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Las corrientes Postmodernas, en países del tercer mundo, se adoptan con gran facilidad conceptual pero se derrumban ante una ejecución precipitada y deficiente que, cobijada bajo el término “Globalización”, es aceptada por un público generalmente desinformado que desconoce “lo ya hecho”, asimilado y superado décadas atrás en las principales Metrópolis Culturales del mundo y que obedecen a circunstancias y motivaciones particulares, muy diferentes a las nuestras

La obra pictórica de Claudia Fuentes de Lacayo ha sido comentada, analizada y valorizada por reconocidos historiadores y críticos de arte nicaragüense.

Después de varios años de estudio de técnicas tradicionales y no convencionales bajo la dirección del artista y teatrista Alberto Ycaza y el grabador y pintor Leonel Cerrato, Claudia efectúa su primera exposición colectiva en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Managua, en 1971.

En 1972, también en Bellas Artes, al lado de sus amigas y cómplices en arte: Ilse Ortiz de Manzanares y Rosario Ortiz de Chamorro, presentan sus respectivas exhibiciones personales en las que ya se anuncia el derrotero que habría de caracterizarlas.

Incursiona en un breve periodo de búsqueda temática: paisaje rural y urbano, vegetación tropical y áridas montañas, personas, objetos, etc., siempre con un denominador común de objetividad sobría y sencilla, sin alardes colorísticos ni extravagantes distorsiones.

Son de recordar sus inusuales temas de objetos como tornillos y escuadras de carpintería sobre rústicos planos geométricos y texturales o el áspero cubículo en que un cable de conexión eléctrica erguido parece mirar con fascinación el enchufe en el que inevitablemente terminará conectado. La primera versión de la “torre del reloj de Diriamba” (tema recurrente): la torre sin reloj (un circulo vacío en el muro) y el reloj a un lado, suspendido de una cuerda entre los techos de teja de la ciudad, marcando enigmáticamente la 6:15 p.m, autentica versión nicaragüense que se emparenta al mejor surrealismo internacional (de Chirico, Magritte).

Esta breve incursión de Claudia de un mundo matérico y misterioso pudo haber significado para ella la apertura de un estilo más libre, por sugestivo, pero prefirió aferrarse a descifrar, con una obstinación humilde y austera rayana en religiosidad, los misterios de la tierra y de la raza. En estos objetos de cerámica indígena que tanto queremos los nicaragüenses y nos enorgullece coleccionar y exhibir en nuestros hogares como símbolos de la más alta creatividad y belleza inherentes a nuestros antepasados.

Claudia fuera del corto periodo experimental ya mencionado ha evitado rompimientos estéticos violentos tanto en ejecución como temática.

Después de compenetrarse obstinadamente ante las posibilidades estéticas de la cerámica nicaragüense (vasijas, braceros, incenciarios, ollas, ollas funerarias, urnas, comales, tinajas, platos, etc.) presentándolas de diferentes maneras y contextos (solas, agrupadas, enteras, quebradas, fraccionadas, contrapuestas, cóncavas y convexas, en el suelo, en mesas, en nichos, entre rejas, flotando, en cúmulos, etc. Introduciendo luego, elementos arquitectónicos (muros, tótems, estelas, etc.).

Son dignas de mencionar como obras cimeras en estas décadas (80, 90, 2005): “Cúmulos III”, 1989. 48 x 31 pulg,: elegante despliegue de tinajas de colorido fuerte y sutil, moviéndose, ascendiendo y girando en el espacio sobre una luminosa mesa y fondo. “Agrupación de vasijas y comales”, 1.20 x 150 cms. 1977, exhibida en Galería Centro de San José Costa Rica: conjunto de vasijas y comales enteros y quebrados como expuestos ante un anaranjado atardecer. “Díptico de cerámicas”, 050 x 040 mts. Y “Cóncavo y Convexo”, 100 x 080 m. del 2005. Admirables pinturas de pequeñas cerámicas flotantes (la primera) y grandes tinajas quebradas entre rejas (la segunda). Todas ellas en sobrio y luminosos colores tierra.

La actual exhibición de Claudia Lacayo en Galería Códice tiene la novedad de presentar en pequeños formatos y elegante presentación, detalles de ornamentos desprendidos de su intensión inicial (comunicativa, simbólica y decorativa) adquiriendo en sus mejores logros, una presencia emergente luminosa contra apacibles fondos colorísticos (8, 9 y 11) o atmosferas más oscuras de contraste y dramatismo (pintura 2, 3, 4 y 5). La evolución a este último periodo de Claudia se efectúa de forma gradual al ondear la cinta decorativa de signos y símbolos, como serpiente mágica frente a diferentes vasijas de cerámica desnudas, atravesar muros, nichos y barrotes hasta quedar solas, entrecruzándose, danzando entre ellas en un exhibicionismo lúdico y enigmático.

Este nuevo reto de Claudia, al liberar los signos y símbolos de sus superficies habituales, presagia brillantes e insólitas soluciones.

Managua, 02 de septiembre de 2011