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A las puertas de los 60 años, mira hacia atrás y seguro se define como un aeda que tempranamente encontró su propia voz gracias a que tuvo la fortuna de que las musas no lo abandonaran y lo ayudaran a descubrir muchos secretos de la poesía.

Con una obra centrada en tres ejes que podríamos definir como la búsqueda del lenguaje poético, crítica al poder y mucha metapoesía, Anastasio Lovo ha calado en los círculos literarios del país.

Tras varias obras publicadas, reconoce que no es fácil mirarse al espejo y decir soy poeta, pues según él para ello se requiere un poco de valor, sobre todo en un país en el que los referentes son grandes, entre ellos Rubén Darío, Joaquín Pasos, Alfonso Cortés y Carlos Martínez Rivas.

A pesar de que ha escrito una novela, cuentos, poesía y ensayos sobre cultura, se define como un hombre para quien no existe la división entre géneros literarios sino que para él la escritura es un fenómeno en sí, sin divisiones de ningún tipo.

Este jueves, Lovo protagonizó el capítulo de El autor y su obra correspondiente al mes de septiembre. En las Instalaciones del Instituto de Cultura Hispánica realizó lo que definió como un contrapunto entre su obra y cómo se fue forjando como escritor nicaragüense. Así que habló de circunstancias particulares de su vida, como su nacimiento en Bluefields, su crianza en Chontales y sus estudios en Chile.

Una de sus grandes marcas es la metapoesía, que cultiva a la perfección gracias a la fascinación que el lenguaje despierta en él, que se define como un panlingüista.

Lo más difícil como escritor o sea el desafío mayúsculo que dice haber tenido fue escribir la novela La mujer que olvidó el amor, porque no es fiction novel, sino que aunque llega al realismo mágico los eventos narrados son muy cercanos a la realidad.

Reconoce que como escritor tiene una dificultad particular: se le es más fácil imaginar que contar un acontecimiento real, “para mí es más fácil imaginarme algo y escribir sobre ese hecho totalmente ficticio, creando un universo propio, que escribir sobre la realidad, sobre lo que pasó”.

Por otro lado, entre risas, dijo que es un escritor bastante impúdico y poco caballeroso porque cuenta lo que hace, así que sin miedo construye textos de índole sexual y erótica.

Su poesía dista de la corriente contemporánea que hala hacia la mucha economía del lenguaje, ya que su estilo se inspira en el Barroco y en el Neobarroco, cualidad que sitúa producto de que fue un lector temprano. Sin olvidar, su atracción por la imagen y la palabra gratuita, fenómeno que llama pirotecnia verbal.

“Somos herederos de Rubén Darío y de Góngora, y lo que ellos nos legaron es una gran orquesta, así que el que quiere sonar poco que suene poco pero el que pueda hacer sonar la orquesta mucho, que lo haga”, afirmó en cuanto a su derroche de imágenes.

Una huella particular de su obra es que usa un lenguaje no convencional, lo que puede constituir una barrera entre él y el lector. A esto dijo que puede ser  una dificultad,  pero que también debemos ver que en la vida cotidiana nos manejamos con 40 ó 50 vocablos y con una lengua tan rica como el español es casi un pecado ser tan pobres de léxico, por lo que mediante su poesía el lector que no es tan avezado va aprendiendo nuevos términos.

Crítica al poder

Aunque esté en un lenguaje distante de lo convencional, su poesía también se mezcla con la realidad política y enfrenta este poder con el poder de la poesía, que esboza como más trascendental.

“Nadie recuerda quién era el tirano en la época de Homero, pero sí recuerda a Homero, o quién era el emperador en la época de Virgilio pero sí a Virgilio, pocos saben que Zelaya era presidente en la época de Darío (y una parte de los Conservadores), pero Darío trasciende”, ilustró.

Asimismo, dijo que el poder de la palabra es más fuerte que el de la política, aunque esta última siempre le haga morder el leño a los poetas y los obligue muchas veces a hacerle concesiones para evitar vivir limitados.

Concluimos la breve conversación con el poeta Lovo hablando sobre cómo en la historia el enfrentamiento del poder de la palabra con el de la política ha sido bastante cruel, y en este campo no podíamos dejar de mencionar que él es el vivo reflejo de ello, ya que esa pugna lo ha obligado a ser un poeta no publicado en Nicaragua, por lo que sus ediciones son en España y en México.

EL AUTOR
Anastasio Lovo se especializó en Literatura Hispanoamericana y Semiótica en la Universidad Sede Oriente Universidad de Chile. Hizo semestres adicionales en la Facultad de  Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (1974), y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Mayor de San Marcos, Lima,  Perú (1975). En 1973 recibió Mención del Premio Internacional de Poesía Apollinaire, Palma de Mallorca, España. Fue seleccionado junto a otros jóvenes poetas  antologados por este galardón, como Víctor García Robles, Alejandro Vignati, Oscar Corbacho, Roberto Díaz, y José Costero, siendo publicados por la editorial  Vosgos. Fue miembro por Concurso Nacional del Taller de Poesía de la  Universidad Católica de Chile, impartido por el poeta, novelista y dramaturgo Enrique Lihn.