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Al norte de Managua, en el segundo piso de las ruinas del Gran Hotel, sede del Instituto Nicaragüense de Cultura, se encuentra el taller del Maestro Róger Pérez de la Rocha. Subo y camino a través de un oscuro corredor hasta llegar a la puerta de su estudio. El Maestro me recibe con suma amabilidad. Adentro, en una esquina de frente, una biblioteca con sendos tomos sobre pintores consagrados como Rembrandt, Velázquez, Goya y Da Vinci, a mi derecha, un espléndido cuadro cuyo motivo son unos zapatos colgados sobre un tendido eléctrico, enseguida, otra pintura con la imagen doble, arriba y abajo, de unos niños acostados en la calle, luego, una pareja de proporciones escultóricas abrazadas y fundidas entre sí, además, el cuadro de una mujer desnuda, pletórica en su anchura. A propósito de esta pintura, visito al artista para entrevistarlo sobre sus retratos de mujeres desnudas, tema al que se refiere Renoir como “una de las formas indispensables del arte”. Y es que el cuerpo desnudo de una mujer es cifra finita de absoluto y su esplendor es causa de asombro y devoción, de fantasía y deseo.

En Lupita (1998), uno de los más cautivadores desnudos de Pérez de la Rocha, los destellos de alabastro de la piel de la mujer están impregnados de una reverberación de azules, rojos y tenues amarillos, aroma y calidez traducidos en tonos que emanan del cuerpo y que se expanden hacia el espacio que colma la figura de la joven. La sensualidad del cuerpo contrasta con el gesto inclinado y pudoroso del rostro de ojos cerrados, como guardando para sí sus sentimientos. En este dibujo encantador, la armonía entre la sensualidad y el recato revela el alma inocente de la joven y la mirada apasionada del pintor.

No hay testimonio más elocuente de lo que significa para el Maestro Pérez de la Rocha el desnudo de mujeres que sus intensas pinturas, sin embargo, quisimos preguntarle directamente sobre sus motivaciones para pintar este maravilloso tema.

-¿Por qué pinta mujeres desnudas?
En la historia de la cultura el desnudo femenino es un tema que siempre ha sido abordado, desde el tiempo de las cavernas, desde el tiempo de las Cuevas de Altamira, el desnudo está presente en la antigua civilización griega, en los chinos, la India, en las culturas americanas, siempre la belleza femenina, la fertilidad, la fuente de vida, el centro de la tierra, el origen, el misterio, siempre se ha pintado.

Este tema ha sido inherente en mí, como ha sido inherente a todos los pintores a través de la historia, Rembrandt, que pintó tantas veces a su mujer, Goya, Matisse, Lautrec, Lucian Freud…además, esto ha estado ligado a la vida sentimental de los artistas, a los sentimientos, a la mujer amada, me explico, a la admiración esa que va más allá de lo que a simple vista podría parecer.

En mi caso también, muchas mujeres que he amado han sido mis modelos, muchas de ellas no están en Nicaragua, o sea, ha habido en mí un sentimiento intenso de respeto o de amor en ese tipo de desnudos que yo he pintado. Y por otra parte esta es una disciplina, una rama en la pintura.

Eventualmente alguna bella me pide que la pinte pero no hago desnudos en serie sino que a veces la vida te pone a la modelo enfrente, en otras ocasiones también podés contratar a la modelo, uno tiene necesidad, quisiera hacer unos desnudos para estar en forma, para estar en práctica y contratás a la modelo, la modelo por lo general siempre es una persona afín a esto, no puede ser una modelo fría, la modelo es la que se da, es la que se entrega, ella es la que se desnuda y podría decir que la modelo pone el 90 por ciento y uno solo pone el 10 por ciento en la realización.

-¿Qué es lo que usted quiere plasmar de la mujer en sus desnudos?

Los desnudos que he pintado los he pintado por el sencillo, por el simple y grandísimo hecho de gozar la pintura, o sea pintar porque estás amando, pintar porque estás viviendo, porque también puede ser otro tipo de motivo, podría ser inclusive uno doloroso pero por lo general el motivo que me ha movido en cuanto a honrar la belleza ha sido el placer mismo de disfrutar el pintar.

-¿Qué trata de revelar de las mujeres que pinta?

Siempre trato de expresar a esas personas en toda su intensidad, en toda su interioridad en la medida de que uno capta, es como un ojo oculto que tiene uno que busca como hurgar en la intimidad, en mis modelos también, cada una tiene vida propia, tiene su historia propia, así que cada una es un acontecimiento diferente. Erika, Lupe, qué sé yo, por decirte algunos nombres, así les titulo a los cuadros aunque las modelos no se llamen así, han sido modelos que ellas lo han hecho con entrega y yo lo he hecho con mucho amor.

-¿Qué es lo singular, lo extraordinario de la belleza de una mujer desde su mirada atenta de pintor?

Bueno, es que hay algunas que son extraordinariamente enloquecedoras, ¿me entendés?, de repente te encontrás con unos cuerpos que te hacen perder la razón, y te sacuden entero, uno es un animal vibrante y sí sacuden al animal que soy, que llevo dentro, pero también soy un animal sublime porque tenemos una parte sublime y de algún modo se sublima ese sentimiento, si no te podrías convertir en un depredador sexual, pero no, lo que predomina es el sentimiento, el eros, la parte erótica, ha habido otras cosas que no son muy conocidas que también he desarrollado en tal o cual ocasión y es también el erotismo otra rama de la pintura, los japoneses, los hindúes, Picasso, el Marqués Von Bayros, un dibujante de primera, Gustav Klimt, Modigliani, han tocado el tema sensual, erótico, pero sin vulgarizar, son los vulgares quienes vulgarizan las cosas.

No solamente he gozado. A veces han sido desnudos hechos viviendo tal vez en el infierno de una separación y evocando a la Maga, a la canalla, y ha habido desnudos dolorosos con el tema de la mujer, inclusive momentos angustiosos que me tocó vivir, perseguido tras mis huellas, huyendo con Cleopatra que me secuestró en mi juventud, también llevan otra intensidad de vida.

-¿Cuál es la importancia espiritual de la belleza?

El gozo, sencillamente el amor, la grandeza y lo maravilloso que es Dios al habernos dado la capacidad de amar y de ser amados, eso simplemente es lo que ha dominado cuando he pintado este tema.

(Ulises Huete es editor de la revista ALICE)

 

Róger Pérez de la Rocha
Nació en Managua, Nicaragua, en 1949. Pintor y retratista. En 1964 ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Managua. En 1968 continuó sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, España, invitado por el Instituto de Cultura Hispánica. En 1971 ingresó al Grupo Praxis. Fue director de la Escuela Superior de Bellas Artes en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, León, en 1972. Ese mismo año recibió una Mención Especial en la Primera Bienal Centroamericana organizada por el Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA) en San José, Costa Rica. Realizó estudios de especialización en grabado sobre metal en la Academia de San Carlos, México. Fue escogido como miembro huésped en el Taller de Gráfica Popular, en México. Ha expuesto en Panamá, Cuba, Brasil, Estados Unidos, Perú, España, Francia, Bulgaria, URSS, México y Centroamérica. En 1982, ganó el primer premio de pintura, patrocinado por el Ministerio de Cultura de Nicaragua; en 1984 una Mención Especial en el Certamen Anual de la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC); en 1985 el Premio Nacional de Pintura, organizado por la ASTC, Managua. En 1990 fue distinguido con la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío, concedida por el gobierno de Nicaragua.