equilibrio entre el amor, la vida y el hogar.
El escenario típico es aquel en el que ambos trabajan y están estresados, los dos llegan agotados por la noche a casa, dejan los zapatos en un rincón y se tiran en el sofá. Pero cuando se plantea el problema del baño sucio, una montaña de ropa sin lavar, o las camas sin hacer, casi siempre es ELLA la que echa una mano con la escobilla del inodoro, la plancha o la limpieza. Él está más a gusto sentado.
El hogar: después del trabajo nos espera la limpieza a fondo
Las mujeres siguen ocupándose siempre de la mayoría de las tareas domésticas sin ayuda, el amor se queda a un lado. Si unimos el trabajo y las tareas domésticas, la media indica que los días laborales de una mujer son más largos que los de los hombres, según un estudio a nivel europeo.
A ponerse los guantes de goma
¿Una mujer de negocios agresiva en el exterior y una buena ama de casa de puertas para dentro?
“Inconscientemente, la mayoría de las mujeres siguen sintiéndose responsables de las tareas domésticas, en la misma medida en que se sienten emancipadas”, explica la terapeuta de pareja y psicóloga Susan Quilliam.
Aunque crees que lo de las tareas domésticas es cosa de dos, después te pones los guantes de goma “para no poner en peligro la paz de la pareja”, según explica Quilliam. Y cuando la frustración aumenta, desfogas tu ira en forma de acusaciones. Limpiar y todo eso se convertirá en objeto de controversia principal de la relación.
 Desgraciadamente, todavía existen ejemplares incorregibles, muchos hombres se basan en el concepto anticuado de los roles y no participan en los quehaceres domésticos por otras razones. Normalmente, la idea de limpieza y orden es totalmente diferente.
Antes me encantaba su desorden
“Acuérdate de cómo era su casa de soltero cuando lo conociste. En aquel entonces, te parecía divertido e incluso te gustaba.  Hoy, te saca de quicio su desorden”, explica la psicóloga. Las mujeres nunca vivirían con otra mujer demasiado desordenada en un piso compartido. Pero con los hombres, lo hacen. Creen que, por amor, soportarán su desorden y están seguras de que el hombre cambiará.
Pero esta misteriosa transformación en el artífice del orden no llega a suceder. Al contrario, “Los hombres suelen recordar el afán de crítica de su propia madre con las quejas continuas acerca de su desorden”, cuenta Quilliam en base a su larga experiencia con problemas de pareja. “Observo un comportamiento testarudo e infantil en muchos hombres. Esto provoca situaciones complicadas”.
No limpia, así que no me quiere
Para las mujeres, las razones de su insatisfacción suelen ser más graves que el enfado por el trabajo adicional.
Entonces aparece el pánico permanente “de no ser como una madre”, sino de dar una imagen de mujer independiente y fuerte con su propia carrera y un proyecto de vida propio.
 Además, los quehaceres domésticos siguen siendo una actividad poco considerada. Quien puede permitírselo, contrata a una mujer de la limpieza o a una asistente. Por esta razón, suele ocultarse el miedo a no ser respetado o cuidado por su pareja, tras las discusiones sobre lo que se debe limpiar. Cuando no se produce el cambio esperado de la persona amada, aumenta la decepción y se interpreta como muestra de su falta de cariño.
Quehaceres domésticos
Susan Quilliam recomienda la siguiente manera de proceder en parejas que van a la consulta por discusiones acerca de los quehaceres domésticos:

1.    Conseguir un equilibrio: Anota las tareas derivadas de la convivencia en pareja y quién las realiza. Muchos darán a conocer aquellas tareas relacionadas con el hombre, como el mantenimiento del vehículo u otros trabajos manuales similares.

2.    Distribución equitativa: En caso de existir un desequilibrio, intenta encontrar una distribución equitativa de las tareas.

3.    Establecer normas: Discute no solo sobre lo que hay que hacer, sino sobre cómo hay que hacerlo. No solo cuentan las exigencias de un solo miembro de la pareja, deben encontrar una solución juntos. Cuándo está limpia la cocina, cuándo está hecha la cama o está limpio el baño. Esto requiere flexibilidad de ambos.

4.    Dar tiempo: Debes dar tiempo suficiente a tu pareja y también dar cabida a errores. Si te has olvidado de hacer la compra, no te pongas furiosa de inmediato. Tampoco puede esperarse que la mujer se acostumbre a la forma de limpiar de tu pareja a la primera de cambio. Ten siempre en mente que todo esto es un proceso en el que también pueden existir problemas.

Enfemenino.com