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Del 12 al 18 de junio se llevó a cabo en la República Bolivariana de Venezuela, el 8º Festival Mundial de la Poesía, convocado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura presidido por el poeta Francisco Sesto Novas y La Fundación Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, bajo el lema “La tierra tiene un nombre común”, verso del homenajeado de turno, Reynaldo Pérez So.
Cálidamente atendidos/as desde nuestra llegada al aeropuerto de Maiquetía, nos fuimos congregando en el Hotel Alba Caracas (antiguo Hilton Caracas), los 25  poetas invitados de distintas partes del mundo.  No pudimos ser 26 porque el colega y amigo hondureño Rigoberto Paredes no logró autorización de su visa de salida en su propio país, hecho que consigno en esta crónica como algo inaceptable.
En mi caso, coincidí en el último tramo del viaje, con los poetas centroamericanos,  Manlio Argueta, viejo amigo y ahora Director de la Biblioteca Nacional de su país, El Salvador; y la queridísima poeta maya, Maya Cu Choc, procedente de Guatemala. Nos secundó el solitario poeta uruguayo Eduardo Milán y el festivo y amistoso mexicano, José Angel Leyva.  A cada escritor/a nos fue asignada una persona guía. A mi me tocó, Alid Salazar, actriz de teatro y televisión, realmente encantadora. Está casada con el nicaragüense Ramón Vélez Astacio, que muy joven emigró en los años 50 a Francia y luego a Venezuela donde se radicó.
Tuvimos una formal bienvenida en la nueva Galería de Arte Nacional, por el Ministro de Cultura, Pedro Calzadilla; el  chispeante y dinámico Luis Alberto Crespo, por la Fundación Andrés Bello y el homenajeado, poeta y médico, Reynaldo Pérez So.
A partir de ese momento disfrutamos de diversas presentaciones artísticas que se dieron a lo largo del Festival: puesta en escena de poemas con música y danza; exposiciones de artes plásticas, conciertos y por supuesto, expo ventas de libros.  Existe un Programa editorial acelerado que impulsa la Fundación Editorial el perro y la rana,  que funciona bajo el lema “Un libro cada día”, los cuales se venden a precio simbólico para llenar el objetivo de promover los hábitos de lectura en toda la población.
Yo tuve oportunidad de visitar el Banco de Libros, entidad privada, especializado en literatura infantil y juvenil, con cuya colección inauguramos en los años ochenta la biblioteca infantil “Luis Alfonso Velásquez” en Nicaragua. Todavía encontré en el equipo a Carmen Diana Dearden, cálida y con los mejores recuerdos de nuestro encuentro histórico en los años ochenta.
La inauguración se llevó a cabo en la Sala “Ríos Reyna” del Teatro “Teresa Carreño”, donde los/as 25 poetas fuimos rotando en un escenario móvil y así en carrusel, llegamos cada uno al micrófono a decir nuestro poema. Lectura de seis en fondo que fue intercalada por intervenciones musicales de piano y percusión de Guiomar Narváez, Geniver Graci y José Antonio Naranjo.
El resto de la semana fuimos distribuidos en distintas Parroquias o barrios de Caracas y luego en distintos estados del país. Yo estuve en la Biblioteca “Aquiles Nazoa” de la Parroquia Caricuao, donde compartí la experiencia con Jorge Boccanera (argentino), gran amigo de Nicaragua; la carismática Tanya Shirley, de Jamaica, donde es vecina de nuestro compatriota, poeta y embajador, David Mc Fields, y ocho poetas venezolanos de la localidad. Entre el público estaban integrantes de un Club de abuelos que se ha formado en la Biblioteca. Igual que en el Centro Andrés Bello, entregué libros y revistas en donación, manifestando mi eterna gratitud por la invaluable asesoría que en los años ochenta nos dio la Dra. Virginia Betancourt, figura representativa del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional de Venezuela, organismo rector de la red de bibliotecas públicas.
Los estados que me correspondió visitar junto con el poeta ecuatoriano Cristóbal Zapata, fueron Barinas y Portuguesa. A Barinas fuimos en avión, y allí nos presentamos en el Teatro “Orlando Araujo”, donde nos recibieron con la presentación de un ensamble de música venezolana de los llanos y una muestra de baile de Joropo a cargo de la Misión de Cultura “Corazón adentro”, que con asesoría cubana se promueve en todos los municipios y comarcas. Almorzamos “picadillo”, como llaman a una excelente sopa de res con verdura, sólo que la carne es cecina salada y puesta a secar en el sol como nuestro baho; luego se le agrega en trocitos a la sopa. Bebimos limonada, llamada “papelón”; en lugar de azúcar le ponen dulce de rapadura y por eso toma el color del tamarindo. En el decorado del restaurante vimos un nido de oropéndola, sólo que en Venezuela ese pájaro se llama “arrendajo”
En Barinas visitamos el hermosísimo museo recién inaugurado y que tiene como objetivo fundamental proyectar la cultura de los llanos. Salimos  hacia Guanaré, capital de Portuguesa, por tierra, lo que nos permitió probar las anunciadas cachapas con “queso a mano” que es una especie de güirila y queso hecho ese día, fresco. La experiencia en Portuguesa fue más provinciana, compartimos nuestra lectura con las ingeniosas décimas de llaneros y declamación de aficionados, en la plaza “Andres Bello”.
El viernes 17 salimos por tierra a Barquisimeto, donde tomamos el avión de regreso a Caracas. Allí, el fotógrafo artístico del festival, poeta Enrique Hernández D´Jesús, nos tomó sendas fotos y luego nos invitó a escribir lo que quisiéramos, sobre ellas o al borde. Fue grato encontrar al colombiano Luis Darío Bernal Pinilla, poeta, narrador, ensayista y facilitador de talleres de literatura y de promoción de lectura, con quien Manlio y yo intercambiamos ideas y proyectos. Luis Darío manifestó su interés en visitarnos de nuevo en Nicaragua, donde en los años ochenta dio su apoyo invaluable.
El trasfondo político era obvio, de fuertes contradicciones, unos apasionadamente chavistas y otros en contra. Gravitaba en la atmósfera la súbita dolencia del Presidente que le obligó a realizarse una operación quirúrgica en Cuba. En los canales 16 y trece una podía observar las distintas reacciones, la oposición furibunda en las sesiones del Parlamento y mucha gente en las calles enviando mensajes de cariño y de buenos augurios al mandatario.
Los/as invitados, en honor a la verdad, fuimos respetados inclusive al ser invitados/as libremente a expresar nuestras impresiones sobre Venezuela, en un libro. Yo escribí, hasta donde me acuerdo: “Encuentro a Venezuela con dolores de parto, tratando de parir una nueva sociedad. Que el dios de la historia la ilumine para que no se desangre, para que encuentre nuevas soluciones a viejos problemas como la inequidad y la pobreza”.
La clausura se realizó de nuevo en el Teatro “Teresa Carreño”, en la sala “José Félix Ribas”. Minutos antes de salir hacia el teatro fui abordada por cuatro jóvenes escritoras que se identificaron como integrantes del grupo “Los fulanos esos”, que me pidieron acompañarles en el escenario donde iban a irrumpir en el recital para leer un documento. Me aseguraron que habían acordado con el organizador su participación.  Les respondí que si, siempre que estuviésemos de acuerdo en dos cosas: en defender y garantizar la libertad irrestricta de creación y la participación por igual de mujeres y hombres. Me contestaron que sí y de esa manera me encontré secundando tal iniciativa juvenil, después de cuya lectura también me permitieron decir unas palabras que fueron más o menos las que había expresado en mis impresiones de la visita, destacando que las revoluciones se harán con lo mejor de la humanidad y por esa razón era notable la inclusión de un poeta norteamericano como Mark Novak, que abrió el recital de clausura del Festival.
Regresamos agradecidos con el magnifico equipo de apoyo coordinado por el joven poeta Luis Bracho, que en todo momento nos hicieron sentir como en casa.