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Una prosa fluida, esmerada, limpia, transparente, seductora, revela y expone las tramas luminosas y oscuras de “Clarividencias”, (CNE, Managua, 2010) de Mario Urtecho (Diriamba, 1954). Si bien la escritura diáfana en estos relatos de Urtecho es parte de un logro arduamente conquistado, no debemos caer en la trampa Güegüense que nos tiende y despachar esta obra como una más del ingenio nicaragüense.
Ese ingenio capaz de pintar con fuerte y rápido trazo grueso, los paisajes humano, social y natural de nuestra Nicaragua, con el fin de  sacarnos una sonrisa o la estentórea carcajada. Como buen hijo del Güegüense, Mario Urtecho en su prosa tiene algo de eso y más. Así que no me voy a embrocar comprándole esas telas –dizque traídas del Soconusco- sin verles las tramas semánticas de sus texturas.
¿Qué trae esa prosa cristalina que nos imanta, capta nuestra atención y nos seduce a continuar la lectura de “Clarividencias” de Mario Urtecho, hasta el final de las 155 páginas que las componen? El escritor Urtecho nos entrega la recuperación efectiva de un mundo complejo, un entramado de muchos hilos que cruzan diversos elementos y que como toda red arroja luces y sombras.
Si hay claridad es porque existe la oscuridad y si hay videncia es porque existe la ceguera. Aún más cuando la sociedad relatada, el espacio y el tiempo recreados, tratan de un lugar mítico, mágico, metafísico, trascendente, histórico, concreto, cotidiano, banal y vulgar como es Nicaragua. Un lugar del mundo que goza muy especialmente de todas las complejidades que se pueden cruzar en un tiempo y un espacio llamado Nicaragua. Un país donde el plomo flota y el tuerto es rey.
Si de complejidades sinestésicas (mezcla de sentidos) hablamos, por ejemplo en Remembranzas (p. 63), el narrador, después de haber descrito desde una perspectiva muy íntima tres sentidos de su existencia (el ojo, lo visual; el oído-lo auditivo y musical; el olfato-los aromas), llega un párrafo síntesis donde  agrega el tacto, lo táctil, para despejarnos los misterios de la sensualidad descrita en los tres párrafos precedentes y la sensualidad compleja de la existencia:
“A veces me veo desplegando planos de antiguas ciudades, a las que me asomo y recorro sus calles y avenidas, visito sus parques, descanso en sus bancas, bajo árboles centenarios y frondosos, con el gorjeo de miles de pájaros que hace añales se marcharon. Incluso, me he percatado abriendo viejos álbumes de fotografías, en las que la gente quedó atrapada en un tiempo indefinido, y con ellas termino conversaciones inconclusas y secretos inconfesos. A veces pienso que, quizás, me sumerjo en las lagunas de la vida a pescar caricias y recuerdos sólo para sobreponerme a las incomodidades de la húmeda soledad de mi ataúd…”
Esto me recuerda a Rulfo… ¿Qué habrá encontrado Urtecho en Comala o en Zapotlán el Grande?
La escritura urtechiana de “Clarividencias”, participa de la perspectiva y el estilo de ese magnífico y trascendental mundo creado por el mexicano Juan Rulfo en Pedro Páramo y en los magistrales cuentos de El llano en llamas. Mi comparación no peca de hiperbólica en cuanto al mundo creado por los autores. Pero debo establecer las diferencias en cuanto a las productividades a nivel de fenotexto (la parte evidente del texto, o sea, lo que leen nuestros ojos o escuchan nuestros oídos).
La trama de Rulfo es un tejido de sombras, desamores, fantasmas, arideces, angustias, odios, muerte. etc. La trama textual de Rulfo es absolutamente perfecta, tan perfecta que aún este mundo queda sepultado en su prosa magistral y no se le ven las costuras. De ahí que consideremos los relatos de Rulfo como pertenecientes a un nivel mítico a los que han accedido por la perfección de su escritura.
Mario Urtecho en cambio es un escritor de su tiempo histórico, un buen testigo de lo que ha vivido, escuchado, construido, imaginado y pre-visto de un espacio/tiempo complejo, como el nicaragüense. A esta complejidad no le es ajena lo mítico, pero el narrador quiere dar cuenta de la anécdota, de lo histórico, inclusive entregar una versión de partes de la historia de nuestros mitemas (los formantes de los mitos). Para ello llega inclusive a historiar a un Ícaro Nica en el relato del mismo nombre.
También Urtecho recorre a veces un camino inverso. Como cuando invoca ritual y propiciatoriamente en una especie de plegaria al mito mesoamericano del dios Quetzalcóatl (en el relato del mismo nombre), para que intervenga en la historia y resuelva las contradicciones propias de América Latina versus USA/Europa/China etc. Contradicción que contiene y revela los ejes pavorosos de la existencia de dominados-dominadores, explotados-explotadores, periferia-centro, colonia-imperio.
En este eje de sentido de la trama textual, conformada por los elementos, mito/historia también Urtecho, logra la creación de un proto-mito en su relato largo Lejos del crepúsculo. Relato que esta precedido de un epígrafe que capta la negación del tiempo y el desafío existencia del ser, como es el famoso verso de  Alfonso Cortes –poeta metafísico por excelencia- y que a la letra reza: “Tiempo, dónde estamos tú y yo, yo que vivo en ti y tú que no existes.”
También este relato largo contiene toda la fuerza y la potencia escritural de una novela. Ahí  en Lejos del crepúsculo, como en otros relatos de Urtecho, percibimos que perfectamente el arroyo cristalino de sus “Clarividencias” puede desbordar en un mar de anécdotas e historias llamado novela. Por supuesto siempre que nuestro autor se siente y se disponga a esa tarea, a la que me lo imagino abocado.
La estructura de presentación de “Clarividencias” es acertada. El libro se divide dos partes: la Parte I, titulada Cuentos Brevísimos y que incluye 20 relatos del tenor enunciado y que nuestro autor agrupa en conjuntos de textos titulados Gente corriente, Sensualidades, Remembranzas y Política; y la Parte II, bajo el título Cuentos Breves, y que contiene 10 relatos.
La filiación contemporánea de Urtecho –habitante del postmoderno- está perfectamente plasmada en los ejes de sentido que se unen en las estructuras profundas de esta obra. Sin hacer un exhaustivo inventario en “Clarividencias”, enumero alguno de los ejes de sentido que someramente he encontrado. Por supuesto que hay más. En esta obra aparecen las siguientes tramas: 1. Trama la cultura popular y la cultura de élite. 2. Trama de vida cotidiana y noticia de medio. 3. Trama de ethos-costumbres y transformación. 4. Trama de la brujería y la fe cristiana/ciencia. 5. Trama del erotismo y la represión del cuerpo. 6. Trama de la Mitología y música popular. 7. Trama  texto y magia textual: Diatriba p.31. 8. Trama de Mito e historia. 9. Trama  de orfandad y muerte. 10. Trama de Metafísica y trascendencia. 11. Trama de Amor y Desamor. 12. Trama de texto e intertextos.
Pero Ustedes no quieren aburrirse con mis disquisiciones de crítico literario y seguramente como buenos güegüenses estarán diciendo: los críticos sólo sirven para enredar más las cosas. Y con justa razón dirán: nada de eso profesor, “Clarividencias” de Mario Urtecho está más claro que el ojo del piche...
Y así es, pero esa claridad y esa videncia se logran con el magisterio alcanzado por  este contador de cuentos que ha logrado recrear la belleza de nuestro solar con raíces profundas en lo mítico, lo histórico, lo epistémico y lo metafísico. Una escritura para nada aburrida que logra con sensualidad y regocijo contar nuestro pequeño universo.

Xiloltepelt, 30 de Marzo 2011.