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La Universidad Hispanoamericana, en conjunto con la Editorial Bitecsa han tenido la idea de organizar un homenaje académico al profesor Iván Escobar Fornos, jurista nicaragüense consagrado al estudio y al análisis del derecho; exponente calificado y reconocido por la academia nicaragüense y en otros países iberoamericanos.

Los motivos de esta iniciativa son esencialmente académicos: brindarle un tributo a uno de los mejores formadores de juristas en Nicaragua, ya que, como es evidente, han sido pocos los juristas que se han dedicado a la docencia, investigación, promoción y difusión de las ideas jurídicas, debido probablemente a la falta de tradición y estimulo, además de nuestra pobreza intelectual.

Rubén Darío, escribió: “En Centro-América no ha habido jamás cultura intelectual… Hemos tenido, sí, y en abundancia, dómines pedantes, bachilleres atrevidos, vejigas de ignorancia, que revientan de admiración o de envidia”.  Y, más adelante, dice: “En un ambiente de tiempo viejo… reina la murmuración áulica; la aristocracia advenediza triunfa; el progreso material va a paso de tortuga, y los mejores talentos, las mejores fuerzas, o escapan de la atmósfera de plomo o mueren en guerras de hermanos, comiéndose el corazón uno a otro porque sea presidente Juan o Pedro”.

Y es que las guerras civiles, la inestabilidad política, la intolerancia, la falta de educación, la preponderancia de la mediocridad, además de las alternancias violencias en el poder, no sólo de las personas o los grupos políticos, sino también de las ideologías y concepciones económicas y sociales, ha afectado, tanto a la evolución del ordenamiento jurídico encargado de encauzar y dirigir la realidad social, política y económica, como a la producción de la ciencia jurídica.

Además ha traído consigo que el ordenamiento jurídico, se erija y se configuré como un conglomerado variable, de diversas influencias, sin pasar por el tamiz de la reflexión. A esto se añade un factor bastante común en Nicaragua como es la tendencia a reproducir las instituciones jurídicas europeas y estadounidenses, sin adaptar estos modelos a la realidad nuestra, lo que manifiesta una notable carencia de construcciones originales en sentido estricto, y se percibe un tratamiento de la materia deudor en exceso de los estudios llevados a cabo en otras latitudes

Es cierto que tanto en el siglo XIX, como en el XX, primero en la Federación Centroamericana, en donde Nicaragua era parte, surgieron personalidades del derecho, como José Francisco Barrundia, que tradujo del inglés al español el Código Penal de Livingston, que regía en el Estado norteamericano de Luisiana; Tomás Ruiz, el primer indio en Centroamérica en graduarse como doctor en derecho; Miguel Larreynaga, Joaquín Cuadra Zavala, Mariano Fiallos Gil, Rafael Ortega Aguilar, Idelfonso Palma Martínez, Mariano Fiallos Oranguren, Alejandro Montiel Argüello, Aníbal Solórzano Reñazco, Rodolfo Sandino Arguello, Roberto  Ortiz Urbina. Sin embargo, estos juristas han sido solamente excepciones, sin la continuidad que se requiere para formar discípulos y la escuela de pensamiento jurídico nicaragüense.

De ahí que la obra del doctor Iván Escobar Fornos adquiera una singular relevancia, ya que además de aportar al pensamiento jurídico con sus estudios sobre derecho registral, contrato, procesal y constitucional, ha logrado aglutinar, primero alrededor de su cátedra y luego  a través de organizaciones, como la Asociación de Derecho Constitucional, a una buena cantidad de jóvenes juristas, que de una u otra manera han bebido del manantial de su conocimiento. Y, sin la vanidad y egolatría provincial que muchos intelectuales padecen en Nicaragua, ha ayudado a construir los andamios para levantar un edificio que pueda servir para dar albergue a la construcción de un pensamiento jurídico nicaragüense.

Este libro-homenaje, el primero en la historia de nuestro país, en donde escriben importantes juristas de Argentina, Cuba, España, México, Nicaragua, Perú y Paraguay,  es, sin duda alguna, el tributo a un jurista, a un historiador, a un funcionario probo, a un académico que ha representado dignamente y sin complejos a nuestro país en foros internacionales. Pero sobre todo este libro es la distinción a un maestro que durante largos años, desde el aula universitaria, ha contribuido a formar una generación de juristas que ya comienzan a brillar con luz propia.

Karlos Navarro
Coordinador de la edición