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HORIZONTE PERDIDO

Juguetea el pájaro
con la brisa del amanecer
y, al salir el sol del este,
se despereza el adicto
de la pesada carga
de la postración.
Con ojos somnolientos posan la mirada
con la esperanza del que viene del infierno
en el bosque mojado
por la lluvia invernal.

Tierra de promisión,
de árboles frutales,
de frondas,
de rica madera,
de hortalizas,
de flores y colores
la misericordia de Dios.

Con calor vivificante,
siembran plantas,
siembran árboles
con manos temblorosas,
herencia de la maldita
adicción.

Abatidos por la angustia,
hombres y mujeres,
curtidos por la violencia
de las calles,
se volvieron tercos
por las ofensas recibidas.
Si arduo trabajo es remover la tierra,
más son los sentimientos
que con dolor se purifican,
buscando con desesperación
una salida,
para encontrar de entre los escombros,
deseos y esperanzas
mutiladas por la droga.
Aporcada con esmero,
las plantas darán el fruto añorado,
y mañana...
recogidos con el agradecimiento
del que cansado,
llega de un penoso y largo viaje,
y... atrás,
las alucinaciones
que hacen de un drogadicto,
un grosero y despreciable demente.
¡Tierra prometida!
que devolverá el aliento
a seres demolidos por la adversidad.

¿Para cuántos?
Cara significa
!el horizonte perdido!
y hay, quienes no se acercan,
hasta que apestan
y ¡qué importa!
de donde llegan
si son parias sin nombre ni referencia
en los sitios promiscuos,
malolientes,
donde ronda la muerte,
y el adicto,
se pudre en cuerpo y alma,
olvidado por la sociedad
que lo engendró.

COSECHA DEL SILENCIO


Dime,
¿cuáles son tus derechos?
¿dónde comienzan los míos?
pues bien,
no pronuncies palabras.

Pasó el tiempo de soñar
y, tú,
aunque imaginas que eres,
no significas nada,
nunca osaste hablar,
ahora,
recoge de la siembra
la cosecha del silencio
que te condena.

¿De qué derechos hablas?